Inspiración

El caricaturista que encontró el sentido de la vida y se alejó del 'éxito'

Después de años de trabajo el caricaturista Bill Watterson logró cautivar al mundo con la historieta de un niño y su tigre de peluche. Una década después, en lo más alto de su carrera, tomó la decisión de retirarse junto con sus personajes. En el camino dejó un discurso inspirador en el que pareciera advertir sus motivos. Esto es lo que podemos aprender del creador de Calvin & Hobbes.
El caricaturista que encontró el sentido de la vida y se alejó del 'éxito'
Crédito: Bill Watterson
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De Bill Watterson existen solo un par de fotografías. En la más famosa de ellas el hombre mira a la cámara sonriente, vestido con un suéter a rayas, mientras trabaja en un restirador en el que se alcanzan a reconocer los trazos de Calvin & Hobbes.

La imagen es en blanco y negro, otorgándole un aura de misterio al dibujante que se retiró en 1995 luego de haber cautivado al mundo durante toda una década dibujando las aventuras de un niño de seis años y de su tigre de peluche.

Watterson tenía solo 39 años y ya había logrado colocar su tira cómica en más de 2,500 periódicos alrededor del mundo, publicar 17 libros y vender más de 30 millones de copias. El hombre era una leyenda en el mundo editorial y se le comparaba con los caricaturistas más grandes de la historia, incluyendo al creador de Peanuts, Charles Schulz.

Un buen día después de meses de pugna con el sindicato debido a diferencias de opinión en torno al merchandising y desdoblamiento hacia otros medios de sus personajes, y al espacio cada vez más reducido que los periódicos le daban para publicar, Watterson anunció su retiro a través de un breve mensaje para sus editores: “Mis intereses han cambiado, y creo que he hecho lo que puedo hacer dentro de las limitaciones de las entregas diarias y los pequeños espacios… Dibujar esta tira cómica ha sido un privilegio y un placer, y les agradezco por darme la oportunidad”.

Después de eso Bill Watterson simplemente desapareció.

Imaginando historietas

El éxito no fue inmediato. Llegar a la idea de Calvin & Hobbes fue un proceso de muchos años. Cuando Watterson ingresó al Kenyon College, en Gambier Ohio, para estudiar Ciencias Políticas, ya tenía la idea de convertirse en caricaturista político. Luego de trabajar para el periódico de la universidad, el Cincinnati Post lo puso a prueba. Su desempeño no sorprendió a nadie y a los pocos meses perdió el empleo y se vio obligado a regresar a casa de sus padres en donde retomó su verdadera pasión: dibujar historietas.

Convencido de su talento, Watterson comenzó a desarrollar diversos conceptos que enviaba a la redacción de los periódicos esperando que alguno mostrara interés por su trabajo. Pero lo que recibía eran cartas de rechazo en las que le agradecían el gesto, haciéndole saber que no estaban interesados en publicarlo.

Ante la presión económica y social, el joven aceptó un empleo en una agencia de publicidad en la que tenía que dibujar anuncios para distribuidoras de autos y supermercados. Odiaba su trabajo. Cada instante de él. Los años ahí fueron oscuros, pero le sirvieron para entender algo: valoraba más el moverse en un ambiente en donde pudiera crear un trabajo significativo, que tener un empleo con un sueldo seguro. Confiando en su intuición Watterson lo siguió intentando. Desarrolló conceptos y tocó cuántas puertas pudo durante cinco años.

Hasta que sucedió.

La idea del pequeño Calvin, ese niño de seis años ocurrente, analítico y profundo, cuyo mejor amigo es un tigre de peluche llamado Hobbes, cautivó al Universal Press Syndicate, un sindicato de prensa independiente que distribuía sus contenidos a miles de periódicos. El sindicato le compró Calvin & Hobbes y a los 27 años Watterson se encontró publicando su tira cómica ante una audiencia de miles de personas de todo el mundo que cayó rendida ante su creación. En 1986 Watterson se convirtió en el dibujante más joven en recibir el Premio Reuben al Caricaturista del año.

Y entonces comenzaron las presiones.

El sindicato veía en Calvin & Hobbes una gran oportunidad para desdoblar a los personajes hacia otros medios y plataformas: películas, programas de televisión, playeras, peluches y juguetes. Watterson, sin embargo, consideraba eso como un riesgo y sentía que acceder lo arrojaría de nuevo a un ambiente en el que la creación pasaba a un segundo término y era opacada por las voraces estrategias de la mercadotecnia.

Al mismo tiempo que creaba su historieta, el caricaturista tenía que negarse constantemente a los millonarios tratos que le ponían sobre la mesa. Se dice que incluso rechazó una llamada de Steven Spielberg…

Además, Watterson luchaba cada día contra otra amenaza para su creatividad y la libertad de sus personajes: el espacio que los periódicos dedicaban a las historietas era cada vez menor.

Cansado de las batallas y tal vez en el mejor momento de su carrera (y en la vida de Calvin & Hobbes), Bill Watterson tomó la decisión de retirarse.

En su última viñeta Calvin y Hobbes amanecen en un paisaje cubierto de nieve. Felices ante el suceso comentan que el mundo se ve como nuevo. Todas las huellas han desaparecido. Es como una hoja en blanco, un nuevo comienzo, un lugar lleno de posibilidades. Un mundo mágico. Y con la sonrisa que solo puede existir en el rostro de un niño de seis años, se lanzan juntos en su trineo con un solo objetivo: explorarlo.

Las lecciones de Bill y el mejor discurso de la historia

Bajo las leyes que nos rigen la decisión de Watterson pudiera parecer un suicidio. Porque estamos entrenados para buscar siempre la fortuna económica. Así fuimos educados y aunque no lo queramos, la cantidad de dinero que seamos capaces de generar pareciera determinar lo exitosos que somos (al menos a ojos de los demás).

Watterson no solo renunció a la posibilidad de hacer más dinero con su creación, sino que a la creación en sí misma. Para entender su decisión (¡y aprender de ella!) es necesario revisar el discurso que dio en su alma mater –Kenyon College– el 20 de mayo de 1990, cinco años antes de dejar de publicar Calvin & Hobbes. Considerado por muchos como el mejor discurso de graduación de la historia, el texto contiene poderosas frases capaces de inspirar a quien quiera aventurarse a encontrar una mejor versión de sí mismo.

Estas son algunas de sus frases principales.

Una metáfora para buena parte de la vida es no saber a dónde vas ni qué estás haciendo”.
Watterson lo verbaliza bien: durante gran parte de la vida es una extraña inercia la que parece movernos. Avanzamos de un día al otro, de proyecto en proyecto, casi sin quererlo y sin percatarnos de que esto no tiene por qué ser así. Podemos definir un rumbo, fijar una meta y avanzar hacia ella, aunque esta parezca imposible de alcanzar.

“Es sorprendente lo duro que trabajamos cuando lo que hacemos es para nosotros mismos”.
El caricaturista recuerda los cinco años que pasó creando nuevos conceptos y tocando puertas buscando a alguien que creyera en ellos. Las horas de trabajo se acumulaban, pero a diferencia de lo que sucedía con el empleo que alucinaba, Watterson lo disfrutaba. ¿La lección? Cuando haces algo que te apasiona el trabajo y la vida se vuelven más fáciles. Y jamás hay que subestimar el poder que esto tiene.  

“He descubierto que la única manera que puedo seguir escribiendo cada día, año tras año, es dejando que mi mente divague hacia nuevos territorios”.
Juega. Es la recomendación del dibujante. Escribir una tira cómica de manera ininterrumpida durante una década requiere de una fuente inagotable de ideas. ¿De dónde salían esas ideas? Del juego, de la curiosidad, de atreverse a explorar nuevos territorios, aunque puedan parecer absurdos. De pensar más como niños y menos como adultos. En el trabajo solemos caer en la rutina, en la repetición de un patrón que se repite día con día, semana a semana. Watterson recomienda que nos atrevamos a explorar territorios que rebasen nuestras propias fronteras. Es ahí en donde podría estar esperándonos esa nueva idea…

“Es posible que te sorprendas al ver la rapidez con la que comienzas a ver tu vida en términos de las expectativas de los demás”.
El consejo es para los recién graduados, pero aplica para todos nosotros, sin importar la edad que tengamos. Porque solemos vivir en función de las expectativas de los otros. Familiares. Jefes. Colegas. Socios. Editores. Sus voces resuenan demasiado fuerte en nuestras cabezas. Al grado de sepultar ideas, proyectos, novelas, historietas. O a nosotros mismos.

“Inventar el sentido de tu propia vida no es fácil, pero aun así está permitido hacerlo, y creo que te sentirás más contento con los problemas que esto te pueda llegar a provocar”.
El mensaje central de Bill Watterson es que el camino no es fácil. Encontrar nuestro propio rumbo será doloroso. Habrá días de duda y noches de poco sueño. Cartas de rechazo y puertas cerradas. Y cuando encuentres el camino, como él lo hizo con Calvin & Hobbes, descubrirás que tarde o temprano te tendrás que seguir moviendo. Por tu propio bien. Porque a veces el verdadero sentido y la razón de ser se encuentran en el camino. Ese que es solo tuyo y que tal vez los demás jamás lleguen a comprender.

El que se dibuja cubierto de nieve recién caída, sin huella alguna y lleno de posibilidades para aquel que, como un pequeño de seis años armado con un tigre de peluche y el poder de su imaginación, se atreva a explorarlo convencido de que el camino es su destino…

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