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Vida emprendedora

Por qué emprender es desafiar al algoritmo

En la era de los procesos automatizados y la inteligencia artificial, vale la pena detenerse un momento para pensar cómo afectan los algoritmos nuestra realidad laboral. ¿Qué ganamos, qué perdemos y por qué habría que desafiarlos?
Por qué emprender es desafiar al algoritmo
Crédito: Depositphotos.com
6 min read
Las opiniones expresadas por los colaboradores de Entrepreneur son personales.

Cada vez con mayor frecuencia son los algoritmos los que deciden qué es lo que sucede en nuestra vida. Esos grupos de operaciones organizadas de manera lógica y ordenada, creados para resolver problemas determinados, se han infiltrado como seres silentes e invisibles en los dispositivos que usamos, las series que vemos, la música que escuchamos, los autos que manejamos y las decisiones que tomamos.

Cuando realizamos una búsqueda en internet, son ellos quienes determinan qué encontraremos. Basándose en una serie de complejos criterios los algoritmos, fríos y precisos, eligen qué resultados mostrar. Y aunque sigue siendo un proceso al mismo tiempo fascinante y escalofriante (lo sabrá quien haya intentado posicionar uno de sus contenidos en los primeros resultados de búsqueda) pareciera que nos hemos acostumbrado a él al grado que en nuestras conversaciones aparece con frecuencia el verbo googlear

El de los motores de búsqueda es un algoritmo habitual que ha caído ya en el plano de lo cotidiano. Hay otros que suceden sin que siquiera lo sepamos, pero que tienen un impacto enorme en lo que hacemos, en lo que decidimos, en lo que consumimos.

Hace un par de días un buen amigo me hablaba, impactado, del algoritmo que Netflix utiliza para crear sus series y películas. Analizando la data que posee del hábito de consumo de millones de usuarios, la plataforma de video bajo demanda retroalimenta constantemente a sus guionistas y escritores para que en sus producciones sucedan ciertas cosas en momentos determinados. Aunque esto no es nuevo (los escritores de telenovelas saben desde siempre que cada capítulo debería terminar con una enorme tensión que obligue al espectador a regresar) la tecnología ha permitido amplificarlo. ¿El resultado? Cientos de series y películas hechas con el mismo molde y a los que la audiencia reacciona, normalmente, justo como se esperaba.

Las recomendaciones que la plataforma nos da también se basan en algoritmos que predicen con enorme eficacia qué película o serie nos va a enganchar, logrando que noche tras noche regresemos a la pantalla para seguirla viendo.

Con Spotify sucede lo mismo. Nuestros hábitos musicales terminan por convertirse en espirales que nos llevan a descubrir nueva música, pero siempre delimitada por nuestros hábitos previos. Y aunque esto parece grandioso, también implica un riesgo: nuestro consumo queda definido por nosotros mismos, erradicando para siempre la posibilidad de descubrir artistas y canciones de otros géneros, de otros mundos, de otros tiempos.

Los algoritmos tienen también un impacto real en el mundo laboral y en lo que las empresas esperan de sus empleados. Cada vez hay más data sobre lo que hacemos o dejamos de hacer, sobre la hora a la que llegamos y la hora a la que nos vamos, sobre nuestra habilidad para resolver o enredar conflictos, sobre el día a día en nuestras estaciones de trabajo.

Los procesos de selección de personal en las grandes empresas son cada vez más sofisticados. Ante la impresionante cantidad de solicitudes que reciben, las compañías empiezan a apoyarse en procesos de selección automatizados. Son los algoritmos los que revisan cientos de miles de solicitudes y currículums buscando combinaciones de términos y palabras clave previamente definidas para cada puesto, con la finalidad de filtrar y recomendar solo un porcentaje de ellos a los reclutadores. En algunos casos, las primeras entrevistas son remotas y realizadas por video. En ellas el candidato no habla con una persona, sino que con una máquina. La cámara registra y analiza movimientos, entonaciones y reacciones para determinar si el candidato cumple con el perfil deseado. De nuevo es un algoritmo el que define si pasará la prueba. Solo unos cuantos tendrán la oportunidad de entrevistarse con un ser humano. ¿Quiénes? Aquellos que cumplan con una expectativa predeterminada, los que encajen con un molde que podría estar definido no solo por el nivel de estudio y las competencias, sino que por gestos, entonaciones, palabras y gustos. Un filtro impecable, similar al que nos ayuda a elegir qué película ver, nos asesora decidir a quién emplear. Y aunque pudiera parecer ficción, ya existe en el mercado software como Hire Vue y RIVS que automatiza un proceso que durante años fue tradicionalmente humano.

El riesgo es que, cegados por el apoyo en la tecnología, terminemos por perder nuestra individualidad. La comodidad que brinda el seguir el consejo de un algoritmo para decidir qué ver, qué escuchar y a quién contratar, amenaza con erosionar personalidades y presionar a los estudiantes, a los recién egresados y los empleados que pretenden mantenerse vigentes en el mundo laboral, a convertirse en fórmulas que buscan cumplir con la expectativa de un robot. Como series de televisión prefabricadas, corremos el riesgo de ir por el mundo ofreciendo todos lo mismo y queriendo convencer a las máquinas de que nosotros, nuestras palabras clave y nuestra meta descripción, son las indicadas.

Hasta que nos demos cuenta de que existe otra opción: romper con el molde de lo preestablecido, desafiar lo que dicen los algoritmos, inventar tu propio destino convencido de que te bastas tú mismo.

Para decidir qué ver, qué escuchar, qué soñar.

Para explorar y entender que hay diversos caminos que nos pueden llevar a convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos. Emprender es uno de ellos e implica desafiar lo que seguramente recomendaría uno de esos algoritmos que comienzan a dominar al mundo yéndose siempre por lo seguro. Emprender es creer, es desafiar, es crear.

Emprender es despertar.  

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