La lección del director de 'Sexto sentido' y 'Glass' para resurgir cuando ya nadie cree en ti

¿Qué pasa cuando el éxito se convierte en una carga y no un impulso?
La lección del director de 'Sexto sentido' y 'Glass' para resurgir cuando ya nadie cree en ti
Crédito: Depositphotos.com
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Hay veces en las que el éxito llega de maneras inesperadas, resultado más de factores fortuitos que de un plan perfectamente esquematizado para alcanzar una meta. El problema de un éxito que llega así es que puede convertirse en una carga y no en un aliciente, dada la dificultad de levantar un nuevo proyecto que cumpla con las expectativas de quienes quedaron fascinados con el anterior resultado.

Eso fue exactamente lo que le ocurrió a M. Night Shyamalan, director estadunidense de origen indio que comenzó su carrera con pequeños dramas independientes, y que de pronto dio un salto que lo llevó a las grandes ligas de Hollywood.

Shyamalan hizo su primera película, Praying with Anger (1992), cuando aún era estudiante de la Universidad de Nueva York. Pidió dinero a sus padres y amigos, y escribió, dirigió y estelarizó este pequeñísimo proyecto de corte autobiográfico.

Su segunda cinta, Wide Awake (1998), fue una discreta comedia dramática que le sirvió para explorar temas que luego se volverían su sello distintivo, como los protagonistas que desafían su realidad y que buscan respuestas a sus dudas existenciales.

Poco imaginaría Shyamalan que su tercera cinta se convertiría no solo en la segunda película más taquillera de 1999 (se quedó detrás de Star Wars Episodio I: La amenaza fantasma), sino también en un hito cultural y en un referente pop que hasta este día las generaciones jóvenes mantienen vigente.

El sexto sentido revitalizó el cine de horror sobrenatural, se ganó el aplauso de crítica y público, se colocó en temporada de premiaciones (recibió seis nominaciones a los Premios de la Academia) y nos regaló una vuelta de tuerca que se instaló para siempre en el imaginario colectivo.

Claramente Shyamalan, quien tenía 29 años al momento de estrenar el filme, no estaba preparado para un éxito de ese tamaño. ¿Cómo habría de igualarlo o superarlo?

El cineasta regresó en 2000 con El protegido, una fascinante deconstrucción del mito del superhéroe que, aun con el estatus de culto que eventualmente alcanzó, se quedó lejos de la respuesta que recibió El sexto sentido.

Luego en 2002 y 2004 estrenó Señales y La aldea, respectivamente, y los problemas comenzaron a ser notorios.

Pero con cintas como La dama en el agua (2006), El fin de los tiempos (2008), El último maestro del aire (2010) y Después de la Tierra (2013), Shyamalan terminó convertido en una pésima parodia de sí mismo, en un mal chiste, y se ganó su lugar en varios rankings de peores directores de la historia.

¿Qué fue de aquel cineasta que cambió las reglas del juego con una película sobre fantasmas y un niño que puede verlos?

Justo cuando ya nadie creía en él, Shyamalan regresó en 2015 con Los huéspedes, un modesto filme “found footage” que lo vio abrazando una vez más el horror y del que muchos especialistas apuntaron, era un retorno en forma.

Pero el verdadero regreso triunfal llegaría en 2016 con Fragmentado, inquietante thriller psicológico que le sirvió al cineasta para explorar el trastorno de identidad disociativo y para expandir el universo que había propuesto 16 años atrás con El protegido.

Imagen: Universal Studios vía Cine PREMIERE

Fragmentado fue un éxito rotundo y le devolvió toda la credibilidad perdida a Shyamalan.

El modo en que el director resurgió desde una posición desfavorable debe ser vista como un ejemplo de madurez profesional, perseverancia y constancia.

Queda claro que Shyamalan no estaba listo para el éxito de El sexto sentido, pues en su afán de proponer algo a la altura, cayó en un posición de egolatría y autoindulgencia, que puede resumirse en haberse creído aquello de que era el nuevo Alfred Hitchcock (comentario que se popularizó tras el estreno de la película).

Tras la ola de fracasos consecutivos, Shyamalan cayó en cuenta de que nunca hay que creerse de más los elogios de otros; cada quien conoce sus habilidades y capacidades, y si los comentarios que recibimos pasan de lo festivo a lo exagerado, queda en nosotros identificarlos y dejarlos pasar para no tomar decisiones equivocadas.

Cuando todo estaba perdido, Shyamalan optó por dejarse de presunciones, hizo Los huéspedes, y crítica y taquilla la recibieron cálidamente. Descubrió que la clave para retomar el buen rumbo estaba en regresar a lo básico.

Con Fragmentado confirmamos que el Shyamalan de antes estaba de vuelta; había estado perdido en el bosque de la soberbia, pero finalmente dio con el camino a casa.

Si notas que, después de una primera buena racha, un proyecto personal o profesional deja de tener óptimos resultados, revisa si el problema es un asunto de actitud y presunciones.

Quizá el éxito inesperado te llevó a tomar malas decisiones. Quizá hiciste un Shyamalan. Y nadie quiere ser recordado por una Dama en el agua, cuando se tiene un Sexto sentido.

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