Las luces y sombras del emprendimiento Fintech en México

La buena noticia de todo esto es que ya tenemos una ley , pero a un año de su publicación, los ánimos se han ido nublando.
Las luces y sombras del emprendimiento Fintech en México
Crédito: Shutterstock
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Hace casiun año se publicó en México la Ley para Regular a las Instituciones de Tecnologías Financieras. ¿Te suena? Si no, quizá la ubiques por su nombre coloquial: Ley Fintech. Con esta buena noticia llegó una oleada de entusiasmo, esperanza y creatividad del sector emprendedor en nuestro país. Gran parte del júbilo se originó debido a la inclusión y competencia que la Ley Fintech presume en el sector financiero. Algunas de las promesas que trajo la llegada de la Ley Fintech, son tarifas e intereses más amigables en el mundo financiero, un sinfín de nuevos productos financieros y la simplificación de operaciones cotidianas como las de sacar un papelito de turno en el banco y “amablemente esperar sentado”.

Con el transcurso de los meses siguientes a su publicación, las distintas autoridades supervisoras (Comisión Nacional Bancaria y de Valores, Banco de México, Secretaría de Hacienda y Crédito Público, entre otras) comenzaron a poner a consulta/revisión pública para, eventualmente, publicar circulares y disposiciones de carácter general que la Ley Fintech les encomendó. 

Es entonces cuando los ánimos emprendedores se comenzaron a ver nublados por los crecientes obstáculos, la tramitología, y sobre todo, la necesidad de contar con una infraestructura que sus proyectos (en su mayoría disruptivos, innovadores, y con aplicación inmediata) necesitarían. Y es que el escrutinio que se aplicaría a esta nuevas empresas, sería muy similar al bancario.

Para poner esto último en perspectiva, una de las primeras disposiciones generales aplicables a estos proyectos Fintech, adelantó los límites mínimos de capital con el que tendrían que contar para siquiera ser tomados en cuenta por las autoridades como “viables” para operar. Estos límites dependen del tipo de Fintech pero andan entre los 3 millones 120 mil pesos y los 4 millones y medio de pesos. Y aunque esto se hizo con la buena finalidad de dar certeza y seguridad a inversionistas y usuarios de que las Fintechs tendrán suficiente infraestructura para operar en el sector financiero mexicano, la realidad es que ese capital difícilmente podrá ser levantado por un proyecto emprendedor en tan temprana etapa si no es con el involucramiento de agentes económicos e instituciones financieras de mucho peso. 

Otro de los obstáculos creados en estas disposiciones de las que te platico, está relacionado a algo muy necesario hoy en día; la prevención del lavado de dinero (PLD). Dicha disposición obliga a todas las Fintech a contar en su nómina con un Oficial de Cumplimiento (Compliance Officer) certificado en PLD por la Comisión Nacional Bancaria y de Valores. La bronca es que aunque la finalidad otra vez es buena (evitar el lavado de dinero), estos Oficiales escasean (y seguramente por eso sus servicios costarán más caros) y tienen la limitante de que no podrán tener este puesto en empresas o instituciones que pertenezcan al mismo grupo financiero.

Es por esto que el embudo de viabilidad de proyectos de emprendimiento Fintech se verá limitado si tomamos en cuenta que, de acuerdo con información recabada de varias Autoridades Supervisoras, en Octubre de 2018 existían en México 2,744 instituciones financieras sin contar Fintechs, con la obligación de tener Oficial de Cumplimiento… Solamente 1,081 reportaron tener cubierto este puesto. Y aún más alarmante es el número calculado con todas las nuevas instituciones Fintech prospectas: en promedio, contando a todos los Oficiales de Cumplimiento existentes en México que cumplen con los requisitos de la Ley, cada persona deberá trabajar para 3.99 instituciones financieras (tradicionales y/o Fintech) para dar abasto. 

Precisamente, hace un par de semanas recibí una llamada de uno de los clientes que asesoramos en Basave Colosio Sánchez, Abogados y Komenko Startup Lawyers en la obtención de las autorizaciones como Fintechs. Durante la llamada, el cliente me dijo que él y sus socios estaban intranquilos por un posible desabasto de Oficiales de Cumplimiento. Con ánimos de evitar que la paranoia por el desabasto de gasolina se propagara ahora en el mundo Fintech, lo tranquilicé y le recomendé seguir avanzando como lo estaba haciendo; rápido pero con pasos firmes e información completa. 

En fin, son muchas las cosas que se tienen que mejorar en la regulación Fintech en nuestro país. La buena noticia de todo esto es que ya tenemos una ley y que estará en nosotros como sociedad el impulsar su perfeccionamiento. Hace tiempo escribí esto sobre algunas de las ventajas que nos hacen punta de lanza en el tema a nivel mundial. Sigo optimista en que traerá muchas cosas buenas la mencionada Ley Fintech. Sin embargo, no puedo dejar de preguntarme: ¿Cuántos valiosos proyectos se quedarán en el camino si no impulsamos cambios pronto?

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