¿Eres orador novato? Estas 7 cosas lo hacen más evidente

¡Cuidado! Puedes perder a tu público aun antes de empezar a hablar.
¿Eres orador novato? Estas 7 cosas lo hacen más evidente
Crédito: Depositphotos.com

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Todo el mundo puede dar un gran discurso. Aunque hay algunos oradores “profesionales” que te dirán otra cosa, la verdad es que todos las personas tenemos algo que decir y la capacidad innata de contar historias y conectar con otros.

En general, creo que los sistemas de oratoria que se basan en el control (no muevas el pie, no muevas la mano, no des un paso…) acaban por robotizar al orador y tienen como consecuencia una desconexión inmediata. En seminarios y media trainings, suelo insistir en que es más importante parecer humano que parecer orador, y por tanto ayudo a la gente a “desaprender” algunas de las ataduras que les han enseñado, y a liberar la manera en que, de manera natural, todo el día, a todas horas, con todas las personas, nos comunicamos de las cosas que nos interesan, nos preocupan o nos apasionan.

La inmensa mayoría de las personas que sienten pánico escénico sufren del mismo efecto que aquellos hombres que afirman que no pueden conversar con las mujeres. Se sienten juzgados y creen que tienen que hacer o decir ciertas cosas específicas para salir adelante. Igual que en el caso de un tímido enamorado, ante el reto de hablar frente a un público, mi consejo puede parecer un cliché: solo sé tú mismo.

Todos somos oradores en aprendizaje, y todos tuvimos una primera vez; así que no te preocupes demasiado. Aquí una lista de seis cosas que le hacen ver al público que eres novato. Todas son sencillas de dominar, si sabes identificarlas.

1. Lees todo tu discurso

¡Nunca te voy a recomendar que improvises un discurso! Por el contrario, tomar el micrófono sin saber qué vas a decir y cómo vas a decirlo es un riesgo que ningún orador profesional tomaría. Los mejores oradores de la historia escribían sus discursos, los revisaban y ensayaban varias veces antes de salir a escena.

Sin embargo, escribir un discurso no significa que debas leerlo. Por el contrario: recuerda que las palabras conforman solamente un 30% a 50% del mensaje en un discurso. El resto se compone de la conexión con el público, los gestos, movimientos y entonaciones.

Ensaya bien tu discurso, pero después  deja el papelito en casa. Si lo requieres, trae contigo un resumen de puntos principales –un acordeón- que te ayude como apoyo en caso de emergencia, pero no olvides esto: ¡levanta la cabeza, mira a la gente, haz una conexión!

Salvo que sea radiofónico, no hay discurso leído que no sea aburrido. Aprende a soltar las muletas y a caminar solo. La diferencia es abismal.

2. No esperas a controlar al público

Graba esto con letras de oro: El discurso no inicia cuando empiezas a hablar, sino cuando entras en la habitación.

Los segundos que pasan entre que apareces y empiezas a hablar son cruciales para el desarrollo de tu discurso, porque en ellos puedes crear una conexión (con tus miradas, sonrisas y actitud), establecer autoridad (con tu forma de caminar, postura y seguridad) y demostrar control del público.

No empieces tu discurso si las personas están hablando entre sí (lo que, además, es muy normal). En cambio, salúdalos amablemente para indicar que estás por iniciar. Una vez que estén atentos, inicia tu discurso preparado.

No se trata de “ganarle” al ruido o empezar a hablar como caballo desbocado. Mantén la tranquilidad y domina a tu auditorio. Si cada palabra en tu discurso es importante, no dejes que se pierda en el caos.

3. No “lees” al auditorio

Alguna vez estuve en un evento protocolar muy importante en que el maestro de ceremonias, leyendo su guion, dijo “ahora pueden sentarse”… ¡cuando todos en el público ya estábamos sentados!

Recuerda que lo más importante en un discurso es la conexión que se genera entre el orador y el público. Los oradores que leen su discurso o lo recitan de memoria suelen perder potencia y capacidad de interacción en tiempo real.

Lo que diferencia a un orador novato de uno experimentado es la manera en que el segundo “lee” a la audiencia, y a partir de eso genera intención, cambia la velocidad e –incluso – cambia su discurso sobre la marcha.

Para eso, lo primero es levantar la cabeza; ver a tu público a los ojos y permitir espacios de reacción. Recuerda: no estás hablando “a tu público”, sino “con tu público”. La conversación que no es bilateral no es conversación, sino recital. Y esa es harina de otro costal.

3. No toleras las sorpresas

Otro efecto de la discurso-dependencia (es decir: leer o recitar de memoria tu discurso) es la incapacidad de reaccionar de forma flexible ante los cambios en el público o el ambiente.

Muchas cosas pueden pasar que rompan con la exactitud de tu discurso: un ruido en la calle, un pájaro que se cuela en la habitación, una persona que estornuda o una pregunta complicada.

Es imposible prever y preparar tus reacciones para todas las interrupciones probables, y un orador novato quedará pasmado, dubitativo o incluso volverá a empezar su discurso. En cambio, un orador experimentado podrá incluir la interrupción o atenderla sin perder el hilo de su discurso.

Conste: dije incluir, no ignorar. Si una persona en tu junta de la oficina estornuda mientras hablas, entonces nada pasa si te detienes un segundo para decir ¡salud! y después continuar. O si pasa algo inesperado o gracioso; menciónalo, inclúyelo, hazlo parte del evento y continúa tranquilo.

Esta tranquilidad es efecto directo de un discurso bien aprendido y saber leer a tu audiencia. No eres un robot. Pro-tip: La única regla que rompe todas las reglas es la naturalidad.

4. No conectas la palabra con la acción

Si lees o recitas, entonces ¡cuidado! Probablemente no te estés escuchando a ti mismo. ¿Te has dado cuenta que durante el día conversas con muchas personas sobre distintas cosas, y en cada una de esas interacciones tu cuerpo, manos y rostro están conectados perfectamente? Es un proceso evolutivo que se ha perfeccionado por miles de años y que nos permite comunicarnos con otros seres humanos,

Pero cuando lees o recitas, muchas veces el resultado es un cuerpo desconectado de la boca, en que las manos y el cuerpo hacen gestos o movimientos que nada tienen que ver con el mensaje que quieres enviar. Un orador novato mueve las manos “como orador” para arriba y para abajo, sin que esto signifique absolutamente nada. Son muletillas visuales que más distraen que aportan.

Una vez más: sé tú mismo. Habla como hablas, con naturalidad y pasión. Verás qué fácil es cuando te liberas de controles artificiales.

5. No toleras el silencio

La muestra más inmediata de un orador novato es esta: no guarda nunca silencio. Habla rápidamente, una palabra tras otra, sin dejar espacios para respirar, reponerse o dejar pensar a su público.

Esto sucede por un miedo al fracaso, por pensar que si deja de hablar, entonces perderá la atención de su audiencia, cuando la realidad es exactamente lo opuesto: una conversación humana normal tiene silencios que permiten procesar lo hablado; y un discurso sin silencios pronto se convierte en cacofonía intolerable que invita a la desconexión.

¿Muestras alguno de estos 7 signos? ¡No te preocupes! Sigue intentando localizarlos cuando sucedan, y poco a poco, con la experiencia, irás conectando más con tu audiencia. No te empeñes tanto en decir todo tu discurso a la perfección, con puntos y comas. En cambio, preocúpate por generar una conexión emocional; en transmitir confianza y una idea clara.

Fue Maya Rudolph quien dijo: “las personas no recordarán lo que les dijiste, pero siempre recordarán cómo las hiciste sentir”.

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