J.M. Cravioto creó la a primera superproducción con efectos especiales al estilo Hollywood en México. Así lo logró

'Diablero' es una producción única en su tipo gracias al apoyo de Netflix a su creador.
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Espectros que vuelan alrededor del Ángel de la Independencia. Sombras diabólicas que acechan en una calle silenciosa de algún barrio de la Ciudad de México. Un cura recurre a las fuerzas oscuras de un singular cazador de demonios para encontrar a una niña desaparecida.

Esta es la trama de Diablero, uno de los contenidos hechos en México que ha lanzado Netflix en las últimas semanas utilizando tecnología de primer mundo para crear efectos especiales al estilo de Hollywood.

Esta serie intenta romper los cánones de su género de manera divertida con un alto grado de experimentación y combinando géneros como aventura, ciencia ficción, terror, comedia y romance, además de explorar el folclor mexicano. Su creador es José Manuel (JM) Cravioto, uno de los jóvenes directores de cine mexicanos que hoy empiezan a crear nuevos contenidos audiovisuales aprovechando plataformas como la que tiene Netflix.

“Mi filosofía de vida es que no sé si mañana voy a estar aquí en este mundo, entonces hoy en el set estoy haciendo el mejor trabajo que he hecho en mi vida”, asegura.

Complicándose a sí mismo

Cravioto egresó del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC) en 2006 y tenía ganas de hacer cine de inmediato, pero no conocía a nadie en el medio.

Lo que hizo fue investigar quiénes era las empresas y personas que estaban produciendo cine y empezó a llamarles; así arrancó su carrera profesional. “Iba saliendo de la escuela, era joven, y no teníamos teléfonos inteligentes ni pantallas táctiles”, recuerda.

Así empezó a rodar cortos y documentales, como Seguir Siendo (2010), que muestra la carrera de la banda Café Tacvba. En 2014 filmó Mexican Gangster, un filme fuera de lo común que combina humor y acción dentro del género del thriller.

“En esa película me involucré en diversas áreas de la producción y el resultado fue muy satisfactorio, y eso permitió que mucha gente se interesara en mi trabajo”, asegura.

Así que esa fue la carta de presentación para que lo invitaran a otros proyectos, como la serie El Chapo, la cual fue una coproducción entre Univisión y Netflix. “Fui convocado para diseñar lo que serían las tres temporadas a nivel de cinematografía, dirección y otras áreas”, comenta.

Desde entonces, además del cine, se ha dedicado a dirigir series de televisión aprovechando las nuevas plataformas que permiten abrir nuevos espacios para creadores como él.

“Cuando muchos cineastas de mi generación estábamos en la escuela, no existía Netflix, tampoco había series de televisión en México y lo más cercano eran las telenovelas, era un panorama desolador. Nadie se imaginaba que nos iba a tocar vivir esto que pasa ahora.”

Cravioto dice que la actual generación de cineastas vive un momento histórico gracias al streaming, que permite la creación de nuevos productos audiovisuales. “Ahora es muy normal que inviten a directores de cine a dirigir series”, dice.

El cineaste revela que un gran reto ha sido mantenerse fiel a sus ideas y personalidad, aunque eso a veces puede generar problemas. Sin embargo, opina que sólo así el resultado de lo que se ve en la pantalla termina valiendo la pena.

Aunque en los últimos años se ha dedicado a hacer series, no se ha alejado del cine, tal es el caso de Olimpia, el primer largometraje mexicano realizado con la técnica de rotoscopía, la cual consiste en filmar en acción viva para, posteriormente, pintar uno a uno los fotogramas, labor que hizo en conjunto con estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México.

En Olimpia, Cravioto también combina géneros, ya que es una mezcla de ficción con imágenes originales de los hechos de la matanza estudiantil de 1968 que fueron recogidas en el documental El Grito, de Leobardo López Aretche.

“Parte de mi espíritu es que no me encasillen en algo, por eso he procurado hacer documental, ficción, género y ahora estoy dirigiendo algunos episodios de otra serie original de Netflix que se llama Monarca”, adelanta.

En esa producción, el director está incursionando en el género del melodrama, donde por primera vez dirige a actores en códigos diferentes a los que suele usar y colocando la cámara en lugares en los que no estaba acostumbrado.“En general, mi filosofía es complicármela al hacer películas y series.”

Contar el cuenro completo

Cuando Netflix empezó a producir contenido original en América Latina, y específicamente en México, Cravioto, que ya había participado en El Chapo con muy buenos resultados, fue invitado por esta empresa para crear Diablero.

Esa fue su primera colaboración directa con Netflix Originals, que es el área de Netflix que produce contenido exclusivo para su servicio.

Las nuevas formas de producción audiovisual requieren de roles que anteriormente no existían, como el de showrunner, que es el puesto de quien interviene en la mayor parte del proceso de creación de una serie, ya que se encarga de tareas como supervisar el guión, manejar presupuestos y seleccionar directores, ya que las series suelen ser dirigidas por más de una persona. Esa es una de las tareas que desempeña Cravioto en Diablero, donde también es creador y productor ejecutivo.

“Eso es lo que propicia la plataforma de Netflix: es un espacio increíble para que los directores de cine nos desenvolvamos en nuestras carreras, ya que ahora nos convertimos en verdaderos storytellers que nos involucramos en la preproducción, estamos en el set escribiendo o en la posproducción diseñando. Es contar el cuento completo”, describe.

Afirma que en su colaboración con Netflix ha explotado todavía más sus posibilidades narrativas y que la colaboración es siempre muy estrecha. “Donde más le ponen cuidado y pasión es en la escritura de la historia y, en general, el proceso creativo es muy divertido, aunque difícil y en varias partes hay más libertad que en otras”, reconoce.

A comparación de una película tradicional, donde casi toda la batuta es llevada por el director, en este tipo de producciones se crea un equipo de tres o cuatro personas que es donde recae la responsabilidad, indica.

“Para mí ha sido impresionante que el sudor, vísceras y sufrimiento que pongo en un proyecto lo estén viendo en 190 países al día siguiente de su estreno.”

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