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3 claves para convertir el fracaso en el combustible de tu startup

Rompe con la idea de que los grandes empresarios no se equivocan y deja de ver el fracaso como una debilidad. Todos los negocios empiezan a partir de una idea, y a veces es necesario equivocarse para aprender y seguir avanzando.
3 claves para convertir el fracaso en el combustible de tu startup
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¿Cuáles han sido tus 3 fracasos más fuertes y cómo los viviste? ¿Ya los digeriste y qué aprendiste?¿Cómo los has capitalizado? ¿Te han dado vergüenza? ¿Los has podido compartir y convertir en parte de tu crecimiento como emprendedor? Cuando emprendes una prueba física o empresarial que te lleva a desafiar tus límites, es probable que fracases y que lo hagas muchas veces porque la única forma de no fracasar, es no intentar cosas. 

Piensa en tres personajes que te inspiren. ¿Han fracasado? Seguramente así es, y sin embargo te inspiran a continuar intentándolo. Es probable que su fracaso te ayude a dimensionar el tamaño de su valor. Mientras te comparto esta idea, vienen a mi mente tres de mis personajes favoritos: un escritor, un innovador y un maratonista.

El primero es Ken Follet, quien escribió uno de los libros más vendidos en toda la historia: “Los Pilares de la Tierra”. Se trata de la narración de la construcción de una catedral en la época medieval y que ha vendido más de 26 millones de copias en todo el mundo. Él dice que sus primeros 10 libros, los cuales fueron novelas policiacas, fueron un fiasco; muchos fracasos, estaba perdido y confundía hacer novelas con artículos periodísticos, hasta que de tanto fracasar le atinó. Curiosamente lo logró cuando se arriesgó a fracasar de nuevo, cambiando completamente de género, del policiaco a la novela histórica. 

En 2002, eBay compró Paypal por 1.5 billones de dólares, y Elon Musk ganó más de 160 millones de dólares con esa compra. Quizá lo más sencillo, para una persona normal, sería retirarse a gozar siendo millonario. Pero lo que hizo fue “arriesgarse a fracasar” invirtiendo casi todo su dinero en tres empresas totalmente disruptivas, una de cohetes espaciales, otra de energía renovable y una más de autos eléctricos. 

En el 2006 en Monza, Italia, Eliud Kipchoge intentó bajar de 2 horas la marca del mejor tiempo en un maratón, lo que sería una hazaña casi sobre humana. Pero no lo pudo hacer. Fracasó, pero fue porque la meta que se puso rebasaba todo lo establecido, hasta hoy. Sin embargo, en el 2018, 12 años después, rompió el récord mundial en Berlín. No sabemos cuándo alguien romperá el límite de las 2 horas pero sí que el mejor maratonista hasta hoy es Kipchoge. 

Toma riesgos

Fracasar no habla de ser fracasado, sino de ser valiente para intentar lo que nunca se ha hecho. Estos son solo tres ejemplos de titanes en sus disciplinas que en su momento fracasaron porque tomaron retos que los llevaron al límite, a pesar de que pudieron decidir quedarse cómodos en el éxito que ya tenían, la pasión los llevó a emprender pruebas que iban más allá de su mundo conocido. 

Incluso, aunque Follett no tenía tanto éxito como el que ahora tiene, sus novelas policiacas sí se vendían bien, su editor le decía que iba a confundir al público, que no tenía necesidad, pero Follett sí tenía la necesidad de estirar su capacidad de creación al máximo, más allá del éxito o fracaso. Por eso me parece que el nivel más alto de mediocridad es el de una persona que nunca fracasa, porque para nunca fracasar requerirá nunca salirse de los territorios que domina.

Lo importante es: ¿Qué hacemos con el fracaso?, ¿cómo lo entendemos? y ¿cómo lo convertimos en combustible? Te comparto las siguientes tres claves para lograrlo.

1. Cambia tu concepto de fracaso

Si tu aventura como emprendedor fuera una historia, el fracaso sería un elemento clave, sin fracaso no habría nada qué contar, y tu historia sería aburrida. El fracaso es un aprendizaje, una oportunidad de romper paradigmas, un aviso de que debemos empezar a hacer cosas diferentes, una señal de lo valientes y locos que podemos llegar a ser. 

El fracaso es el principio de toda historia de éxito, el cual hay que ver con naturalidad y gusto, compartirlo, hablar de él, estudiarlo y presumirlo. Cuando el fracaso llegue, quizá primero te revuelques de frustración, pero luego debes aceptarle, agradecerle y darte cuenta de que habla de lo valiente que has sido.

 2. Encuentra tu alquimia

Evidentemente, fracasar genera frustración, sino sintieras frustración probablemente sería porque ni siquiera estabas apasionado con lograrlo. Pero, ¿cómo haces que la frustración lejos de detenerte se convierta en combustible para ir por más? En la antigüedad se decía que el alquimista era aquel que convierte cualquier metal en oro, y hoy podríamos decir metafóricamente, que un alquimista es aquel que convierte su frustración en combustible. 

Tienes que encontrar un vehículo. En particular, yo he encontrado que hacer deporte o escribir, me ayuda a convertir la frustración en combustible, si me fue bien corro de alegría, pero si me fue mal, corro más duro para convertir “la porquería emocional” en gasolina para corredor. 

Si fracasé lo escribo, porque cuando lo pongo en un texto, empiezo a entender qué me sucedió. Recuerdo que la primera vez que perdí 35 mil dólares fue en un evento que lideré en el año 2000. Fue un fracaso rotundo, jamás había visto ese dinero junto y ya lo debía. Pero con el tiempo, cuando escribí la experiencia, encontré la lección: Si logré salir de la deuda y pagar los 35 mil dólares (significa que este fracaso me obligó a aprender a generarlos).

Lo que no aprendí es que no había que hacer negocios basados en cuentas alegres y sin plan (pero eso lo entendí después), gracias a otro par de hermosos fracasos adicionales. Y siempre encontré la lección escribiendo mis experiencias, porque al poner en papel lo que me pasa, puedo aprender. 

Ese es mi camino: ¿Cuál es el tuyo?, ¿de qué forma física canalizas la frustración?, ¿escribir, conversar, bailar, pintar, tocar música, correr, nadar? ¿O de qué procesas y encuentras los aprendizajes de tus fracasos? Creo que a través del deporte o del arte (o de las dos cosas), todo emprendedor debe encontrar su propio vehículopara convertir la frustración y el fracaso en combustible.

3. Asigna un presupuesto para fracasar

En una compañía con la que colaboro desde algunos años, David (el director para México), me dijo una frase que cambió mi perspectiva del fracaso: “Jorge, no queremos que no haya fracasos, solo queremos fracasar rápido y barato”.Loque David me quería decir es que no se trataba de fracasar echando a perder todo lo que tienes y tirando por la borda lo que aún ni tienes, que más bien había que aprender a pilotear, que había que testear tus ideas y arriesgarte a hacer cosas diferentes sin poner en juego todo. 

Es la diferencia entre arriesgarte y jugar a la ruleta rusa. Si vas a diseñar un nuevo producto, evidentemente lo testeas con un grupo de clientes y no haces una producción masiva hasta que te aseguraste que los usuarios lo aman, fracasaste con poquitas personas y con poquita inversión, aprendiste y entonces sí lo haces en grande.

Imagina a un emprendedor que inicia, que no tiene nada que perder, que toma riesgos y no le teme al fracaso, pero que una vez que tiene éxito y ya tiene algo que perder, se vuelve muy conservador.  

“El éxito debilita cuando el miedo a perder se hace más grande que la pasión por experimentar”.

Hay mucha lógica y sabiduría en cuidar y explotar lo que ya te funciona, pero para que el éxito no te debilite, es bueno asignar un presupuesto de tiempo y todo tipo de recursos para seguir arriesgando, para probar lo nuevo, para nunca dejar de emprender. Seas un emprendedor que arranca o un empresario consolidado, nunca dejes de tener un espacio, un proyecto y un presupuesto en el que te sientas libre de fracasar, porque ahí es donde te arriesgarás, llegarás al límite, seguirás aprendiendo del fracaso y eventualmente, lograrás lo que parecía imposible.

Te recomendamos: Su primer negocio la dejó endeudada y cerró. Ahora tiene más de 200 clientes.

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La startup chilena que lleva los idiomas a las cafeterías llegó a México

Poliglota

Hace 10 años, en 2009, José Sánchez y Carlos Aravena, en ese entonces alumnos de la Universidad Católica de Chile, decidieron crear un nuevo modelo educativo para la enseñanza y aprendizaje de idiomas, proyecto al que más tarde se sumaría Nicolás Fuenzalida. Y es que, durante años, intentaron aprender inglés a través del método tradicional: en una escuela de idiomas, con el clásico método de memorización, materiales que no se actualizan constantemente y los típicos exámenes en papel, pero nunca fueron capaces de lograr una conversación fluida.

Tras 5 años de desarrollo y perfeccionamiento, estos 3 emprendedores finalmente lograron su cometido: crear un método innovador de enseñanza de idiomas y levantar recursos por un monto de 300,000 dólares de un Fondo de Inversión suizo para lanzar al mercado chileno su startup, a la que llamaron Poliglota.

Fue tal el éxito de Poliglota en Chile que al poco tiempo vino la internacionalización. En 2018, la compañía arribó a México, uno de los mercados más importantes en Latinoamérica, debido a su vecindad con Estados Unidos, que es su principal socio comercial; y más tarde llegaron a Perú. El próximo año, Aravena y sus socios tienen pensado abrir operaciones en Brasil, el gigante de la región; así como consolidar su presencia en México, país donde solo el 5% de su población habla fluidamente el idioma inglés, aunque dicho porcentaje es más alto que el de Latinoamérica, que es de solo 2%.

Poliglota

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Para ello, la startup chilena pretende levantar, en el segundo semestre del año, entre 3 y 5 millones de dólares (mdd) de Fondos de Inversión de México, Chile y Miami. 

“Esta segunda ronda para levantar recursos se abrió en agosto pasado y se cierra en enero de 2020. Hemos decidido abrir las puertas de Poliglota a inversionistas de Fondos de Inversión que quieran sumarse para continuar con nuestra expansión en Chile y México, donde nuestra metodología ha tenido una alta demanda; queremos ser más agresivos en estos mercados y también abrir operaciones en Brasil, que igualmente es un gran mercado, al que queremos llegar. Vamos con todo”, subrayó Sánchez, en entrevista con Alto Nivel.

Hoy, Poliglota cuenta con 500 profesores y 12,000 estudiantes, de los cuales 4,000 alumnos se encuentran en México y el 90% de estos estudia el idioma inglés. “Este año vamos a cerrar con 8,000 alumnos en Ciudad de México y en 2020, año en que abriremos operaciones en Monterrey y Guadalajara, el objetivo es alcanzar la cifra de 20,000 estudiantes; queremos convertir a México en un país bilingüe”, indicó el fundador de Poliglota.

Poliglota

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Del aula a la cafetería

Pero ¿qué hace a Poliglota tan diferente del resto de las escuelas de idiomas? Primero, ofrece clases de inglés, francés, italiano, alemán y portugués en grupos pequeños, de 3 a 8 estudiantes por grupo, que garantizan un feedback personalizado del profesor; segundo, los profesores son expertos en el idioma y están preparados para enseñar, corregir y alentar el avance del alumno; tercero, los grupos son nivelados, es decir, están conformados con personas que tienen el mismo nivel, lo que facilita la conversación, sin miedo a equivocarse; cuarto, el método se centra en la práctica real de capacitar para la comunicación; quinto, las clases se imparten en cafeterías cercanas a la casa u oficina de los estudiantes, que son ambientes sociales que invitan a la conversación; y, por último, las clases (2 por semana de 90 minutos) se toman en horarios pensados para que no interfieran con las actividades de las personas. 

“Algo muy importante es que contamos con profesores de diferentes nacionalidades: Gran Bretaña, India, Lituania, Italia, Alemania, Francia, Portugal, México, Estados Unidos, entre muchos otros. Estamos en un mundo global y te puede tocar hablar inglés u otro idioma con alguien de otro país que tiene una pronunciación diferente y no entender nada, no lograr comunicarte. Pero no solo eso, nuestros profesores son gente interesante, con distintas profesiones, que nosotros preparamos y que pueden aportar otro tipo de conocimientos y experiencias a nuestros alumnos. En los niveles básicos, nuestros profesores hablan muy bien el español, pues muchos de ellos son mexicanos y latinoamericanos, pero a medida que se avanza los maestros son de otros países, que no hablan nada de español”, explicó Sánchez.

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Todo parece indicar que esta startup chilena tiene un futuro promisorio dentro de la industria de la enseñanza de idiomas, cuyo valor de mercado a nivel global se estima en más de 20,000 mdd. Y México será clave de ese futuro.

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