Este emprendedor aprovechó el plástico que traían los muebles de tu casa para hacer bolsas ecológicas y salvar el planeta

José Bautista y su esposa fundaron dos empresas para transformar el polietileno que ya no ocupan las empresas en bolsas biodegradables.
Este emprendedor aprovechó el plástico que traían los muebles de tu casa para hacer bolsas ecológicas y salvar el planeta
Crédito: Depositphotos.com

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¿Recuerdas que hiciste con el plástico que traía la sala de tu casa cuando la compraste o la bolsa que te dieron en el supermercado? Seguramente lo tiraste a la basura pensando que ya no servía, y mientras tú lo desechabas, José Bautista estaba ideando una forma de darle una nueva vida para salvar el planeta.

Este emprendedor mexicano, decidió reciclar las toneladas de polietileno que ocupan las empresas en los empaques de diferentes artículos como muebles, electrodomésticos y autopartes, para fabricar bolsas de plástico biodegradables. Para esto fundó dos empresas: Pro-Plastic del Bajío y Probolsa. La primera la fundó junto con su esposa en 2012, después de que renunciaron a su empleo, a los aguinaldos y a la caja de ahorro, pues emprender era una meta que tenían como pareja. 

José es ingeniero industrial y trabajaba en el área de mantenimiento de Bonafont, mientras que su esposa, quien estudió administración de empresas, era gerente general de Vertebro, una empresa de implantes y equipo médico. Probaron con varios negocios como venta de bolsas y ropa de mujer que no funcionaron.

De hecho, antes de abrir su primer empresa, vendían las bolsas de plástico que fabrica uno de los amigos de José, pero no les fue como esperaban. “Al principio no sacabamos dinero ni para pagar la gasolina, porque vendíamos muy poco”, dice José. Pero el esfuerzo no fue en vano, porque ahí encontraron otra oportunidad de negocio. Y es que los clientes le pedían bolsas para basura, pero como estaban escasas en la industria, decidieron hacerlas ellos mismos. Sin embargo, se encontraron con una sorpresa.

El emprendedor halló unas máquinas para fabricar las bolsas de basura, pero la oportunidad de comprarlas se le fue por no tener el dinero a tiempo. Y por si fuera poco, los insumos que necesitaba estaban agotados. En ese momento tenía dos opciones: tirar la toalla o empezar a fabricarlos. Entonces, decidió fabricar el material con ayuda de una empresa maquiladora, que después de seis meses cerró.

Cambia la ruta, pero nunca la meta

Lejos de paralizarse, José decidió intentarlo una vez más, pues compró uno de los molinos y contrató a tres personas de esa empresa para iniciar este negocio. De hecho, un cliente le pidió unas 15 toneladas de bolsas de plástico que fabricaba día y noche con la poca infraestructura que tenía. “Al principio vendía aire; no tenía experiencia, equipo y capital para hacerlo”, recuerda el emprendedor. El dinero que ganaba lo invertía en material y maquinaria para crecer el negocio.

Así fue como inició Pro-Plastic del Bajío, con una inversión inicial de 700 mil pesos que juntaron con ahorros propios y apoyo de amigos y familiares. Hoy, esta empresa recicla el polietileno que se utiliza para empacar, y lo transforma en materia prima para abastecer a las empresas que fabrican diversos productos como tarimas, jarcería (cubetas y botes de basura), y poliducto (las mangueras color naranja que están dentro de las paredes o el techo de tu casa con cables de energía eléctrica). De hecho, uno de sus clientes utiliza este material para producir biodiesel. 

El plástico que reciclan lo compran principalmente a las empresas de la industria automotriz, aunque también tienen convenios con recolectores de basura, tiendas de abarrotes y mueblerías, entre otros clientes. La mayoría de estas empresas las consigue a través de citas directas, aunque en algunos casos tienen que participar en licitaciones junto con otros socios, en donde estos se quedan con materiales como cartón y metal, mientras que José aprovecha el polietileno.

En su propia planta de 1,500 metros cuadrados ubicada en León, Guanajuato, equipada con molinos, compactadoras y peletizadoras, se procesan entre 130 y 150 toneladas de plástico al mes. Ahí reciben el polietileno en pacas de 400 o 500 kilos, incluso llegan camiones repletos del plástico que envían las mismas mueblerías, y después pasa por un proceso de selección en donde se separa por colores o niveles de contaminación. Luego se muele, se peletiza y se funde para obtener granitos de plástico; esta es la materia prima que comercializan.

Peletizado / Cortesía

Esta solución, dice José, ayuda a reducir la contaminación ambiental, pues ahora las empresas en lugar de tirar el plástico a la basura como lo hacían antes y de terminar en basureros expuestos al aire libre, pueden venderlo a Pro-Plastic del Bajío y recuperar una parte de la inversión que hacen para empacar los productos. El emprendedor explica que se trata de un modelo de economía circular, pues incluso hay clientes que le pagan con ese mismo plástico. 

Busca una oportunidad en donde otros ven problemas

Las circunstancias llevaron a José a abrir su segunda empresa llamada Probolsa, que actualmente vende tres tipos de bolsas ecológicas fabricadas con el polietileno que se recicla en Pro-Plastic del Bajío. Dos de ellas son la Bolsa para Basura Gorila, y Bolsa Gorila en forma de camiseta con un costo promedio de 22 pesos por kilo.

El producto estrella es la Probolsa, hecha también con material 100% reciclado y un aditivo que le permite ser oxo-biodegradable, mismo que compran a otro proveedor. El emprendedor asegura que puede degradarse o reintegrarse a la naturaleza entre uno y tres años, en comparación con los plásticos típicos que tardan hasta 150 años. Esta se vende entre 38 y 40 pesos por kilo.

Para fabricar la bolsa de basura y Probolsa abrieron otra planta en Jalisco, mientras que Bolsa Gorila la maquila otra empresa. En total se producen hasta 200 toneladas, y la marca es proveedora de distribuidores mayoristas, tiendas de abarrotes y de materias primas en México, siendo estos dos últimos los clientes más fuertes. 

Probolsa / Cortesía

Estos resultados no se han conseguido de forma sencilla, sobre todo por la reciente aprobación de una ley en el Congreso que prohibe el uso de bolsas de plástico a partir de enero de 2020, y de platos, cubiertos y popotes de plástico en 2021. Además, la población cada vez tiene mayor conciencia sobre la contaminación ambiental que provoca el mal uso del plástico.

José explica que esta ley provocaría el cierre de pequeños proveedores y fabricantes de artículos de plástico, y dejaría sin trabajo a miles de personas, como sus dos empresas que emplean directamente a 50 personas. Considera que la solución no es prohibir el uso de este material, sino de fomentar la cultura del reciclaje y de regular la composición de los artículos. “En México hace falta una ley que establezca las especificaciones de las bolsas, falta un organismo regulador que pueda darte un certificado de biodegradabilidad. En Estados Unidos ya existe”. 

El emprendedor revela que esta situación ha afectado negativamente a su empresa, pues en los últimos meses las ventas han bajado entre un 30% y 40%. “Mis clientes se espantan porque si piden más bolsas, tienen miedo de quedarse con inventario y perder dinero cuando se valide la ley que prohibirá el uso de bolsas de plástico”. 

Esto lo ha obligado a buscar nuevos clientes para solventar la falta de capital y seguir operando. “Si perdemos un cliente grande, buscamos a dos medianos”. Una de sus estrategias para no perder la preferencia del público, es buscar la forma de colocar centros de acopio en diferentes establecimientos, para que las personas puedan llevar sus bolsas tradicionales e intercambiarlas por bolsas biodegradables.

Otro de los planes que tiene para seguir operando durante los próximos años, es instalar depósitos de plástico en puntos estratégicos para que por ejemplo, los trabajadores que llevan su lunch en una bolsa, la depositen ahí en lugar de tirarla en las calles o que terminen en basureros.

Así es como José, junto con su esposa, ha logrado mantener vivas en el mercado a Probolsa y Pro-Plastic del Bajío, aún con la prohibición de este material. Empezaron el negocio sin tener experiencia en este campo y ahora tienen dos empresas que llevan el rescate del planeta en el ADN organizacional, aunque llegaron a endeudarse con un millón de pesos; deuda que ya está liquidada.

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