Lucha contra el 'No' para sobrevivir a las crisis: Carlitos Páez

Este conferencista resistió 72 días en la cordillera de los Andes junto con sus amigos, después de que su avión se estrellara. Tras encarar la peor crisis de su vida y tomar decisiones severas para seguir adelante, hoy se dedica a inspirar a personas de todo el mundo.
Lucha contra el 'No' para sobrevivir a las crisis: Carlitos Páez
Crédito: Cortesía Carlitos Páez
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Un avión repleto de jóvenes se estrella violentamente contra las nevadas cumbres de la cordillera de los Andes mientras se escucha como uno de ellos va rezando el Ave María esperando sobrevivir el accidente. Se trata de una de las escenas más icónicas de la película de ¡Viven! de Franck Marshall; un filme que cualquier latinoamericano ha visto por lo menos una vez y que recuerda como una de las obras más inspiradoras sobre la resilencia humana y el poder de la fe. 

Sin embargo, para Carlitos Páez, conferencista oruguallo que da charlas sobre la motivación y el trabajo en equipo por todo el mundo, esa escena retrata uno de sus momentos más duros ya que en la vida real él era el joven que iba rezando mientras el vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya se precipitaba sin control hacia el desierto nevado de las montañas. 

“Protagonizamos una historia de 70 días. Una enormidad. Es tiempo suficiente para ponerse de novios, casarse y divorciarse”, dice sonriendo Carlitos quien a sus 65 años vista la Ciudad de México para contar cómo la experiencia del “Milagro de los Andes” - como muchos conocen su historia y la de sus compañeros- en realidad fue una lucha constante contra el “No”. 

Carlitios Páez en 1972 y ahora / Cortesía Viven.com.uy y Carlitos Páez

La odisea fue así: el 13 de octubre de 1973 el avión militar Fairchild Hiller FH-227 cruzaba la cordillera con 40 pasajeros y cinco tripulantes que llevaban al equipo de rugby Old Christians. Un error de navegación del piloto provocó que la aeronave se estrellara en uno de los riscos de la cadena montañosa en Mendoza (Argentina). El avión quedó atrapado en el llamado Glaciar de las Lágrima luego de que el impacto de la colisión, así como el desprendimiento de varios asientos, dejaran a solo 27 supervivientes enfrentando temperaturas de hasta 42 °C bajo cero. 

Marcelo Pérez, el capitán del equipo de rugby, tomó el rol de líder para organizar a los jóvenes para acondicionar lo que quedaba del fuselaje del avión para que funcionara como refugio y racionar los poquísimos alimentos que tenían mientras esperaban el rescate. Sin embargo, ocho días después del accidente los sobrevivientes escucharon en una pequeña radio que las autoridades chilenas y uruguayas habían decidido suspender las misiones de búsqueda. 

La poca comida que tenían pronto se terminó y en el Glaciar de las Lágrimas no había animales o vegetación de los que se pudieran servir. Fue entonces que, 10 días después de haber probado bocado, el grupo tomó la decisión de alimentarse con los cuerpos de los fallecidos que se habían congelado con las nieves perpetuas de las montañas. 

“El proceso de tomar la decisión de alimentarnos de nuestros compañeros muertos fue mucho menos largo de lo que la gente cree. Nosotros habíamos vivido 10 días sin comer absolutamente nada y enfrentábamos la triste realidad de saber que no nos buscaban más”, comenta Páez.

Dieciséis días después de la caída del avión, un alud sepultó a los sobrevivientes cobrando la vida de ocho personas, incluyendo la del capitán Marcelo Pérez. Durante las siguientes semanas tres jóvenes más morirían a causa de las infecciones en sus heridas, mientras que los jóvenes más fuertes del grupo (entre ellos Carlitos) realizarían varios intentos de expedición para encontrar una salida de las montañas. 

Finalmente, el 12 de diciembre de 1972, Nando Parrado, Roberto Canessa y Antonio Vizintín saldrían en la búsqueda final de la salida de los Andes. Al tercer día de la caminata y tras encontrarse con un paisaje desolador de kilómetros y kilómetros de montañas, Vizintín retornaría al fuselaje para permitir que Canessa y Parrado siguieran adelante con sus provisiones. 

Los dos jóvenes caminaron por 10 días hasta conseguir bajar de las montañas y encontrarse con un arriero llamado Sergio Catalán quien finalmente les ayudaría a conseguir ayuda para rescatar al resto de los sobrevivientes. 

Afuera del avión en la cordillera / Cortesía Viven.com.uy

Así, el 22 de diciembre los 14 sobrevivientes que quedaban finalmente regresaron a casa después de pasar 72 días en el más absoluto helado de los infiernos. 

“Estos 16 resucitados sorprendieron al mundo al sobrevivir por dos meses con escasos alimentos. Las explicaciones hay que buscarlas en un campo distinto a la medicina y a lo científico. No tenemos explicación lógica y la respuesta a su supervivencia escapa cualquier criterio existente. Y si yo no fuera médico tendría que estar obligado a creer en un milagro”, dijo en su momento el doctor Eduardo Arragada, médico que prestó las primeras atenciones a los sobrevivientes.

Platicamos con Carlitos sobre cómo fue vivir en los Andes esos tres meses, tomar decisiones brutales para volver a casa y la importancia del liderazgo sobre uno mismo para trabajar en equipo.  

Sobre la importancia de la actitud ante las adversidades

Entrepreneur en Español (ENT): Tú sueles decir que su historia fue una lucha constante contra el “No”. ¿Nos puedes explicar un poco más? 

Carlitos Páez (CP): Es una historia cuya gran mérito fue decirle “Sí” al “No”, y eso fue gracias a una actitud grupal. Recibimos grandes “No” en los Andes: el accidente mismo, recibir la noticia de que no nos buscaban más, tomar la decisión de alimentarnos de nuestros compañeros muertos, encontrar la cola del avión y no poder hacer funcionar la radio… En nuestra historia la gran constante fue el “No”, pero nosotros siempre dijimos “Sí”. Creo que el gran tema de nuestra historia fue la actitud. 

Sobre la importancia del verdadero trabajo en equipo

ENT: ¿Qué tan difícil fue hacer que todos trabajaran al mismo nivel? 

CP: Nosotros ni siquiera conocíamos el concepto de trabajo en equipo, pero el ser humano está diseñado para hacerlo y nosotros lo pusimos en práctica. Por supuesto que no todos trabajaron a la par y hubo algunos que no hicieron nada, pero los que importan somos los que sí hicimos algo para salir adelante. 

Sobre cómo enfrentar las crisis 

ENT: En la película de 1993 pusieron una secuencia donde el actor que te interpreta rezaba el Ave María, esto para demostrar cuán larga fue la caída en realidad. ¿Qué se piensa en un momento como ese? 

CP: Todos los que nos subimos a un avión pensamos que se va a caer, pero cuando se cae decimos ‘Esto no me puede estar pasando a mí’. Fue un Ave María que lo recé lo más rápido que pude, pero hay que recordar lo larga que es esa oración y mientras oraba muchas cosas estaban pasando: el avión se partió por en medio, el frío se empezó a meter, el griterío en un caos más absoluto para luego caer en el silencio más absoluto cuando se apagaron los motores y empezamos a deslizarnos por la nieve. 

ENT: ¿Cómo fue ese primer momento ese infierno helado? ¿Cómo fue que decidieron que debían activarse? 

CP: Nosotros venimos de un país (Uruguay) donde no hay nieve. Lo primero que hicimos fue buscar al piloto. Fuimos hasta la cabina y vimos al capitán muerto y el copiloto estaba agonizando. Quedó el mecánico, pero estaba un poco atontado, y con él tratamos de obtener la mayor información posible. No obstante, al poco tiempo nosotros ya sabíamos más de mecánica que él mismo. 

Ahí inició la lucha para salir. Primero porque pasaron dos aviones arriba de nosotros que pensamos que nos habían visto y luego cuando escuchamos la noticia por radio de que no nos buscaban más. Ese fue el momento más crucial de la odisea porque nos dio la fuerza para entender que a partir de entonces dependíamos de nosotros mismos y no de los de afuera para sobrevivir. 

ENT: En tu libro cuentas como un amigo tuyo fue el que precisamente te dijo que ahora les tocaba salvarse a ustedes mismos...

CP: Es que Gustavo Nicolich - quien después fallecería en el alud - me dijo: ‘Carlitos, tengo una buena noticia que darte: Acabo de escuchar en la radio chilena que no nos buscan más’. Yo le dije ‘¡¿Cómo buena noticia, hijo de la gran ....?!’ y él me respondió: ‘Es buena noticia porque ahora dependemos de nosotros y no de los de afuera’. 

Si me pongo a pensar 47 años después me doy cuenta de que fue ese el momento en el que nos dimos cuenta en dónde estábamos parados y que teníamos que apelar a nuestros propios recursos para salvarnos. Fue cuando dejamos de esperar y empezamos a actuar. 

Sobre la tolerancia a la frustración 

ENT: Si pudieras decirle algo al Carlitos joven de ese viernes 13 que está a punto de subirse al Fairchild, ¿qué le dirías?

CP: Ese Carlitos se transformó a lo largo de la historia. La verdad es que yo no servía para nada. Tenía niñera y desayuno en la cama. Me fui transformando y, en lo personal, agradezco haber vivido esa historia. Doy 100 conferencias por años y trato de ayudar a las empresas a entender cómo es el trabajo en equipo, la tolerancia a la frustración y la fortaleza ante los cambios extremos. 

Según National Geographic, el “Milagro de los Andes” es la historia de supervivencia protagonizada por gente común más impresionante de todos los tiempos. Por ejemplo, para subir al Everest hay una lista de espera. Es una cuestión de determinación: Yo quiero, yo me entreno, yo lo hago. Pero en nuestro caso no pudimos prepararnos. 

No sabíamos movernos en la nieve ni en la altura de la montaña (la altura máxima de Uruguay es de 500 metros). Hay que recordar que estábamos vestidos de jeans y mocasines casi a 30 grados bajo cero. Además, hundiéndote en una nieve virgen que jamás ha sido pisada. La verdad era muy complicado vivir así. 

Antes del accidente / Cortesía Viven.com.uy

ENT: Justamente mencionas un punto muy importante: la tolerancia a la frustración. ¿Cómo se hace eso en una circunstancia como la que vivieron en los Andes? 

CP: Fue una cuestión netamente grupal. Cuando te caías, lo otros te levantaban. Me tocó que me enseñaran el camino y a mí me toco mostrárselo a alguien más. Es así cómo funcionan mejor los grupos. No siempre estás arriba. 

Sobre tomar decisiones difíciles

ENT: ¿Cómo es el proceso de toma de decisiones en una situación de crisis como esta? ¿Hay “parálisis por análisis"? 

CP: Nos dimos cuenta de que teníamos el más sagrado de los derechos que era el de volver a casa con nuestra familia. Un derecho sagrado. No es igual el hambre que tienes en la civilización que la que sientes en una crisis así. 

ENT: Esa no fue la única decisión difícil que tuvieron que tomar en la cordillera, ¿verdad?

CP: No, tomamos miles de decisiones y muchas equivocadas. Pero como yo digo, no importa que tomes una decisión equivocada si tienes pasión y actitud. Un error sirve igual que un triunfo. 

ENT: Justamente, ¿cómo se sigue adelante cuando se toma una decisión equivocada? 

CP: A nosotros nos pasó. Tomamos la decisión de ir por una ruta equivocada. No sabíamos que estábamos a 10 kilómetros del lado argentino de la cordillera y nos fuimos por el lado contrario, el chileno. 

Sobre lo que se encuentra en las crisis 

ENT: ¿Alguna vez has sentido que lo que se vivió en la montaña no se aplica afuera de ella? 

CP: Para mi Dios estaba muy presente en los Andes. Después en la civilización, no. Fueron momentos de una enorme pureza que me encantaría volver a vivir. Años después volví a la cordillera convencido de que los iba a volver a experimentar, pero no fue igual. 

Sobre la motivación 

ENT: ¿Qué tan importante fue la familia para lograr salir de la cordillera? 

CP: Importantísima. Nuestro objetivo nunca fue que se hicieran 20 películas o se escribieran 36 libros con nuestra historia. No, nosotros peleamos por cosas más simples: por volver a casa con mamá y papá. La escala de valores se pone en su justa medida en situaciones extremas. 

Los sobrevivientes al momento del rescato / Cortesía Viven.com.uy

ENT: He leído el libro que tu padre, el pintor Carlos Páez Vilaró, escribió sobre cómo él vivió esos 70 días en los que estuviste perdido (Entre mi hijo y yo, la Luna). Fue una de las personas que jamás dejó de buscar porque jamás creyó que estuvieras muerto. 

CP: Sí, yo pasé más de dos meses sin ver a mi papá, pero yo sabía que lo lógico era que él estuviera bien. El problema era para él y para mi mamá porque no sabían que había sido de mí. Yo todo el tiempo lo sentí muy cerca. 

El título se lo apoderó papá porque ese vínculo era con mi madre. Cuando llegué a casa le dije a mi mamá que siempre veía la luna desde la cordillera porque pensaba que probablemente ella también la estaba mirando. Y ella me decía que durante ese tiempo, salía a caminar a la rambla para ver la Luna pensado que yo la estaba viendo.

ENT: Tú cumpliste años en los Andes…

CP: Cumplí 19 años a 4,200 metros de altura debajo de una avalancha. Curiosamente mi padre cumple un día después que yo, el 1 de noviembre. Estuvimos sepultados tres días para poder salir de la alud y ese día lo logramos. 

Sobre el verdadero liderazgo

ENT: ¿Qué tan importante es el liderazgo en esta historia?

CP: Los que no lideran se quedan solos, pero hay que entender que hay veces en que te toca liderar y otras seguir a alguien más. En nuestra historia fue así: hubo líderes para determinadas cosas. A mí me tocó vivir esta historia que me parece maravillosa, recordando a los que nos acompañaron y tuvieron que partir, pero que demuestra el poder del esfuerzo individual para hacer triunfar el trabajo en equipo. 

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