¿Qué tanto deberías 'ventilar' tu nivel de estrés?

Hablar de lo estresado que te sientes, ¿es una forma saludable de sacarlo o nada más empeora la situación?
¿Qué tanto deberías 'ventilar' tu nivel de estrés?
Crédito: Christian Erfurt vía Unsplash
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CEO of On Target Solutions
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La mayoría de los trabajos implican cierto nivel de estrés. Según el Instituto Americano del Estrés, en Estados Unidos casi la mitad de los trabajadores (40%) dicen que su trabajo es muy o extremadamente estresante. Cuando estamos estresados, es natural ventilarlo con nuestros compañeros de trabajo o con las personas que amamos. Desafortunadamente, hablar sobre el estrés en la oficina no suele ser el método más saludable para expresar tu frustración, y en ocasiones puede perjudicarte, aumentando el estrés que ya tienes.

Hay dos frentes que prevalecen en el dilema entre “ventilar o no ventilar” el estrés. Están quienes piensan que si se guardan el estrés y los sentimientos negativos, inevitablemente terminarán perdiendo el control de forma inapropiada, es decir, gritándole a un cliente o a su jefe. Estas personas creen que platicarlo con un compañero de trabajo o un amigo es una forma mucho más privada y segura de aliviar la tensión.

Por otro lado están las personas que piensan que el hecho de ventilar los problemas lo único que hace es difundir el estrés y la negatividad, y creen que hay caminos mucho más efectivos para encontrar el bienestar, como enfocarte en encontrar soluciones en lugar de problemas, buscar el lado positivo en diferentes situaciones e incluso distraerse para aliviar la tensión.

Afortunadamente hay muchas investigaciones que nos ayudan con información real para saber si ventilar tus problemas y el estrés es algo bueno o malo. Para que entiendas ambos lados preparé una lista de pros y contras. Decide lo que funcione mejor para ti en cada situación y te encontrarás de camino hacia una versión más saludable de ti mismo.

Ventilar el estrés: Pros

-Evitar el desastre. Claro que desahogarte es mucho más efectivo que perder el control. Mucha gente siente que perderá su temple si se guarda las cosas, y es un argumento válido. No deberías sentirte oprimido por emociones negativas que puedan orillarte a perder la compostura o a decir algo inapropiado. Por lo tanto, ventilar un poco de lo que estás sintiendo, en porciones controladas, puede ser una mejor forma que arriesgarte a una explosión emocional frente a la persona equivocada.

-Alivio inmediato. ¡Soltarlo se siente increíble! Sobre todo cuando llevas días acumulando estrés, el simple hecho de platicar sobre las complicaciones diarias es un mecanismo de desfogue muy poderoso. Y si hay consecuencias negativas, ni siquiera te importan porque hablarlo se siente tan bien…

-Abrazos por doquier. Hablar sobre las cosas negativas que pasan en el trabajo hace que la gente se sienta más conectada, sobre todo cuando comparten los mismos factores de estrés como el mismo jefe, clientes o ambiente. El hecho de saber que hay más personas compartiendo nuestra experiencia nos hace sentir cercanos. Y esto es aún más real en situaciones en las que hay poca motivación o apoyo por parte de la empresa.

-Posibles soluciones al estrés. El hecho de ventilar tu estrés y problemas ofrece un foro para ideas y soluciones que podrían no haber salido de otra forma o que nunca se te hubieran ocurrido a ti solo. Por lo general, los compañeros de trabajo tienen ideas increíbles porque comparten la misma situación. Por otro lado, puede que un externo ofrezca una perspectiva nueva al asunto. Sólo tienes que estar consciente de que cuando la gente se desahoga para encontrar simpatía o para conectar con otros, las soluciones que se generan rara vez se ponen en práctica. Pero cuando se habla sobre los problemas la gente suele estar abierta a soluciones y la discusión puede convertirse en terreno fértil para grandes ideas y soluciones reales que, con el tiempo, pueden hacer que los niveles de estrés general desciendan.

Ventilar el estrés: Contras

-El estrés es un resfriado contagioso. El estrés, igual que los resfriados comunes, es contagioso para la gente que te rodea. Investigaciones realizadas por el Instituto para las ciencias cognitivas y cerebrales Max Planck han confirmado que el simple hecho de observar situaciones estresantes puede hacer que te estreses. Y cuando lo platicas, generas estrés en otras personas, así que sin darte cuenta creaste un efecto dominó de estrés que terminará regresando a ti, pero esta vez amplificado. ¿Sabías que el pensamiento positivo y tranquilo, así como la amabilidad, también son contagiosos?

-El estrés y tu marca personal. Mientras estás ventilando tu estrés te sientes conectado con la gente que te escucha, pero si lo haces en exceso puede que te perciban como una persona demasiado dramática o negativa. Tus compañeros y la gente que te quiere pueden empezar a evitarte porque ahora te asocian con un sentimiento de estrés y negatividad. Esto puede afectar tu marca personal y tener un impacto negativo en tu carrera.

-Daños a largo plazo. En el momento, platicar sobre el estrés puede hacerte sentir bien, pero a largo plazo puede ser peor. Esto pasa porque ventilar las cosas aumenta tu nivel de estrés y enojo, y al mismo tiempo, te hace estresarte porque no estás resolviendo el origen. Enfriarte, dar un paso atrás y tomar perspectiva para luego expresar tu estrés de forma positiva puede ser mucho mejor a largo plazo.

-Quejas adictivas. Entre más te quejes más te acostumbras a hacerlo. Cuando se convierte en un hábito estás más alerta de las cosas negativas de la vida. Como tu cerebro está más enfocado a detectar factores estresantes, detectar cosas positivas se vuelve más y más complicado. En lugar de permitir que el estrés se convierta en un hábito o en una adicción puedes elegir en qué concentrarte y sobre qué hablar.

-Peligros para tu salud. Como ventilar las cosas nos estresa, hacerlo de manera constante nos pone en un estado crónico de estrés. La mente registra una amenaza cada vez que tu notas algo negativo y lo platicas. Esto nos lleva a la respuesta psicológica ante las amenazas: pelear o huir, lo que tiene un impacto negativo en tu salud física y emocional. Nuestros cuerpos no están hechos para experimentar situaciones de estrés continuas.

Lo que debemos hacer

Ahora que dominas los pros y contras sobre desahogar tu estrés con compañeros y familiares, deberías poder notar que esto, aunque sea sano en dosis controladas, no es la forma óptima para lidiar con el estrés a tiempo completo. En lugar de quejarte todo el tiempo, puedes usar estrategias más efectivas para aliviar y prevenir el estrés sin tener consecuencias negativas. Afortunadamente, podemos compartirte 10 opciones.

  1. Quéjate reloj en mano. Si tienes el hábito de ventilar tus problemas, lo más probable es que quieras seguirlo haciendo porque te sale natural y en automático, además de ser una posición cómoda para ti. En lugar de arrancar el hábito de tajo, intenta una estrategia gradual. Aquí te decimos cómo: Una vez que te des cuenta de que lo estás haciendo, pon un cronómetro real o mental y permítete cinco minutos para quejarte. Cuando pasen cambia tu enfoque y empieza a hablar de lo que sí está bien. Repite esta secuencia hasta que hacerlo se sienta cómodo y lo puedas hacer en automático. Hay momentos en los que ese pequeño periodo de tiempo en el que nos damos permiso de quejarnos nos puede ayudar a construir un puente hacia nuevos hábitos.
  2. Confía en alguien que pueda ayudarte. Piensa en alguien en quien confíes, alguien que realmente pueda ayudarte. Compártele a esa persona un breve resumen de lo que estás pensando y cómo te gustaría que fueran las cosas en un mundo ideal. Asegúrate de elegir a alguien que esté en posición de mejorar tu situación. Por ejemplo, si tienes una situación en el trabajo que te está estresando, puedes platicarla con tu jefe, con el jefe de otro departamento o con recursos humanos. Ellos pueden ayudarte a solucionar el problema, sobre todo si eres educado y vas directo al grano con buenas intenciones. La próxima vez que te encuentres con ganas de quejarte, pregúntate si hay una posible solución y busca quién puede ayudarte.
  3. Evita causar conflictos innecesarios. Cuando estamos estresados solemos permitir que nuestras emociones empañen lo bueno que tenemos, llevándonos a conflictos innecesarios que terminarán en más quejas. En mi próximo libro hablo sobre la poderosa estrategia de evitar los conflictos innecesarios. Esto es lo que debes hacer: La próxima vez que te sientas estresado y que estés a punto de reaccionar verbalmente, pon atención a tu tono de voz. ¿Es filoso? ¿Negativo? ¿Estás gritando? Intenta darle la vuelta a tus pensamientos para buscar un tono más amable y cálido. ¿Por qué no sonreír para calmar las cosas? Intenta hacer preguntas antes de proponer soluciones y luego celebra los puntos de vista diversos.
  4. Identifica un problema, resuélvelo y experimenta en ti mismo. Cuando te quejas sobre algo que puedes cambiar, empodérate solucionándolo y experimentando para mejorar la situación. Mapea tus opciones y elige uno o dos escenarios, luego da pasos cortos y prueba para encontrar lo que funcione mejor para ti. Hacer algo siempre es mejor que no hacer nada. Pasa de sentirte impotente a sentirte poderoso por haber sido capaz de cambiar la situación. Por ejemplo, si tu ambiente laboral tiene muchos distractores o hay demasiado ruido, intenta usar audífonos para disminuir el ruido y evitar que la gente se acerque a ti. O reserva una sala de juntas. O siéntate en la entrada, o en el parque de enfrente.
  5. Construye una matriz de estrés. Crea una tabla con los días de la semana en secuencia y agrega tres o cuatro variables que puedas estar experimentando como el sueño, las distracciones, el contacto con alguien y las quejas, así como el estrés general. Llena la tabla incluyendo tus niveles de estrés en una escala del 1 al 5 con cada variable por día. Esto te permitirá llevar un registro de tu progreso y podrás identificar qué variables tienen mayor impacto en tu escala de estrés global. También te ayudará a decidir en qué gastar tu tiempo y esfuerzo. Haz más cosas que te hagan sentir menos estresado y menos de las que te estresen.
  6. Busca diversión. El humor puede ser una fuerza poderosa si se usa correctamente. Cuando reímos liberamos dopamina y endorfina, lo que aleja las hormonas del estrés. En mi próximo libro, Stress-Less Leadership (Entrepreneur), también hablo sobre una estrategia útil para encontrar el buen humor. Aquí lo que puedes hacer: piensa en tus hobbies, vacaciones y situaciones recientes en las que has estado. ¿Qué es lo divertido sobre ellas? Por ejemplo, ¿pasó algo inesperado en tu camino? Ríete de la situación. La burla a uno mismo es bastante efectiva. Además de ayudarnos a evitar el estrés, tiene el beneficio de ayudarnos a respetar más a los otros. Esto parece contraproducente, pero cuando nos permitimos ser vulnerables nos volvemos más humanos y establecemos mejores conexiones con los demás.
  7. Quéjate en tu diario. Escribir tus experiencias te ayudará a identificar tus procesos mentales conscientes e inconscientes. ¿Qué tan seguido te estresas y esperas lo peor? Escribirlo también te ayudará a procesar tus emociones y a darle sentido a lo que estás sintiendo. Registrar las cosas que te molestan te ayuda a liberar ese estrés y a que puedas seguir adelante. Con el tiempo, tendrás cierto conocimiento y perspectiva a través de lo que leas en tu diario. Incluso puedes identificar los factores de estrés recurrente a lo largo de los meses y ver cómo has progresado, o como una situación que se sentía terrible, hoy ya no tiene relevancia en tu vida.
  8. Registra tu gratitud. Hay un gran valor en la gratitud. Estudios realizados por el investigador Robert Emmons han encontrado que el agradecimiento aumenta la felicidad y reduce la depresión. Un aliado poderoso a tu diario del estrés puede ser un diario de gratitud, que además puede ofrecerte beneficios adicionales como ayudarte a crear el hábito mental de notar las cosas positivas de la vida y a ser agradecido. Este es un patrón de pensamiento que es prácticamente opuesto al de las quejas. Y las investigaciones han demostrado que la gratitud puede, literalmente, reconectar tu cerebro de forma positiva. Con el paso del tiempo habrás creado un registro de todas las cosas buenas en la vida que te han hecho feliz, algo que puedes leer cuando necesites.
  9. Practica el mindfulness. La gente que tiene la capacidad de estar en el momento presente por más tiempo tiende a quejarse menos. Concentrarnos en el presente tiene que ver con dejar ir el estrés de eventos pasados o futuros. El mindfulness es un hábito sumamente poderoso que podemos practicar de diferentes formas, pero una sencilla de empezar en concentrándonos en la respiración. La próxima vez que te sientas estresado respira profundo y escucha tu respiración mientras inhalas y exhalas. Concéntrate en la sensación de tu pecho.
  10. Practica otros hábitos para aliviar el estrés. Encontrar otros hábitos que te ayuden a aliviar el estrés ayudan y le agregan resiliencia y felicidad a tu vida. Pregúntale a los que te rodean qué hacen para aliviar su estrés.

Las quejas y las pláticas sobre el estrés son comunes en las oficinas. Según Kristin Behfar de la Universidad de Virgina, el empleado promedio se queja o escucha quejas unas cuatro veces al día, pero ahora sabemos que esto es una espada de doble filo. Hay ocasiones en las que una queja bien intencionada puede crear nuevos problemas. Afortunadamente puedes evitar estas consecuencias negativas aplicando las estrategias propuestas arriba, y al hacerlo el estrés disminuye e incluso puede prevenirse.

Nadine Greiner, ubicada en San Francisco, tiene un doctorado y es coach ejecutiva, consultora de Recursos Humanos y conferencista que cree que el mundo necesita grandes líderes y ha dedicado su carrera entera a ayudarlos. Su libro, Stress-Less Leadership: How to lead in Business and Life fue publicado por Entrepreneur Press.

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