Empezó vendiendo 200 cajas al mes y ahora estos mexicanos distribuyen más de 2 mil con empaques biodegradables para preservar el planeta

Entelequia es una empresa mexiquense que tiene el catálogo más grande de desechables biodegradables en el país. Produce 22 artículos que imprime de manera personalizada. Comenzó vendiendo 200 cajas al mes y ahora distribuye más de 2,000.
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El desperdicio de agua a causa de los sensores de los baños y la gran cantidad de unicel en los botes de basura de su universidad detonó una idea de negocio que hoy se ha convertido en una empresa con el catálogo más grande en México de desechables biodegradables. Se trata de Entelequia, que fundó Elizabeth Nava, una estudiante de mercadotecnia en 2011.

Esta emprendedora resultó ganadora del Premio Nacional del Emprendedor 2018 en la categoría Mujer Emprendedora, por su contribución a la proyección del talento femenino en la actividad económica del país. Y es que Elizabeth también es la fundadora de la empresa E6PR (Eco Six Pack Ring), que desarrolló el primer six pack biodegradable y compostable, con el que se busca sustituir los aros de plástico que sostienen las latas de cerveza.

Pero para llegar hasta este punto, Elizabeth ha tenido que recorrer un camino largo. Primero tuvo que convencer al rector de su universidad, el Tecnológico de Monterrey campus Toluca, de establecer como política ambiental el no permitir el uso del unicel y hacer una campaña de reciclaje de papel que sigue vigente hasta la fecha.

Como alumna, Elizabeth empezó a buscar proveedores de desechables biodegradables para la cafetería de su universidad. De repente, el proveedor le dijo que ya no iba a poder venderle a la escuela porque le compraba muy poquito. “Como no quería que se cayera la iniciativa de quitar el unicel, decidí llenar mi casa de cajas y yo le iba vendiendo poco a poco a la cafetería”, recuerda.

Mientras tanto, decidió que su proyecto se llamaría Entelequia; que es una corriente filosófica aristotélica acerca de la utopía de la perfección. Ella lo relaciona con la expectativa de hacer empresas que hagan el bien.

Elizabeth Nava, fundadora de Entelequia / Imagen: Isaac Alcalá 

De estudiante a distribuidor

Elizabeth era revendedora del revendedor. Le compraba a un proveedor chiquito y luego a uno más grande, pero comenzaron a quedarle mal. Ella no quería fallar a sus clientes y buscó opciones fuera de México.

Entelequia maquila en China y Estados Unidos, pero cuenta con sus propios protocolos para producir desechables biodegradables de calidad. Para garantizarlo, realizan investigaciones desde hace tiempo.

“Manejamos líneas de maquila de importación, porque en México no estamos listos para manufacturar. El volumen todavía es distante y los costos tampoco nos ayudan mucho. China sigue siendo el rey”, reconoce.

Esta emprendedora también se vio en la necesidad de tener precios competitivos. Por eso, fue tratando de vender más y más hasta lo que hoy en día es Entelequia, una empresa comercializadora de desechables biodegradables en la categoría de HORECA que son hoteles, restaurantes y cafeterías.

Entelequia no era la única distribuidora de biodegradables para el Tecnológico de Monterrey, porque son varios los campus. Pero , ¿cómo consiguió más clientes? Elizabeth dice que “picando piedra como buena emprendedora aguerrida. Aunque en un principio, literal, yo rogaba para que me compraran con tal de quitar el unicel”.

Empezó el negocio vendiendo solo 200 cajas al mes. Ahora distribuye más de 2,000 y cuenta con 200 productos elaborados a partir del trigo, fécula de maíz, caña de azúcar y celulosas en general. Entre ellos: bolsas, platos, cubiertos, popotes, contenedores, vasos, servilletas, papel, envases, entre otros. Ya tiene una tienda online con envíos a toda la República Mexicana y dos socios, con los que genera 42 empleos directos, algunos para personas con capacidades diferentes.

“Un proyecto puede comenzar sin pies ni cabeza. Lo importante es que te entregues a lo que decides hacer y solito se va construyendo el camino. Yo jamás hice un Business Model Canvas. Hoy tengo un modelo de negocio muy sencillo (compra y venta de empaques biodegradables), pero no fue hecho a mano, sino practicado”.

La historia de Elizabeth como emprendedora comenzó a escribirse en 2011 y en 2015 constituyó legalmente Entelequia con sus dos socios: Juan Francisco García y Sergio Galindo. A Juan lo conoció en la universidad, es ingeniero y encargado del desarrollo de producto. Sergio se sumó después, él es licenciado en finanzas y está al frente de esa área. Ella lleva la parte comercial.

“Sergio era nuestro competidor y fue él quien nos propuso que nos uniéramos; Juan y yo no queríamos. Pero Sergio contaba con toda una gama de lujo que nosotros no teníamos. Lo que pasó es que al juntarnos potencializamos la marca y fue ahí cuando empezamos a crecer. La verdad es que fue una buena decisión de negocio”.

La fundadora de Entelequia cuenta que nunca han tenido socios capitalistas. Su crecimiento es 100% orgánico. Al año crecen entre 22 y 28%. Pagan lo básico y hacen una reinversión constante. “Estuvimos en Shark Tank e hicimos un deal, pero todavía no lo hemos aterrizado. No estamos cerrados a que entren inversionistas a la compañía”, expresa.

En 2017, Elizabeth y sus socios crearon la empresa E6PR (Eco Six Pack Ring) que produce aros biodegradables para los paquetes de cerveza. La hicieron aparte de Entelequia porque participó otra compañía en el desarrollo llamada We Believers.

El valor agregado

Entelequia logró crecer por la estrategia de la marca: ser los primeros en imprimir el logotipo del cliente en los desechables biodegrables. Actualmente tienen su propio taller de impresión. “Nuestros diferenciadores claves son dos: variedad de productos y la impresión personalizada. Al ser dueños de las máquinas podemos controlar mejor la calidad, los insumos y la eficiencia de los tiempos de entrega”, explica.

A la mercadóloga de profesión le funciona mucho el ser realmente una apasionada de la responsabilidad ambiental y social. “Mi prioridad no es vender, sino asesorar a las empresas para que cuiden el planeta. Esa es la premisa”.

Otro factor clave de éxito ha sido estar atentos a lo que dice el mercado. “A veces los emprendedores creemos tener la verdad absoluta y hay que escuchar siempre al consumidor honesto. Los comentarios negativos son los que nos sirven”, asegura.

En Entelequia lo primero que hacen es ayudar a los negocios a que reduzcan el uso del plástico y con lo que se queden de desechable pasarlo a biodegradable. Después realizan una campaña para que el cliente sepa que están usando el biodegradable e internamente se les da a los colaboradores un taller para sensibilizarlos en la parte ambiental. 

Los productos que comercializa Entelequia están elaborados a partir del trigo, fécula de maíz, caña de azúcar y celulosas en general / Imagen: Shutterstock

Los desechables biodegradables se reintegran a la tierra o el mar en un periodo de entre tres meses y un año. A diferencia del unicel que tiene un promedio de uso de cinco minutos y tarda de 100 a 1,000 años en reintegrarse al ambiente.

A partir de diciembre de 2020 quedarán prohibidas las bolsas de plástico, al menos que sean compostables o biodegradables. Esta ley también incluye vasos y sus tapas, popotes, cubiertos, palitos mezcladores, platos, entre otros, así lo anunció la Comisión de Preservación del Medio Ambiente, Protección Ecológica y Cambio Climático. Esto podría representar más oportunidades de crecimiento para Entelequia.

Con carácter de guerrera

Como la mayoría de sus compañeros de la carrera, Elizabeth quería ser directora de marca de una gran empresa y ganar muy bien. Durante la carrera fue a Chiapas en dos veranos a una comunidad indígena y le encantó. Ahí descubrió que tenía una conexión y una responsabilidad fuerte con el medio ambiente.

En sus comienzos como emprendedora, su mamá le decía: “‘¿Te pague la universidad para vender vasitos y platitos?’. Yo lloraba. No ganaba dinero ni para mí; tenía que hacer otra cosa para mantenerme”. Pero gracias a la formación que tuvo como scout se sobreponía a la frustración. Pensaba: “No pasa nada. Esa es la percepción de mi mamá. Hay frustración, pero yo sé lo que quiero y voy a resistir”.

Hoy Elizabeth tiene una base sólida de liderazgo y tolerancia y se lo atribuye a su formación como niña exploradora. “Los scouts te forman un carácter de guerrera y en el emprendimiento todos los días es una página nueva, no sabes qué va a pasar”. 

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