¡Cuida tu chamba! Las cuatro (verdaderas) razones por las que te podrían despedir

Ojo: No es tu falta de talento, es tu falta de carácter.
¡Cuida tu chamba! Las cuatro (verdaderas) razones por las que te podrían despedir
Crédito: yacobchuk | Getty Images
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Tenemos muy en mente la imagen que aparece en muchas películas: la del jefe malvado que está esperando el más mínimo error para explotar, gritar y despedir a sus empleados; o simplemente decir, con un chasquido de dedos “estás despedido” y seguir leyendo su periódico. Tanto mi experiencia personal en la asesoría con muchas empresas como una serie de encuestas realizadas en diversas partes del planeta, indican que el asunto no es tan sencillo.

En general, una empresa prefiere no despedir a un empleado, a menos que tenga razón grave y suficiente. La mayoría de las compañías están dispuestas a darte una segunda o hasta una tercera oportunidad. Por un parte, un despido siempre implica un gasto de tiempo y dinero, y un riesgo que prefieren evitar; por otra, los buenos empresarios saben que la formación de un equipo de excelencia lleva tiempo. Despedir a la primera no es, ni de lejos, lo más común en el mercado.

Por supuesto, existen jefes tóxicos y empresas con ambientes de trabajo negativo. Si te encuentras en esta situación, busca ayuda. Muchas veces podrás encontrar un entorno mejor dentro o fuera de la misma empresa. Pero hoy no vengo a hablar de tus jefes: vengo a hablar de ti.

Un trabajo es una oportunidad importante, no solo para ganar un sueldo, sino también para aprender, formar relaciones, crecer como persona y aportar algo a la sociedad. ¡Si tienes un trabajo, aprovéchalo al máximo! Estas son las cuatro principales razones por las que una empresa se rinde y da las “gracias”.

1. Falta de compromiso

Ante todo, recuerda que un trabajo no es solo una “relación legal” o “laboral” entre una empresa y un empleado. Es, sobre todo, una relación humana, un intercambio de confianza entre la persona que te contrata y tú. Es una relación de confianza con miras a un proyecto más grande. Hacer tu trabajo y pagar el sueldo, son solamente dos componentes en una ecuación mucho más grande. 

Como en cualquier relación humana, son las pequeñas cosas las que van sumando o restando puntos en la “cuenta de cheques”. Cosas como faltas en la puntualidad –al entrar y al salir- que pueden parecer muy pequeñas, mandan un mensaje más grande y profundo; el del interés y el compromiso. “Quizás no voy a despedir a una persona que suele llegar un par de minutos tarde –dice Luis, director de una empresa inmobiliaria- pero tampoco la voy a considerar para un aumento o un mejor puesto”. 

Graba esto con letras de oro: las personas que hacen su trabajo se mantienen en su trabajo. Las personas que dan el extra suben en la organización. Si eres empleado, no plantees tu trabajo bajo el parámetro de “esto me pueden exigir, esto no” y “yo hago solo aquello para lo que me pagan”. En el fondo, el mensaje sigue siendo el mismo: el del interés y el compromiso. 

Tu empresa tiene obligación de capacitarte, cierto; pero tú también, de capacitarte. ¡No seas un empleado pasivo! Sé proactivo, innovador, propositivo, llega un poco antes, estudia por tu cuenta, busca soluciones, conoce la misión de la empresa; conviértete en un “intrapreneur” y pronto tus jefes se darán cuenta; y si no, habrás aprendido lo suficiente para crecer por tu cuenta. ¡No existe trabajo chico para una mente proactiva!

2. Falta de inteligencia emocional

La NOM035 entró en vigor y ahora las empresas tienen que cuidar la salud psicosocial de sus empleados. Asuntos como el estrés, la violencia y la excesiva carga de trabajo son parte de las obligaciones de la NOM, pero para las buenas empresas siempre han sido prioridad. Y también debería ser prioridad para ti.

Dime, ¿te tocan “siempre” malos jefes? ¿Siempre estás estresado, independientemente del trabajo que tengas? ¿Todos tus colegas “la traen contra ti”? ¿Siempre encuentras un enemigo con quién pelear? ¿Cada seis meses o un año tienes que estar buscando trabajo porque no te aprecian, no te respetan o “no te hayas”?

Cuidado: es muy probable que el problema no esté en tus jefes o en tus colegas, sino en un lugar mucho más cercano: en el espejo.

Poco importa si eres un gran ingeniero o un excelente contador, si no puedes relacionarte de forma sana con tu entorno de trabajo, pronto te sentirás incómodo… y tus jefes también. Uno de los síntomas más comunes de la falta de inteligencia emocional es la interiorización indebida de impulsos; es decir, tomarse como personales las cosas que no lo son. 

Esto nos lleva a asignar falsas responsabilidades: culpamos a nuestros jefes de nuestra falta de orden; a nuestros colegas por nuestra falta de sueño y a nuestros clientes por nuestra falta de atención. El resultado siempre es el mismo: a los pocos meses ya no aguantamos, ni nos aguantan. 

Aunque otros puedan no ser perfectos, la responsabilidad de tu trabajo y tu carrera es siempre, todo el tiempo, 100% tuya. Si otros son envidiosos, perezosos o violentos, deja que sea problema de ellos, no tuyo. Aprende a decir “me siento triste” o “me siento enojado” como hechos temporales (igual que “tengo hambre”, “tengo sueño”) y haz algo al respecto, en vez de dejar que arruinen tu día… ¡o tu vida!

3. Errores de comunicación

Como ya hemos visto, la comunicación es una relación. En principio, tu jefe no solamente quiere que hagas bien tu trabajo porque es bueno para la empresa, sino también porque quiere verte crecer, desarrollarte y ser feliz. Quizás te suene cursi, pero es uno de los impulsos biológicos más naturales en el ser humano: cuidamos a aquellos que son de nuestra familia, nuestra tribu, nuestro equipo.

No importa cuán bueno sea tu jefe, una cosa es cierta: no es un adivino y, como tú, tiene mil cosas en la cabeza. Tu tarea es abrir las vías de comunicación para que exista el diálogo. Empieza por donde empiezan las buenas conversaciones: por escuchar. Es necesario que preguntes y sepas lo más que puedas sobre la empresa, el negocio y el proyecto en el que te encuentras. ¡Eso es tarea tuya! Si solo te limitas a seguir instrucciones como caballo con los ojos tapados, entonces nunca sabrás realmente a donde van todos, y no tendrás mucho que aportar.

Así que lee, investiga, pregunta y empápate de lo que es tu negocio, su misión y su visión. Vas por buen camino.

Una vez que has escuchado, te ganas “el derecho de hablar”. Expresa a tu superior no solo tus quejas o ideas para tu propio puesto, sino para el negocio. Siempre estará interesado –si es buen jefe- en escuchar ideas sobre cómo facilitar procesos, vender más o producir mejor. Escuchar mucho y dar mucho va ganado puntos en la “cuenta de cheques” y abren la comunicación a otro nivel. 

Si has escuchado y has dado, entonces te ganas “el derecho” de pedir. Como ya dijimos, tu jefe no es adivino, así que hazle saber tus expectativas personales, tus proyectos y tus intereses. No solo digas “quiero un aumento” ni, mucho menos, creas que “ya te toca” un aumento solo porque sí. Mejor di “puedo hacer más”, “creo que puedo tomar esta responsabilidad” o incluso “me gustaría ser considerado para tal o cual proyecto”. Si antes has demostrado que puedes dar el extra, seguramente te considerarán con seriedad.

Por último, cultiva y abona las relaciones de comunicación con todos tus colegas en el trabajo –no solo con tus jefes-. Habla y pregunta a las personas sobre su vida, su familia, sus propios sueños y proyectos. Tienes que conocer de nombre a todos, desde el presidente hasta el barrendero, y apreciarlos a todos por igual, con sinceridad. Para algunos esto es más natural que para otros, pero no se requiere de un talento especial para preguntar el nombre o enviar un mensaje el día de su cumpleaños. El resumen es este: forja relaciones humanas, no solo laborales, y pronto verás espacios de mejora que requerirán de tu atención. Es decir, te convertirás en un líder asertivo y natural. 

Cuando es hora de recortar la nómina, los primeros en irse son los que no forman parte del equipo, de la familia o la tribu. Y cuando es hora de buscar líderes para nuevos proyectos… ¿a quién crees que van a elegir? Tener buenos hábitos de comunicación es uno de los mejores seguros laborales que existen. 

4. Lo indefendible

Por supuesto, esto no tendría ni que decirse, pero a veces damos muy poca importancia a cosas que son, sencillamente, terribles y que no debes hacer nunca, bajo ninguna circunstancia.

Robar es robar, aunque sea una pluma o un paquete de papel. Aunque un clip sea muy poco, es suficiente para causar un daño irreparable a la confianza. Perder demasiado tiempo, llegar demasiado tarde o hacer otras cosas en horario de trabajo son razones legales y obvias de terminación laboral, así que… ¡mantente atento! Llegar borracho, crudo o “viajado” al trabajo... ¿Hace falta decirlo? Ni de broma. 

Las razones para despido que más han crecido en los últimos son las relacionadas con las redes sociales.  Nunca, por ninguna razón, bajo ninguna circunstancia, hables mal de tu trabajo, tu jefe o tu empresa en tus redes sociales, ni siquiera con “indirectas” o mensajes crípticos y misteriosos.  Ten en cuenta que tus redes son tu tarjeta de presentación y tu rostro al mundo exterior, así que ten conciencia de lo que pones allí, aunque sea fuera del horario de trabajo: qué fotos subes, qué comentarios, chistes y páginas compartes. 

Las redes sociales son, hoy por hoy, un 22% de las causas de despido en Estados Unidos y Europa y, aunque no tengo el número para México, estoy seguro de que no estamos lejos. Las redes sociales son el Currículum moderno, y no solo te ayudarán a avanzar en este trabajo; también te apoyarán para conseguir el próximo, si sabes usarlas bien.

Habla de lo que eres, de lo que haces y de lo que te apasiona. Deja que el mundo te encuentre. Para eso sirven, y sirven muy bien.

Por último, en el trabajo, respeta a tus compañeros y a tu empresa. Si no te gusta, renuncia. Pero agredir, mentir, inventar chismes, traicionar, hablar mal de otros, etc., es algo que nunca, en ningún lugar debes hacer. Y si lo haces, no te hagas el sorprendido cuando de pronto te llamen para decirte que gracias, que ha sido un placer. 

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