El día que Arianna Huffington se cayó y aprendió el poder redentor de dormir bien

Un colapso por cansancio extremo llevó a una de las mujeres más influyentes del mundo a transformar su estilo de vida y a fundar una compañía que solo busca una cosa: enseñarnos a vivir (y a dormir) mejor. Esta es la historia de su accidentado emprendimiento.
El día que Arianna Huffington se cayó y aprendió el poder redentor de dormir bien
Crédito: Gotham | Getty Images
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La imagen de la mujer tirada ahí no era precisamente un retrato de cómo vislumbramos el éxito. Ella estaba inconsciente en el piso de su casa, con el pómulo fracturado, la ceja abierta y la sangre chorreando sobre el piso. Tan solo unos segundos antes Arianna había estado en control absoluto de la situación: hablaba por teléfono, revisaba su correo electrónico y resolvía simultáneamente un centenar de pendientes relacionados con el pequeño gran emporio digital que había logrado construir en tan solo un par de años: el Huffington Post.

El medio de comunicación, surgido en mayo de 2005 como una plataforma para dar voz a cientos de blogueros, se había transformado en un verdadero fenómeno editorial y Arianna Huffington en una de las mujeres más influyentes del mundo. Combinando una colección de voces (entre las que se encontraban celebridades y políticos como John Cusack, Bernie Sanders, Madonna y Bill Clinton) con las plumas de un centenar de blogueros y una redacción concentrada en generar contenido noticioso, el Huffington Post logró revolucionar el consumo de información y desafiar a gigantes como The New York Times o The Washington Post que en aquel entonces apenas comenzaban a entender cómo operar en un mundo devorado de pronto por los ecosistemas digitales.

Ni la misma Arianna hubiera podido imaginar el éxito que su emprendimiento tendría.

Tampoco sus consecuencias.

Sin darse cuenta la mujer, hiperactiva por naturaleza, pasaba demasiadas horas trabajando en el proyecto. Se obsesionaba con los detalles y acompañaba a sus colegas y compañeros en los distintos procesos para asegurarse de que todo funcionara a la perfección. Ella había logrado crear la plataforma de blogging más robusta del planeta y como si eso no bastara, seguía escribiendo libros –antes del Huff Post publicó varios best sellers–, además de cuidar de sus dos hijas adolescentes tras el divorcio de su marido años atrás.

Pese al éxito, la vida entera de Arianna giraba alrededor del trabajo y rara vez había espacio para el descanso. Su agenda estaba perpetuamente saturada y el ritmo laboral de un medio de comunicación digital la obligaba a despertarse temprano cada día y a dormirse tarde cada noche. Su jornada laboral era de 18 horas, los siete días de la semana y rara vez hilaba más de cinco horas de sueño.

LA ANGUSTIA Y EL HALLAZGO DE LA HERMANA

La imagen de la mujer tirada ahí no era precisamente el retrato de cómo Agapi vislumbraba el éxito de su hermana. Al verla inerte sobre el frío piso de su despacho en el millonario departamento que ambas compartían, ella creyó que Arianna había muerto. Tras recuperarse de la impresión inicial, Agapi llamó a una ambulancia para que llevara a su hermana al hospital. La caída le había provocado la fractura de un pómulo y una herida profunda en una ceja. Lo que siguió fueron una serie de estudios para descubrir qué era lo que le había ocasionado el desvanecimiento súbito.

Nerviosa, la mujer y sus familiares esperaban lo peor: un tumor, un problema cardiaco o alguna enfermedad terminal. Pero una decena de análisis y estudios médicos confirmaron lo que Arianna Huffington padecía: agotamiento extremo.

Ella estaba sana, pero había llevado a su cuerpo a un punto de quiebre y este había comenzado a rebelarse, a dejar de funcionar, exigiéndole que hiciera un alto en el camino.

Tras el diagnóstico médico, Arianna empezó a cuestionarse su estilo de vida, su manera de existir y el modo en el que medía su propio desempeño. Al igual que la mayoría de nosotros, la empresaria había crecido con la idea de que era el trabajo perpetuo y extenuante el que la llevaría más lejos. Si quería mantener el éxito que había alcanzado, estaba obligada a trabajar sin parar. Jornadas extremadamente largas, pocos días de descanso, desmañanarse y desvelarse: ese era el tributo que los dioses del mundo laboral le exigían para triunfar.

Eso, y estar disponible las 24 horas los siete días de la semana para poder atender cualquier problema que pudiera emerger. En su lujoso mundo no había sábados ni domingos, no había asuetos ni días de fiesta. Su agenda la regían los cientos de notificaciones que llegaban sin tregua a su celular. Las pantallas la mantenían alerta, recordándole que siempre había un pendiente más por resolver, una llamada más que atender, un mensaje más que enviar, una batalla más por librar.

El tiempo real la torturaba y ella se rendía sin poner resistencia, porque así lo dictaba el mundo empresarial. Pero de ese desvanecimiento, de ese pómulo fracturado surgiría el cuestionamiento que transformaría a Arianna Huffington y que implicaría el nacimiento de una nueva filosofía de vida, de una nueva empresa.  

LAS OCHO HORAS DE JEFF BEZOS

La caída fue solo el principio de la travesía.

Arianna sabía que su cuerpo no soportaría el ritmo al que había sido sometido durante mucho más tiempo, así es que tomó la determinación de cambiar su estilo de vida drásticamente. Comenzó a leer, a investigar, a hacer entrevistas y a documentar sus hallazgos solo para descubrir que no estaba sola: el cansancio crónico, el agotamiento extremo, el síndrome del burn-out y las pocas horas de sueño, eran como una epidemia de la que nadie hablaba.

La gente cuidaba su alimentación, a veces de manera obsesiva; la gente hacía ejercicio y entendía los beneficios que este brindaba.

Pero muy pocos dormían lo que debían.

Socialmente, el sueño y el derecho al descanso estaban sobrevalorados. La maquinaria empresarial era movida por millones de empleados que obedecían los preceptos de deidades ataviadas con saco y corbata, que siempre juzgaban tomando en cuenta las horas trabajadas. El veredicto era siempre el mismo: ni todas las horas del mundo serían suficientes. Siempre habría un pendiente más que resolver y la única manera de encontrar tiempo para hacerlo, era robándole horas al sueño.

Fascinada por su hallazgo, Arianna siguió investigando solo para descubrir que, entre los muchos, había unos cuántos que sí dormían. Seres extraordinarios para quienes el sueño era sagrado: Jeff Bezos, el hombre más rico del mundo y fundador de Amazon, tiene la disciplina de cumplir con sus ocho horas de sueño cada noche; Tom Brady, el ya legendario quarterback de los Patriotas de Nueva Inglaterra, se va a dormir sin falta a las 8:30 p.m.; Roger Federer, uno de los mejores tenistas que ha pisado la faz de la Tierra, duerme entre 11 y 12 horas por noche, sabiendo que, de no hacerlo su cuerpo podría lesionarse en el siguiente encuentro; Lebron James, la estrella de los Lakers de Los Ángeles, también hila 12 horas de sueño como parte de su indispensable rutina.

Individuos tremendamente exitosos, ocupados, llenos de compromisos, que encontraron la manera de ver lo que permanece invisible en el mundo en el que hoy operamos: el poder redentor que tiene el sueño.

Tras haber vivido en carne propia las consecuencias de la falta de sueño, Arianna se convirtió en una portavoz no solo del derecho al descanso, sino que de un estilo de vida capaz de transformarnos en la mejor versión posible de nosotros mismos.

La caída de Arianna fue el primer paso para que ella eventualmente vendiera The Huffington Post y fundara Thrive Global, empresa que genera contenidos editoriales que le ayudan a la gente a aprender a vivir y a trabajar mejor. En 2017 la mujer publicó La revolución del sueño (The Sleep Revolution) un libro en el que invita a cada uno de nosotros a iniciar esa revolución pendiente: la del sueño.

Una revolución que implica cambiar nuestros hábitos y las ideas con las que hemos coexistido desde que nacimos, además de alejarnos, al menos 30 minutos antes de dormir, de las pantallas y notificaciones que nos exigen atención perpetua.

Entre otras cosas, lo que Arianna nos pide es que cada noche dejemos de lado los pendientes, el trabajo y la tecnología para sumergirnos en un sueño profundamente reparador, para abrazarnos a nosotros mismos, para descubrir nuestro verdadero potencial y así, despertar transformados.

Arianna Huffington participará este 23 y 24 de octubre como uno de los ponentes en World Business Forum organizado por WOBI en la Ciudad de México. 

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