Cuidado con el romanticismo emprendedor: no te 'enamores' de la idea de emprender

La realidad de poner un negocio va más allá de simplemente presentarte como el "CEO del próximo Uber".
Cuidado con el romanticismo emprendedor: no te 'enamores' de la idea de emprender
Crédito: Depositphotos.com

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Mucho se dice sobre los beneficios de emprender y el emprendimiento. Desde el enfoque económico es clara su contribución en el desarrollo económico de un país y la oportunidad que genera para sumar a la movilidad social. De manera profesional, cuando las personas deciden emprender adquieren habilidades, capacidades y conocimientos que no siempre se desarrollan en un empleo tradicional. Así mismo también existen beneficios personales, como la satisfacción de estar trabajando en algo propio.

Sin embargo, alrededor de este punto - el de los beneficios personales que genera emprender – es donde se ha creado una idea romántica sobre lo que realmente conlleva emprender y que le ha dado mucha de su popularidad. 

Esta idea romántica es la que más ha sido explotada ya sea desde campañas de publicidad de empresas, tratando de conectar con una audiencia “emprendedora”, o por medio de autoproclamados “expertos” y “gurús” de los negocios que comparten su sabiduría en redes sociales en temas sobre emprendimiento ya sea desde una alberca, alguna ciudad exótica o enfrente de un auto deportivo (y no sé por qué todos usan barba y trajes llamativos) y, lo que me parece lo peor, desde organizaciones de “apoyo” que han encontrado en el romanticismo emprendedor su modus vivendi.

Y aunque el romanticismo emprendedor ha servido para que el emprendimiento permee en la sociedad, con un mayor interés de las personas en emprender su propio negocio, también ha ocasionado que se tenga una falsa expectativa sobre las implicaciones de emprender.

Aquí te comparto algunas de las creencias románticas sobre el emprendimiento y su comparativo en la realidad:

Haz de tu pasión tu negocio

La idea de que tu emprendimiento debe de generarse desde algo que te apasiona es la más representativa del romanticismo emprendedor (en todo romance hay pasión) y es claro por qué: el sueño de disfrutar el trabajo es de los más comunes de las personas, al fin si es tu pasión quiere decir que te gusta y por ende lo disfrutarás. 
Sin embargo, el emprendimiento se trata más de oportunidad que de pasión. El negocio en sí no tiene que generarse desde algo que te apasione, si no desde una oportunidad que identifiques y decidas aprovechar. Al final no se trata de trabajar en algo que disfrutes sino que disfrutes tu trabajo sin importar cuál sea. 

Tienes que ser disruptivo

La disrupción de los negocios es otra constante en el romanticismo emprendedor. Hacer algo que nunca nadie ha hecho, transformar industrias completas, ser el más innovador de todos, es parte del discurso al presentar emprendimientos románticos. 

En realidad emprender no se trata de hacer algo “disruptivo” o “innovador” – ambas palabras ya muy gastadas – si no de ofrecer valor a tus clientes. Ya sea a través un producto o un servicio, este valor puede crearse de manera tradicional. Eso sí debes considerar tener una característica diferenciadora, pero es no es lo mismo que hacer algo nunca antes visto. 

Puedes levantar millones sólo con una presentación

Parte del juego de emprender es obtener el financiamiento para hacer realidad tu negocio. Más en el mundo de las startups se busca constantemente inversionistas que apuesten por llevar a cabo tus ideas. En el romanticismo emprendedor se dice que sólo necesitas una buena presentación para que alguien crea en tu idea y decida darte el dinero para hacerla realidad. 

Lo cierto es que los inversionistas necesitan mucho más que una presentación para decidir invertir. Lo más importante para levantar capital es contar con una tracción comprobada, aquellos resultados que demuestren no sólo que estás creciendo sino que estás generando un buen negocio, además de una proyección clara del retorno que tendría la inversión requerida. 

Trabaja menos, gana más

Hay una imagen que circula en redes sociales sobre las diferencias en los días entre un empleado y un emprendedor, en la cual en la agenda del último se encuentran actividades como “GYM”, “Capacitación”, “Familia” y hasta aparece la palabra “Libre” en dos horarios diferentes. ¿A quién no le gustaría trabajar menos horas, y ganar más al mismo tiempo? Pero la creencia de que los emprendedores tienen más tiempo libre o un mejor balance vida-carrera, también forma parte del romanticismo emprendedor. 

Hay una frase que describe muy bien la realidad: Emprender es dejar de trabajar 40 horas para alguien más, y dedicar 100 horas de trabajo para ti. Es muy fácil cumplir un horario laboral cuando eres un empleado, de acuerdo con tu obligación y responsabilidades, pero cuando eres un emprendedor tienes que dedicarle más que el doble porque sabes que tu negocio depende de ti principalmente y luego de tus empleados. 

Aunque la visión romántica sobre emprender tiene su lado positivo al lograr que más personas consideren abrir sus propios negocios también tiene su lado negativo al crear falsas expectativas sobre el emprendimiento y que lleva a las mismas personas a decepcionarse de la realidad y renunciar a sus ganas de emprender.

Lo ideal es que quienes hayan decidido emprender por la visión romántica, se mantengan en el camino emprender con una visión más profesional y así aprovechar al máximo sus ganas de emprender. 

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