El fundador de MeUndies fue a la cárcel y se hizo amigo de un ladrón de bancos... Y esto fue lo mejor para su negocio

Las relaciones y las lecciones aprendidas tras las rejas ayudaron a generar el éxito de la empresa.
El fundador de MeUndies fue a la cárcel y se hizo amigo de un ladrón de bancos... Y esto fue lo mejor para su negocio
Crédito: MAX-O-MATIC
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Era demasiado temprano. Y había demasiado ruido.

Shok, como se le conocía en la cárcel al fundador de MeUndies, se despertó, molesto. Este hombre de 29 años, originario de Beverly Hills, se había acostumbrado a dormir en una celda, pero dormir bien solía ser complicado, considerando que su cama estaba justo frente a la “sala de televisión de negros” (como todos la llamaban). Los chicos podían hacer ruido ahí. Y esta mañana, mientras los pasillos de la prisión seguían callados, estaban teniendo una animada conversación sobre política con la puerta abierta. Delgaducho como se había puesto desde que estaba en la cárcel, Shok se levantó decidió a cerrar la puerta, incluso si esto desataba una confrontación.

Lo que encontró a la mitad de esa habitación fue a un tipo intimidante llamado Grease, que no estaba nada feliz de verlo, y que para sorpresa de ambos, terminaría ayudándolo a definir una nueva dirección para MeUndies. Pero en ese momento, nadie hablaba de negocios. La pregunta era quién de ellos terminaría en una camilla, y realmente no había mucha duda. Empecemos.

SHOK / Código Postal 90210

A principios de 1985, Jonathan Shokrian nació en el seno de una familia de judíos persas de Beverly Hills. La mayoría había huido en la revolución de 1979, cuando Irán se convirtió al Islam, y pensaban que regresarían cuando todo hubiera terminado. Pero Shokrian creció percibiendo la lucha de una comunidad que se sentía atrapada, atorada en donde estaban. “Había una gran crisis de identidad entre el viejo mundo del que venían nuestros padres y este nuevo mundo en el que estábamos viviendo” dice. “Me decían cómo debía vestirme, con quién debía salir. Me obligaron a tomar clases de Farsi y me prepararon para hacerme cargo del negocio familiar”. Ni siquiera había terminado lo que estaba estudiando en la Universidad Southern Methodist de Texas cuando tuvo que empezar a trabajar en la empresa de bienes raíces de su padre.

Pero a Shokrian ese negocio se le hacía demasiado impersonal y despiadado. Al mismo tiempo, se comparaba con sus amigos de la infancia que estaban haciendo cosas increíbles. Habiendo escapado como el vapor de una olla de presión, se alejaron de la comunidad judío persa y estaban lanzando algunas de las startups más interesantes del momento, empresas como FabFitFun, Alfred Coffee y Sweetgreen. Shokrian podía sentir la intensidad de su emprendedurismo, motivándolos no solo a ser parte de la cultura americana sino a definirla. “Nunca me había emocionado tanto algo. Empecé a pensar obsesivamente en qué iba a hacer que fuera mío” dice.

En 2011, Shokrian estaba empacando para una vacación en Europa con el cofundador de Sweetgreens, Jonathan Neman, y tuvo que correr a Macy’s para comprar ropa interior. En el centro comercial Northpark de Dallas, se sintió avergonzado de tener que preguntarle a una empleada mujer por el departamento de ropa interior masculina. (“Sé que suena tonto” dice). Luego pagó casi $30 dólares por unos calzones Calvin Klein que no le quedaron bien. Durante el viaje platicó del asunto. “Teníamos jetlag, tomando café en una cafetería de Amsterdam, y Jon dijo ‘Alguien debería hacer mejores calzones y venderlos en línea’” dice Neman. “Y literalmente se metió a internet donde se encontró con que un tipo tenía el dominio de underwearclub.com y le ofreció $5,000 dólares por él. Así es Jon hace las cosas”.

El trato no cerró, pero durante el viaje, Shokrian decidió que el nombre de su naciente empresa debía tener más actitud. “Yo batallo con temas de imagen corporal y confianza” dice, “y todos los anuncios que veía eran tan ajenos, como si tuvieras que tener cuadritos marcados o alas en la espalda”. Quería construir una empresa que hiciera sentir bien a todos usando ropa interior, lo que implicaba que el mensaje debía ser tan cómodo como la tela. Le gustó la palabra que usan los ingleses para la ropa interior, “undies”, y como el núcleo de la empresa tendría que ver con la autoexpresión, Shokrian agregó el “me” al inicio. Y ahí estaba: MeUndies.

De regreso en Los Ángeles, encontró a un estudiante de diseño en Craiglstist para ayudarlo a diseñar los primeros prototipos. Luego se propuso juntar dinero. Él había invertido anteriormente en las startups de sus amigos, así que había llegado el momento de cobrar el favor. También pidió dinero a una nueva incubadora llamada Science, que estaba ayudando a construir algunas de las empresas más grandes que iban directo a los consumidores a través de suscripciones. Dollar Shave Club estaba ahí, lo mismo que DogVacay. Shokrian quería que MeUndies tuviera un modelo de suscripciones, que en teoría crearía una ganancia recurrente, ahorrándole a la gente las visitas incómodas a Macy’s. “Cuando Jonathan me mostró sus diseños” dice Mike Jones, cofundador de Science y exCEO de MySpace, “vi que tenían una hermosa mezcla de modernidad, frescura, y construcción de conformidad sin género. Se sentía como antiVictoria’s Secret, y antiJockey. Y tenían esa sensación de pertenecer a una nueva generación”.

Pero Shokrian no terminó siendo la estrella de Science. Ese honor fue para Dollar Share Club, que se hizo rápidamente popular (y que se vendió más tarde por mil millones de dólares). En MeUndies la historia fue diferente. Seis meses después de haber lanzado en diciembre de 2011, el equipo de Shokrian estaba amontonado en la oficina de su padre, sin dinero y casi sin inventario. Pensó en renunciar pero decidió darle una última oportunidad con un préstamo de su padre para comprar más producto. Eso les permitió sobrevivir hasta Navidad y le dio a MeUndies sus primeros $100,000 dólares mensuales. Con ese impulso, Shokrian fue a levantar más financiamiento y tuvo interesados. “El mercado básico estaba estancado” dice Tyler Winklevoss, quien terminó invirtiendo “y no era atractivo para el consumidor moderno, ni en sensibilidad ni en calan de compra. Estaba listo para un nuevo jugador más fresco”.

Shokrian consiguió un millón de dólares y mudó a MeUndies a su propia bodega. Mientras empujaba implacablemente para vender productos, sus tácticas a veces estaban en desacuerdo con su ambición de construir una marca positiva para el cuerpo. “En ese momento, todas las grandes marcas utilizaban de alguna forma contenido sexualizado para llamar la atención” dice. “Al inicio, era todo lo que sabía”. MeUndies contrató modelos seductores que mostraran su ropa interior e incluso lanzó calcetines en un nuevo sitio exclusivo de pornografía. “Me siento muy orgulloso de algunas de nuestras primeras campañas, pero de otras no tanto” admite.

Independientemente de lo que se dijo, y considerando que la gente dijo muchas cosas, la estrategia le triplicó las ganancias. Para 2013, el equipo, ya con 10 personas, había sobrevivido.

“Y entonces aparecieron agentes de la EPA (Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos) en mi puerta para decirme que me iban a detener” dice Shokrian.

GREASE / Centro sur de Los Ángeles

Mientras Shokrian crecía en uno de los barrios más elegantes, un pequeño llamado Joe Nickson estaba creciendo en el centro sur de Los Ángeles, famoso por sus pandillas como los Neighborhood Crips y los Bloods, y por la droga.

El padre de Nickson administraba la logística de una empresa de seguridad; su madre trabaja como enfermera a domicilio. Se separaron cuando Nickson tenía unos 6 años, y enviaron a su hijo (su único hijo juntos) a una escuela en el suburbio de San Fernando, para que no se metiera en problemas.

Nickson amaba sus clases pero se sentía dividido entre dos realidades. “Iba a diferentes pijamas, tenía diferentes formas de hablar” dice. “En la primaria escuchaba sobre Tony Hawk y cuando regresaba a casa escuchaba los discos de Snoop Dog y Eazy-E. Me sentía identificado con ambos mundos, pero nunca sentí que perteneciera a ninguno. Así que durante la adolescencia empecé a revelarme, intentando encajar”.

A los 16 se unió a la pandilla Neighborhood Crisps y empezó a robar. La cosa era así: Nickson, que se ganó el apodo de Grease (grasa o mantequilla) porque era muy ágil como para que lo atraparan, se paraba junto a su banda, vestidos como basketbolistas vendiendo dulces, o se ponían camisetas con corbatas negras y entregaban panfletos pretendiendo ser Testigos de Jehová. Así iban a las zonas más ricas de la ciudad y tocaban a la puerta. Si nadie abría, se metían. Dice que todo terminó abruptamente cuando una de las casas que robaron resultó ser de un fiscal de distrito. La computadora que Nickson robó tenía un rastreador.

A Nickson lo enviaron a un campamento de bomberos, una alternativa a la cárcel para los que no tenían antecedentes penales. Estuvo ahí unos cuantos meses. Cuando regresó a casa, un miembro de la pandilla de los Bloods se paró frente a él, en su Camaro, bajó la ventana y le aventó un sobre. “Cuando estés listo para ganar dinero, me hablas” le dijo. El sobre tenía $5,000 dólares en efectivo. Nickson cedió y pronto estaba robando bancos.

En cuatro meses, su pandilla robó más de 10 bancos. “Se nos salió de las manos” dice. Pero hay una ocasión que recuerda particularmente: Estaba armado y llevas una máscara, robando una sucursal del Bank of America el 12 de marzo de 2001. Ya había llenado sus bolsas con efectivo y se alejaba de un letrero que decía, de entre todas las cosas que pudo haber dicho: “Fácil acceso: ¿Qué estás esperando?” Cuando un niño, de unos 4 años, salió de la nada. “Corrió hacia mi y puso sus manos como si fueran una pistola y dijo ‘¡Alto¡’” recuerda Nickson. “Y le dije, ‘Pequeño, ¿dónde está tu mamá?’ Y ella respondió ‘Aquí estoy’”.

Nickson tomó al pequeño de la mano y se lo llevó a su madre. Esta fue la primera vez que pensó realmente sobre la gente a la que estaba victimizando. Y se dijo a sí mismo que no debía hacer lo que estaba haciendo.

Dejó de robar bancos, pero la policía lo encontró de todos modos. Nickson fue declarado culpable de conspiración y robo a un banco, y se declaró culpable de otros tres robos. El 6 de junio de 2005 lo sentenciaron a 20 años en una prisión federal. Tenía 25 años.

SHOK / Dallas

La situación de Shokrian con los federales (la razón por la que aparecieron agentes en su puerta) se remontaba a un crítico error que cometió cuando tenía 23. Antes de empezar MeUndies, trabajaba para su padre y lo convenció de comprar y arreglar un centro comercial de los 50s llamado Fazio. El lugar era una pocilga, con ratas, huecos en el techo, pisos levantados, y supuestos asbestos en el pegamento que los mantiene unidos.

Algunos tipos de asbesto no están regulados y no requieren un proceso de eliminación completo (algo que es bastante costoso). El consultor de Shokrian, según los récords de la corte, dijo que el edificio tenía este tipo de asbestos. Así que ansioso por enorgullecer a su papá y renovar rápidamente el lugar, Shokrian equipó a sus trabajadores con máscaras y respiradores, y procedió a las renovaciones. Pero el proyecto llegó a las noticias cuando los trabajadores usaron gasolina para limpiar los azulejos, algo que llamó la atención de la EPA. La agencia decidió investigar y determinó que, según las regulaciones, los asbestos tenían que ser removidos. “Intenté decirles que había sido un error sin malicia” dice Shokrian, “y que nunca hubiera arriesgado la vida de nadie de manera intencional”. Los Shokrians pagaron una multa de $500,000 dólares, se prepararon mejor en temas de asbestos, y empezaron a monitorear a sus empleados en temas de salud. Todos siguieron adelante.

Salvo que, cuatro años después, de la nada, el asunto regresó. Después de que los agentes se presentaran en su casa, lo acusaron de no haber notificado la Ley de Aire Limpio. “Nunca pensé que un juez me mandaría a la cárcel” dice Shokrian.

Pero pasó. “Este no fue un caso en el que [Shokrian] se propuso dañar el medio ambiente” dijo el juez Sidney A. Fitzwater en la audiencia que tuvo lugar en Dallas. Pero la ley es la ley: sentenció a Shokrian a pasar un año y un día en una prisión federal. El fundador de MeUndies tenía 45 días para presentarse. “Estábamos en shock” dice Neman, co-fundador de Sweetgreen, quien viajó junto con otros para apoyar a su amigo. “Sentíamos que era como la última cena”.

GREASE y SHOK / Terminal Island

Nickson llevaba 12 años de su sentencia en la prisión de Terminal Island, en la bahía de Los Ángeles (a donde lo habían transferido por buen comportamiento), cuando llegó Jonathan Shokrian para empezar su sentencia. Era el 15 de abril de 2014.

Shokrian había dejado a MeUndies en buenas manos. Había elegido a un CEO para dirigir el negocio y había llevado a su equipo a cenar para dejarlos motivados. Sabía que, como prisionero federal, no podría hacer negocios mientras estuviera en la cárcel, pero planeaba mantearse al tanto lo más posible. En la oficina, el staff de MeUndies instaló un teléfono, rojo para que fuera más dramático, especial para cuando Shokrian llamara. “Confiaba en que la empresa sobreviviría a mi ausencia” dice.

Por otro lado, su propia supervivencia no se sentía tan clara. “Tenía miedo” dice. “Es decir, vengo de esta familia judía persa muy acomodada de Beverly Hills”. Contrató a un consultor de prisión (esto existe) quien lo preparó para que no se metiera en problemas. Y una vez adentro, eso fue justamente lo que hizo Shokrian. Los otros reclusos empezaron a llamarlo Shok, y se mantuvo enfocado en escribir todos los días, leer, y en cuanto pudo tener unos tennis, en correr 80 kilómetros a la semana.

Shok pensó mucho en MeUndies y se frustraba por no poder contribuir más. Desde la cárcel podía enviar correos, monitoreados por CorrLinks, y hacer llamadas mínimas, pero tenía que tener cuidado. “Podía hacer sugerencias y que me contaran las noticias” dice. “Pero seguía siendo una línea muy muy delgada.” Noah Taubman, el primer empleado de Shok, lo visitaba regularmente. “Jon siempre llegaba con un papel en la mano y preguntaba ‘¿cómo va esto?’ ‘¿Cómo va aquello?’” Dice Taubman, senior project manager. “Nos pedía que imprimiéramos el feed de Instagram MeUndies y que se lo enviáramos por correo, y lo revisaba y nos hacía comentarios. Era irreal verlo así. Siempre quería controlarlo todo, y lo había hecho. Ahora estaba en este uniforme de la cárcel que le quedaba grande, con el cabello corto, y había perdido un montón de peso. Era de miedo”.

Pero luego, una terrible mañana, Shok dijo: a la mierda. Había tenido suficiente.

La sala de televisión

Terminal Island alberga a unos 1,150 reclusos, y, como suele pasar en las prisiones, tienden a dividirse por razas. La cama de Shok estaba justo frente a la sala de televisión que usaban los hombres de raza negra. Nickson la describe como una barbería, donde los hombres podían reunirse y conversar. Y dejaban la puerta abierta para que no hiciera tanto calor.

“Así que un día, como a las 7 de la mañana, Don Privilegios entra, nos mira, y cierra la puerta” dice Nickson. Don Privilegios era, por supuesto, Shok. Y Nickson, Grease como todos lo conocían en la cárcel, volvió a abrir la puerta. A partir de ahí, ninguno recuerda exactamente cómo llegaron casi a los golpes.

Grease: “Yo ya había pensado que si volvía a cerrarla, le iba a arrancar la clavícula de los hombros. ¿Puedes creer cuáles fueron sus primeras palabras hacia mi? ‘Lo único que escucho es tu estúpida boca’”.

Shok: “Bueno, no. Él dijo ‘Si tocas la puerta una vez más, pequeña perra, será la última puerta que toques en tu vida’. Y yo dije ‘No estaría tocando la puerta si no tuviera que escuchar tu ruidosa boca’”.

Grease: “Y tan seguro como que salió el sol, regresó e intentó cerrar la puerta de nuevo”.

Shok: “Olvidé dónde estaba. Es decir, este tipo mide como 1.80 y está marcado. Yo soy un niño judío flaquito de 1.70 y está a punto de noquearme”.

Grease: “Te voy a sacar los … o sí, lo iba a hacer. Y luego, uno de los otros chicos dijo ‘Hey, tranquilo’”.

Shok se disculó y los dos terminaron cenando juntos ese día. “La conexión fue instantánea” dice Grease.

A partir de ahí, empezaron a caminar juntos, a hacer ejercicio y compartir las comidas especiales. Hablaban sobre la vida, la familia y la integridad. Si los dos habían llevado vidas imposiblemente diferentes, compartían la sensación de estar divididos entre mundos. Shok quería entender cómo era que un tipo tan inteligente como Grease hubiera acabado robando bancos. Grease quería saberlo todo sobre MeUndies. “La energía de Grease era más de lo que jamás había visto” dice Shok. “Era apasionado, lleno de ideas, ingenioso. Siempre estaba riéndose. Éramos muy muy unidos”.

Un día, Grease llegó corriendo desde la sala de la televisión con noticias de un corredor de los Dallas Cowboys. Le dijo a Shok “Joseph Randle acaba de ser arrestado por robar ropa interior de Dillard’s. Tienes que hacer algo con esto.” Grease tenía un buen punto, ¡el jugador podía haberla comprado en línea! Encajaba perfecto con la historia de MeUndies.

En las oficinas centrales, el teléfono rojo sonó. Greg Fass, senior brand manager, contestó. “Jon decía ‘Tenemos que hacer algo, tenemos que subirnos a la conversación’” dice.

Y así lo hicieron. Adam Schefter, reportero de la NFL en ESPN, estaba tuiteando sobre lo costosa que era la ropa interior que Randle había robado, considerando lo cara que iba a ser la multa que le iban a poner los Cowboys. Así que a través de la cuenta de Twitter de MeUndies, Fass respondió: “@AdamSchefter, si lo ves, dile a Joseph Randle que nosotros le pagamos la multa. Nosotros también odiamos comprar ropa interior en las tiendas departamentales #DirectoAlConsumidor”. Schefter respondió contactándolos con la gente de Randle.

MeUndies negoció un trato en el que ayudarían a pagar la multa de $29,500 dólares si Randle hacía apariciones en beneficencias y donaba $15,000 dólares en ropa interior para los más necesitados.

En la cárcel, Grease y Shok corrieron a la televisión más cercana para ver cómo se desarrollaba la historia. “Le tuve que dar un asiento honorario en la sala de televisión para negros” dice Grease. Y entonces lo vieron, justo en la pantalla, la idea de Grease yendo de detrás de las rejas hacia el mundo real. Fue nada menos que un despertar. “Cuando robaba bancos, lo hacía por la adrenalina” dice. “Esto era así pero 10 veces mejor. Pensé: esto es la euforia. Esto es lo que quiero sentir el resto de mi vida”.

La historia de Randle se hizo viral rápidamente. En los medios, atacaron a MeUndies por ayudar a un ladrón (y resulta que, desde entonces, Randle se ha metido en varios problemas más). Pero Shokrian se inclinó hacia la controversia. Si MeUndies estaba bajo fuego, también estaba en los reflectores, y el equipo respondió resaltando el tema de la caridad. “Me demostró el poder de la coyuntura, y de subirte a algo socialmente relevante en tiempo real” dice. También vio el potencial de Grease y lo motivó a pensar en más ideas para MeUndies. “Jon me dijo: ‘Bro, tienes algo’” dice Grease.

Tres meses después, Grease encontró otra oportunidad en las noticias. Con el Super Bowl cerca, el corredor de los Seahawks de Seattle, Marshawn Lynch, había recibido una multa por tocarse la entrepierna. Grease y Shok conocían a un primo de Lynch (que había estado en la cárcel) y que pudo presentárselos. MeUndies anunció que donaría $20,000 dólares a Lynch para cubrir la multa más $20,000 dólares a la beneficencia por cada touchdown que anotara. Terminaron gastando $40,000 dólares, una nada por exposición en el Super Bowl. “Estas dos campañas nos pusieron en el mapa” dice Shokrian.

SHOK / Oficinas de MeUndies

El 3 de noviembre de 2014, tras 202 días en prisión, Shokrian salió de Terminal Island. Lo dejaron ir cinco meses antes de lo planeado. Su familia entera fue a recibirlo. Le devolvieron su celular, que había estado apagado desde el 15 de abril, y lo llevaron a casa, donde pudo cambiarse de ropa y desayunar con sus amigos. Unos días después regresó a trabajar.

Dice que la transición fue fácil. Shokrian había seguido en contacto con todos mientras estaba en la cárcel e incluso había compartido su diario con varios de ellos, así que no había mucho qué ponerse al corriente. Pero sí tenía una nueva lección, algo aprendido a la mala con el tema del asbesto: Tenía que pensar más cuidadosamente en las decisiones que tomaba y tenía que tener más experiencia. “Es mi responsabilidad ser más diligente y no acelerarme” dice. “Ahora hago tantas preguntas como puedo, para sentirme cómodo con la decisión que estamos tomando”.

A la larga, esto permeó en MeUndies. “No fue como si Moisés llegara y nos diera nuevos valores para la empresa” dice Taubman. Pero los empleados sí notaron un cambio sutil. Durante los primeros cinco años de MeUndies, Shokrian había copiado el marketing de su competencia, los típicos modelos sexys y poco originales. Ahora, según Taubman, Shokrian empezó a pensar de otra manera: “No podemos ser una marca más que hace lo mismo, que tiene las mismas fotos, que le paga a los mismos influencers. Era como si le hubieran dado permiso para hacer las cosas diferentes. Fue algo pequeño pero poderoso”.

Poco después de Shokrian salió de la cárcel, MeUndies se asoció con Arsenic, una plataforma digital en voga, pero cuando vio el contenido sexual que se estaba planeando, decidió retirarse del trato. A partir de ahí, MeUndies dejó de buscar el clic barato. La empresa decidió respaldar a la comunidad LGBTQ y se asoció con el restaurantero Eddie Huang, quien se paró frente a la cámara usando solamente sus MeUndies y habló sobre la inseguridad que sentían los hombres asiáticos por su cuerpo. En agosto de 2019, la marca lazó Feel Free, un rango de tamaños mucho más amplio, y luego “porque probablemente habrá alguien a quien no le queden y que se quede afuera” dice Shokrian, agregaron un botón adicional para la gente que necesita más espacio. Este botón no tiene sentido financiero, pero muestra el compromiso que tienen hacia la inclusión.

La fórmula parece estarles funcionando. En enero de 2019, Shokrian retomó su puesto como CEO y ha hecho crecer la empresa hasta los 250 empleados, anticipando ventas de $100 millones de dólares para 2020.

El modelo de MeUndies parece estar dando resultados. La categoría de ropa interior y calcetines no creció en el último año, pero la migración hacia digital es profunda. Y MeUndies está pasando hacia lo offline también. En noviembre de 2019, abrieron su segunda tienda, ahora en el Fashion Center Del Amo, propiedad de Simon Property Group, el gigante de bienes raíces que invirtió en MeUndies. (Que ha levantado casi $11 millones). “Por lo tanto, definitivamente existe una asociación estratégica muy grande a medida que buscamos expandir y abrir más tiendas” dice Shokrian.

GREASE / Afuera

Cuando Shokrian dejó Terminal Island, le dio una nota a Nickson que decía: Manténte positivo y evoluciona, aprende y crece. “Era muy profundo” dice ahora Nickson. En los años siguientes, los dos hombres hablaron frecuentemente.

Luego, el 15 de julio de 2019, después de 17 años en prisión, Nickson salió libre. Respiró el aire fresco y una amiga lo recogió. En MeUndies lo esperaba un trabajo. Aprendió sobre el producto en la fábrica y luego se pasó una posición de marketing.

Pero ambos hombres coinciden que no es fácil alejarte de un pasado criminal. Shorkian tiene que explicarle a las personas o clientes potenciales por qué estuvo en la cárcel. “Eso definitivamente ha tenido un impacto, tanto en mi como en el negocio” dice. Y para Nickson, significa que cada parte de su nueva vida necesita ser ajustada, y el ambiente estructurado de MeUndies no fue para él. Tras cinco meses trabajando ahí, decidieron separarse, sin resentimientos. “Él es mi amigo para toda la vida” explica Nickson. “Siento mucho amor por él” dice Shokrian.

De hecho, los dos están esperando el siguiente capítulo de la historia. “Dicen que nosotros planeamos y Dios se ríe. Este es mi destino”. Otro amigo suyo de Terminal Island, Vincent Bragg, tras haber visto cómo las ideas de Nickson aportaron al éxito de MeUndies, co-fundó ConCreates cuando salió de la cárcel, una agencia de marketing que recaba ideas de la gente que está en la cárcel o afectada por el sistema. Por donde lo veas, un buen marketing es algún tipo de estaba, y hay un hambre voraz por originalidad, así que ConCreates ya aseguró una sociedad con la agencia global 72andSunny. Ahora Nickson también trabaja con ellos.

Mientras tanto, Shokrian se siente agradecido por la perspectiva que encontró en la cárcel, una que, según cree, seguirá formando a su empresa en el futuro. “Aunque me gustaría que no hubiera pasado” dice, “no es algo de lo que me arrepienta. Considerando que nadie salió herido, me siento agradecido por las lecciones que me dio. Sigue habiendo oportunidades, sin importar quién seas, para convertir lo negativo en positivo”.

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