El doctor que salvó (y sigue salvando) millones de vidas y fue odiado por los demás médicos

Ignaz Semmelweis descubrió que lavarse las manos podía ser la diferencia entre la vida y la muerte, pero su idea fue rechazada por su propio gremio.
El doctor que salvó (y sigue salvando) millones de vidas y fue odiado por los demás médicos
Crédito: Eugen Doby / Dominio Público

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This story originally appeared on Alto Nivel

Lavarse las manos es la principal medida de higiene personal en el mundo y nuestra primera línea de defensa ante la pandemia de coronavirus COVID-19. Pero esta idea alguna vez fue revolucionaria e inclusive rechazada en su época. Hace unos días Google recordó con un Doodle al doctor Ignaz Semmelweis, quien descubrió que el lavado de manos previene enfermedades y lo recomendó a otros doctores… pero fue repudiado.

Imagen: Google 

¿Quién fue el doctor Semmelweis?

Nació el 1 de julio de 1818 en Buda, Hungría. Era un médico obstetra y después fue conocido como el “salvador de madres”El 20 de marzo de 1846 (por eso lo recuerda Google hoy) Imaz Semmelweis fue nombrado ayudante del director y jefe de residentes en la Clínica de Maternidad del Hospital de Viena. Un año después, él notó que en dicho nosocomio, la tasa de mortalidad materna era de 18.3%pues muchas mujeres morían después de haber dado a luz por fiebre puerperal. El miedo a contraer esta infección era tan grande que muchas mujeres de aquella época preferían atenderse en sus casas con parteras que ir al hospital.

En una autopsia de una de estas mujeres, el doctor Semmelweis vio que un ayudante cortó, accidentalmente, a otro doctor con un escalpelo, y días después éste murió con los mismos síntomas de la fiebre puerperal. El galeno entonces dedujo que la infección estaba siendo transmitida por el material quirúrgico y por los mismos doctores. Ordenó esterilizarlo y al resto del personal los mandó a lavarse las manos con una solución de cal clorada. Después de esta medida, en mayo de 1847, la tasa de mortalidad cayó hasta el 5% y en los dos meses siguientes no hubo ninguna muerte reportada.

Tras este hallazgo, Semmelweis organizó una conferencia en la que les dio a los doctores un simple consejo: “¡Lávense las manos!”

La respuesta del gremio fue de ofensa y rechazo. Una medida elemental de higiene en nuestros días desafió las ideas preconcebidas de los médicos de aquel tiempo y su vanidad los llevó a negar los hechos, pese a que estos salvaban vidas.

El repudio a Semmelweis fue tan grande que tuvo que regresar a Hungría, su país natal, en 1850. Trabajó en el hospital de Budapest y en el periodo de 1851-1855, solamente ocho mujeres de 933 partos murieron de fiebre puerperal, una tasa de mortalidad de 0.85%. Sin embargo, nunca recibió el reconocimiento merecido en vida y murió el 14 de agosto de 1865 en el olvido, hasta que otros doctores retomaron su trabajo y se dieron cuenta del gran avance que aportó a la ciencia médica.

Como dato curioso, se le llama “el Reflejo Semmelweis” al acto de rechazar hechos (aunque estén acreditados con datos) porque van en contra de las creencias establecidas. Una idea despreciada hoy, puede salvar vidas en el futuro.

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