El valor de la desobediencia en el presente

¿Es posible que la divergencia, la desobediencia y la contradicción puedan darnos los elementos para encontrar nuevos métodos de abordaje a los modelos económicos existentes?
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Crédito: Depositphotos.com

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Abonando al tema de las posibilidades de esta disrupción que vivimos, en los últimos días he hallado distintos textos que me han llevado a internarme en la posibilidad razonable de la desobediencia como solución.

¿Es posible que la divergencia, la desobediencia y la contradicción puedan darnos los elementos para encontrar nuevos métodos de abordaje a los modelos económicos existentes?

Varios autores han analizado mucho el tema, y vale la pena echarles un ojo para poder comprender a qué tipo de desobediencia es a la que estaríamos refiriendo y tal vez después de varios repasos podríamos tener un boceto general de lo que tendríamos por llamar desobediencia creativa y productiva, para tal vez preguntarnos si ésta es posible y si podría ser de ayuda.

Erich Fromm en su texto Sobre la desobediencia pone de manifiesto que, en cualquier contexto de libertad, la desobediencia está permitida, precisamente porque ésta incluye el libre pensamiento y no estar de acuerdo con ella sería tener libertad de opinión. De tal forma que los países que permiten el ejercicio de la libertad en los ciudadanos tendrán de por sí siempre entes que desobedezcan por el simple hecho de no estar de acuerdo con lo requerido por el estado.

Para Foucault, por otro lado, el poder se da como un ejercicio de posibilidad y, por lo tanto, en una relación de poder siempre hay alguien que obedece y si alguien desobedece, no forzosamente rompe la relación, pero con probabilidad la cambia.

Visto así podemos entender que muchas de las estructuras dadas por el ámbito contextual social político o económico, al ser desafiadas simplemente están experimentando cambios.

A nivel individual es mucho más interesante todavía. Cuando alguien desobedece las reglas y a través de ello llega por ejemplo a la innovación, las relaciones de poder cambian.

Cualquier ejemplo dentro de la innovación tecnológica incluso desde la Edad Media podría servirnos de ejemplo; los alquimistas, intentaban contra la misma inquisición continuar con sus experimentos para convertir el metal en oro, al final fueron los grande padres de la química.

El mismo Leonardo da Vinci y las sospechas de que pudo haber abierto cuerpos para entender el mecanismo de los músculos en el ser humano y que probablemente dieron como resultado miles de ideas en ingeniería y por supuesto, una plástica única en la historia de la humanidad.

Galileo que aseguraba que era la tierra la que se movía alrededor del sol, y así, todos o casi todos los adelantos científicos en la historia de la humanidad han tenido ese ingrediente de desobediencia. Por supuesto en el caso de los ámbitos civiles también, todas las revoluciones son llevadas a cabo a través de la desobediencia civil; la lucha de los afroamericanos, las independencias, en fin.

El caso de la economía es particular también ha tenido el mismo elemento si lo observamos con detenimiento. La Revolución industrial fue un desafío a la física misma implementada hasta ese momento y a los cánones de trabajo impuestos hasta ese momento. Claro, el lector debe pensar que Marx lo ha dicho ya, las revoluciones son las que cambian el mundo, pero no sólo corresponde a lucha de clases, sino a la lucha de ideas también.

Disrupción en tiempos del COVID-19

Pongamos como ejemplo la disrupción del momento, con el COVID-19 pisándonos los talones estamos a nada de un cambio en el paradigma económico predominante, y aunque no me parece que hoy tenemos claro lo que podrá suceder en cuanto a los sistemas de ideas que permearán este presente, si sabemos que todos aquellos que hablaban de un cambio inminente en la estructura económica estaban en lo cierto.

Con bastantes probabilidades hay modelos incluso que hoy no tenemos idea si existan o no, pero que antes de este momento fueron parte de la desobediencia económica del momento y surgirán para darle rumbo al mundo y a su historia económica.

Sin embargo, otra reflexión importante es el lugar que debe ocupar esa desobediencia; si atendemos a que es la que ayuda al avance tecnológico y a los cambios revolucionarios que nos dan rumbo como especie; y aunque parezca extraño, debemos saber que hay países que saben que existe e incluso le han dado ciertas estructuras a sabiendas de que los grupos que la promueven muchas veces son los que en momentos de disrupción toman las riendas de los movimientos políticos, sociales, económicos en general.

En 2011 por ejemplo se puso en marcha la iniciativa Ejerceremos el derecho de rebelión que tiene una estructura asamblearia que trata de poner énfasis en procesos colaborativos de gestión tanto dentro como fuera de España, país donde ha nacido este grupo.

Desobediencia económica

Como parte de esta se ha generado un formato de desobediencia económica para usar los recursos fiscales en la creación de oficinas en todo el territorio y éstas se dedican a recoger las propuestas de desobediencia con el fin de proponer iniciativas de ayuda a la comunidad.

Podría ser, tal vez, quién sabe, que tras esta disrupción se institucionalice de tal manera que se conviertan en grupos de propuestas e innovación que incluso con más avance podrían ser generadores de cambio en paradigmas políticos, ambientales, sociales, económicos también.

Atrevámonos a ser desobedientes; desobedientes creativos y productivos, quizá pueda ayudarnos a entender como afrontar la nueva normalidad que se nos viene. Puesto así, la desobediencia como parte del cambio empieza a tomar su lugar y tal vez tenga buenas propuestas para un reacomodo económico que quizá ni siquiera podamos imaginar.

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