Las 8 reglas inmutables de la comunicación en los negocios

Haz esa llamada, ve a esa junta, eleva a los demás.
Las 8 reglas inmutables de la comunicación en los negocios
Crédito: gilaxia | Getty Images

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Cuando hablamos de comunicación, no solo hablamos de oratoria; sino de la manera en que creamos, gestionamos nuestras relaciones y la forma en que expresamos y transmitimos lo que somos, lo que sentimos y lo que queremos.

En los negocios, la forma en que te proyectas y comunicas con todos los que forman parte de tu ecosistema (clientes, proveedores, socios, colegas, equipos, etcétera) va creando, con el tiempo, una imagen que reviste tu propia personalidad. A esto llamamos reputación o prestigio. Y es la piedra angular de la comunicación en los negocios.

Considera que la comunicación es, ante todo, una relación entre dos personas; y no solo un conjunto de técnicas o acciones. La forma en que te relacionas con la persona que tienes enfrente cambia absolutamente todo cuando de hablar se trata. El producto, proyecto o argumento pasan a segundo o tercer término cuando no conocemos o no confiamos en la persona que nos está tratando de comunicar algo. Por eso, lo primero en la comunicación es la confianza.

¿Quieres generar una gran comunicación en tu entorno de negocios? Aquí las ocho reglas que nunca debes olvidar.

1. La imagen no es vanidad, sino servicio

Imagen: Caiaimage/Agnieszka Olek | Getty Images

No nos vestimos para nosotros, sino para los demás. A veces olvidamos este claro principio o menospreciamos la importancia de presentarnos bien, peinarnos bien, rasurarnos bien, ponernos desodorante o bolearnos los zapatos. Esto es un grave error que, sin lugar a dudas, está teniendo un impacto negativo en tu carrera o en tu negocio.

Cuando en la prepa saliste por primera vez con la niña o el niño que te gustaba ¿te arreglaste un poco más? ¡Probablemente sí! Esto no es porque seas vanidoso, sino porque quieres agradar. Es más importante el hecho de que te arregles que el resultado del proceso. Aunque verte bien importa mucho, es aún más relevante el gesto de arreglarse para ver a alguien, pues así le decimos que es importante, que nos interesa, que estamos dispuestos a hacer un esfuerzo.

Esto sucede todos los días, a todas horas. Si hay otras personas a la vista, ellas también te ven a ti. Y como te ven… te juzgan. Esto no significa que siempre andes con traje o esmoquin; sino que conforme a tu edad, tu complexión, tu puesto, tu cultura y el lugar en donde estás, has de buscar el atuendo correcto y presentarte limpio y preparado con una gigante sonrisa.

2. Las reglas de la vieja guardia

Imagen: Tetra Images | Getty Images

Tu abuelito lo sabía muy bien: hay que llegar puntuales, cumplir con la palabra dada, entregar las cosas en el día y hora acordados. No hay que dar excusas sino dar el 100%. Aún en la era de los negocios digitales y las clases a distancia, estas reglas no han cambiado en lo absoluto.

Los millennials (en donde me incluyo) hemos perdido muchas de estas cualidades en favor de la comodidad, la informalidad y el exceso de confianza, pero cada vez es más claro que, a largo plazo, las personas de cualquier edad que mantienen las reglas de la vieja guardia son las que se elevan en su empresa, su negocio y en la vida.

Una de las habilidades de la vieja guardia que veo, lamentablemente, que muchos han olvidado, es la de llevar una buena conversación. En una conversación se ejercita la escucha activa (en donde, en silencio, atendemos intensa y exclusivamente las palabras de la otra persona), se eliminan distracciones (como celulares o pantallas), se hacen muchas preguntas y, por regla general, se permite que la otra persona siempre hable más que lo que habla uno mismo. La conversación no es solo para intercambiar información, sino para lograr que el otro se sienta bien consigo mismo y, por extensión, contigo.

3. Reputación Online y Offline

Imagen: Shutterstock

Lo que sí ha cambiado es el alcance que tienen nuestras acciones. Si ya desde tiempos inmemoriales las noticias y los chismes corrían como reguero de pólvora, ahora las redes y la tecnología hacen que todo sea más rápido, más inmediato… y mucho más permanente.

Para cualquiera mayor de 13 años es fundamental que exista una clara congruencia entre su imagen personal, profesional y sus redes sociales. No todas las fotos de tus fiestas tienen que compartirse, ni todas tus opiniones políticas, chistes malos, quejas amargas o fotos vulgares. Ya sea en WhatsApp, Facebook, LinkedIn, Twitter o Instagram, detente unos segundos antes de publicar lo que sea, filtra lo que estás enviando, revisa que esté bien escrito y que sea algo de lo que te sentirás orgulloso en tu siguiente entrevista de trabajo.

Unifica criterios, estilos y contenidos. Que en cualquier red la persona que aparezca sea la misma, y que esa imagen diseñe y dirija la vida y el negocio que deseas hacer crecer.  

4. Conecta y eleva a los demás

Imagen: Depositphotos.com

No estás solo en este mundo. Necesitas de otras personas para poder desarrollar tus planes y tus negocios; y ellas te necesitan a ti. Esto no significa que debas “utilizar” a otras personas o usarlas como escalones para alcanzar tus metas (señal clara de un perdedor), sino que debes dirigir conscientemente tus acciones de manera genuina y estratégica para formar relaciones humanas verdaderas, positivas y duraderas.

Esto se logra con una mezcla de disciplina e interés genuino. Lo primero, lo más importante, es tratar a todo el mundo con verdadero cariño y absoluta dignidad. Desde el mesero hasta el CEO, las personas que tratan “a los que les convienen” bien y a “los demás” mal, son una plaga de la que el resto del mundo huye muy pronto. Los seres humanos no son su puesto ni su situación: son personas a las que puedes servir, si tan solo les pones un poco de atención.

Esto por sí mismo sería suficiente, porque es lo correcto; pero hay otro nivel: el nivel estratégico. La vida es larga y las cosas no se mantienen siempre iguales. Quizás ese mesero en diez años sea el director general; o el que saca copias hoy tendrá su propio negocio mañana. Así que abre la conexión con todos de manera desinteresada. Con aquellos que tengas mayor contacto y cercanía (y aquí entra la parte de la disciplina), no permitas que la relación se apague: felicítalos en su cumpleaños; envía una tarjeta cuando tengan un ascenso; un comentario en el bautizo de sus hijos y está presente en el funeral de su padre. No toda la comunicación de negocios es “de negocios”. Lo primero es generar relaciones humanas reales. Lo otro, viene después. Un amigo vale cien veces más que un cliente.

5. No pidas ayuda, pide consejo

Imagen: Depositphotos.com

Todos necesitamos ayuda de vez en cuando, y no hay nada malo en pedirla de aquellos que nos quieren y en quienes confiamos. Pero volver al mismo pozo una y otra vez puede desgastar una buena relación. Pedir dinero prestado o favores especiales puede resultar en que las personas previeran evitarte o sacarte la vuelta. “Ahí viene Pedro… ¿ahora qué me va a pedir?”

Hay otra forma más elegante de pedir ayuda que, además, incluye un guiño de amabilidad: pedir consejo.

Cuando pedimos consejo (ya sea a un superior o a alguien inferior en la línea jerárquica) le estamos diciendo que le respetamos, que confiamos en él, en su inteligencia y en su prudencia. Que queremos  escucharle y que le agradecemos unas palabras, sin pedirle más que eso. Casi nadie te negará un consejo… y quizás hasta se ofrezcan a ayudar ellos mismos.

Pedir consejos es una forma efectiva de elevar una relación y solucionar el problema que te tiene preocupado.

6. El que quiere estar, está

Imagen: Shutterstock

Dicen que el 90% del éxito es aparecerse; y esto sigue siendo verdadero aún en el mundo más posmoderno.

Gran parte de la comunicación en los negocios se realiza de manera informal, en los pasillos y en los salones de juntas, congresos, conferencias y reuniones sociales. Aunque no digas nada ni cierres ninguna venta en esa celebración o en la reunión de aniversario, el solo hecho de estar allí va formando una relación con las personas, quienes empezarán a considerarte como parte de “su grupo” su “tribu”, etcétera.

No importa qué tan bueno seas en lo que haces: sal de tu oficina, aparécete en donde está la gente; visita otros lugares, ve a donde te inviten, camina por los pasillos, saluda y felicita.

Después aprenderás a decir “no”, pero empecemos, por principio, por decir que “sí, allí nos vemos”.

7. Crea redes, lidera, transforma 

Imagen: Tara Moore | Getty Images

No solo salgas de tu oficina; también trasciende los muros de tu negocio para interactuar con otros jugadores del ecosistema. Las cámaras, grupos empresariales, sistemas de networking y reuniones son campo fértil para crear relaciones y mejorar tu entorno. No todo en la vida es competencia: también hay tiempo para planear y trabajar juntos, ayudar a otros y elevar el piso para todo el mundo.

No solo seas líder en tu industria. Sé líder en los espacios en donde puedas generar un cambio: en la junta de vecinos; el grupo de padres en la escuela de tus hijos; participando en eventos de la parroquia, de asociaciones y fundaciones.

Tú tienes un talento y una pasión que impulsan tu negocio. ¡Ponlos al servicio de otras causas también! Los frutos serán mayores y, de paso, también encontrarás nuevas oportunidades para tu empresa. Lo que das sin esperar nada a cambio, se te regresa multiplicado.

8. Habilidades de comunicación, ni tan soft

Imagen: Shutterstock

Las soft skills son aquellas habilidades transportables que no son específicas de un ramo en particular. Entre éstas se suelen considerar las habilidades de comunicación. Te puedo decir desde ahora, con muchos años de experiencia a cuestas, que los profesionales de todos los ramos que aprenden a comunicar elevan su coeficiente de crecimiento en formas inesperadas y geniales.

Así que sí, toma ese curso de oratoria. Hablar en público, dirigir un discurso, liderar una junta, hacer un pitch de ventas, dialogar con los clientes molestos, ofrecer un brindis: todas estas formas de expresión oral te abrirán puertas y te pondrán en la mira de personas que pueden avanzar tu carrera. La comunicación es un requisito esencial en cualquier puesto directivo, y puede ser el techo que esté evitando que subas en tu organización.

El asunto no se queda en la expresión oral; sino también en la escrita. ¿Sabes redactar una carta, un correo, una esquela, un saludo o una felicitación? Escribir correctamente y con buen estilo te ahorrará miles de pesos en servicios y te pondrá la alfombra para entrar en nuevos lugares.

Más allá de eso, recuerda que la comunicación parte del contacto. Saluda con fuerza, haz valer tu presencia, mira a las personas a los ojos y escucha atentamente, siempre. Estas habilidades no son solo talentos naturales, sino que se pueden aprender, practicar y mejorar constantemente.

Las personas que ejercitan las ocho reglas inmutables de la comunicación en los negocios destacan pronto en sus puestos; son considerados para mejores oportunidades; mantienen relaciones duraderas y leales con sus clientes y socios y corresponden su reputación con su comportamiento. Son el tipo de personas que no humillan a otros, y para quienes la prisa no es un valor que haya que presumir. Es decir, son el tipo de personas con quienes todos quisiéramos asociarnos.

Vale la pena intentarlo, y puedes empezar hoy mismo.

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