¿Sigue la 'Console Wars?: La batalla entre Sony, Microsoft y Nintendo

Se han instalado en el podio del entretenimiento casual, e inclusive profesional pre y post COVID-19, a nivel global.

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Cuando contraté mi servicio anual de prepago para canales de eventos deportivos en enero de este año, nunca me imaginé que por seis meses mi indecisión sobre qué canal poner de fondo mientras preparaba mis pendientes laborales para el día siguiente se iba a reducir a los siguientes finalistas: carreras de caballos de 1970 (por mera ocurrencia y curiosidad) vs. las ligas mundiales de ESports internacionales todo el día, todos los días de la semana, en cualquier idioma, con comentaristas, subtítulos, e inclusive la opción de habilitar un recuadro de narración en lengua de señas. Si esto no es vanguardia y aceptación de las masas, entonces no conozco la definición de esas dos palabras.

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No me malentiendan, no es crítica. De hecho, he aprendido a vivir y aceptarme sin tener que esconderlo: soy un abogado de día, y gamer de noche. Y no me siento tan solo, pues según datos de Statista, a finales de agosto de este año, éramos yo y otros 2.7 billones de gamers casuales o profesionales en el mundo;  unos 266 millones solo en Latinoamérica.

Mi pasión por lo que en aquellos tiempos eran pantallas en blanco y negro y sistemas operativos de “cartucho”, la empezó, contra todo pronóstico, mi mamá. Mis primeros recuerdos en el mundo de los videojuegos son en verano sin escuelas, sentados frente a la televisión de caja, conectando mi Super Nintendo con cables amarillo, rojo y blanco, escuchando las instrucciones de mi mamá que, si bien nunca tocó un videojuego, se veía involucrada en la historia del plomero con bigote y sombrero rojo más que yo. ¿Prueba de ello? Las revistas que ella compraba con instrucciones claras de cómo acabar el juego de manera perfeccionista en un 100 por ciento.

Pero lo que pareciera ser una industria de buenos tiempos, ocio, y para algunos vicio, en realidad es un mundo de celos corporativos, batallas campales que se desenvuelven en el límite de lo permitido por las autoridades anti-monopólicas del mundo, y ante todo, transacciones billonarias (valuadas en dólares americanos) con un fin: Que mis 2.7 billones de compañeros gamers y yo consumamos.

La incuestionable necesidad del mundo en estos tiempos de encierro de hacer todo desde la comodidad de nuestras casas y celulares, hace que pasen por desapercibidas las valuaciones, retornos y ganancias que las grandes empresas de videojuegos han traído a sus inversionistas en estos meses; prueba de ello, es el rendimiento de EA (Electronic Arts) de aproximadamente 20% en el valor de sus acciones de enero de este año a la fecha, o el casi 45% de incremento en el valor de la acción de Nintendo en el mismo periodo de tiempo. 

En el mundo hay 2.7 billones de gamers casuales o profesionales según Statista / Imagen: Depositphotos.com

Es obvio, The Washington Post lo publicó tras un estudio realizado por ellos mismos: las ventas de videojuegos, consolas, accesorios y “add-ons” dieron un brinco equivalente al 35%  de las ventas del mismo periodo en el 2019. 

Estas noticias pasan desapercibidas solo porque las ganancias de empresas de streaming de entretenimiento, empresas de servicios de compra y venta de bienes en línea, acaparan las primeras planas por sus incrementos muy por encima de los porcentajes anteriormente mencionados.

Es precisamente en este “lado oscuro” y sigilo de la industria de los videojuegos, en donde mi profesión diurna se encuentra con mi hobby nocturno; cada una de esas transacciones, negociaciones, adquisiciones y en general, power-plays de los tres principales jugadores en esta industria (Microsoft, Sony y Nintendo) tienen detrás complejas negociaciones, extensos periodos de due diligence, estires, aflojes y muchos abogados.

Lo platicaba con colegas hace tiempo: hoy en día nos encontramos en medio de un campo de batalla en donde Microsoft y Sony están en una carrera por abarcar todo el contenido posible, de manera exclusiva y celosa para sus consumidores respectivos; Nintendo observa desde lejos porque sus consumidores y usuarios usualmente también son consumidores y usuarios de Microsoft o Sony, pero nunca de ambas. A este fenómeno, se le conoce en el argot gamer como “Console Wars”; Sony y Microsoft pelean por restringir videojuegos que anteriormente se podían jugar en ambas consolas, a una sola, obligando así a consumidores que se consideren leales a alguna franquicia de videojuegos a tener que cambiar de consola para poder seguir jugando los juegos que son de su preferencia. Las consolas tienen nuevos modelos cada dos o tres años, y el precio promedio de las últimas generaciones de consolas ha sido de $400 a $500 dólares; tomemos ese número frente a la cantidad de consumidores activos en el mundo y nos damos una buena idea de los montos que representan esas ventas de hardware.

Prueba de lo anterior es la noticia que hace unos días estremeció al mundo de los mercados financieros, despachos legales especializados en propiedad intelectual y Media, y nosotros los gamers. Se hizo pública la sorpresiva adquisición de Zenimax, una empresa controladora de estudios que desarrollan videojuegos, por parte de Microsoft. Lo sorpresivo: Zenimax tiene a 8 estudios de desarrollo, cada estudio tiene su amplio catálogo de propiedad intelectual y franquicias de videojuegos que llevan décadas en el corazón del consumidor, y el precio que Microsoft tuvo que pagar por esta adquisición total fue de $7.5 billones de dólares americanos. 

Vaya sorpresa me llevé cuando, antes de leer los detalles y números de la adquisición, las autoridades en materia de prevención de monopolios y competencias desleales no pudieron parar la transacción, citando que la operación no cumplía con los requisitos iniciales para una investigación, justificando que la operación NO era una fusión entre competidores del mismo nivel (fusión/adquisición horizontal), sino que más bien era la adquisición de una empresa desarrolladora de contenido por una empresa que se encarga de distribuir dicho contenido. 

Hoy en día nos encontramos en medio de un campo de batalla en donde Microsoft y Sony / Imagen: Depositphotos.com

Lo anticipo, esta adquisición pasará a estar en los libros de textos académicos para profesiones de manejo de empresas, abogados, contadores y desarrolladores de software, dejando obsoletas las lecciones que me tocaron a mi aprender en libros similares con operaciones como: Disney comprando a Star Wars, o el ejemplo por excelencia en materia de fusiones y adquisiciones en la industria del entretenimiento: Time Warner y Fox News en 1997.

Será interesante ver cómo impacta esta operación al panorama de las “Console Wars”, dando a Microsoft una ventaja considerable sobre su rival Sony; será aún más interesante ver cómo el mundo de los videojuegos dejará de estar en terceras planas para tomar el lugar de Amazon y Tesla en las primeras planas de Wall Street. 

Mientras tanto, mi recomendación es estar al tanto de esta transformación en el mundo del entretenimiento; lo que yo haré es reclinarme, relajarme y esperar con ansias las siguientes actualizaciones, prendiendo mi consola e invitando a mis amigos a una partida de nuestro videojuego favorito.

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