¿Las empresas tienen consciencia? Los 7 niveles de consciencia personal y empresarial

El cambio y la incertidumbre que vivimos actualmente puede significar la oportunidad para un crecimiento sin igual.

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Mientras el mundo se debate en encontrar respuestas para casi todo en medio de la incertidumbre y la caída de paradigmas muy arraigados, asistimos a un momento bisagra de la humanidad que, si bien no se sabe a dónde nos conducirá, si te dispones a aprovecharlo puede ser una instancia de crecimiento sin igual.

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Más allá de las dificultades y coyunturas, se escucha cada vez más hablar de la consciencia. ¿De qué se trata? Según las definiciones del diccionario, “es la capacidad del ser humano de reconocer la realidad circundante y de relacionarse con ella, así como el conocimiento inmediato o espontáneo que el sujeto tiene de sí mismo, de sus actos y reflexiones.”  Desde una perspectiva espiritual, la consciencia es un estado elevado del ser, que puede ayudar a resolver exitosamente los problemas de sentido sobre la vida.

A modo de ejemplo, es consciencia escuchar tus propias emociones, tomar decisiones en pleno uso de tus recursos internos y externos, ir hacia dentro tuyo, “introspectar” sabiamente para encontrar respuestas. 

Las necesidades que planteó Maslow

Para enfocarnos en los distintos niveles de consciencia, te invito a explorar un abordaje combinado entre la pirámide de las necesidades de Abraham Maslow y los 7 niveles de consciencia de Richard Barrett, experto en transformación cultural social y empresarial.

La pirámide de Maslow, o jerarquía de las necesidades humanas, es una teoría psicológica propuesta por Abraham Maslow en su obra “Una teoría sobre la motivación humana” de 1943, que luego amplió. 

Esta teoría se centra en cinco niveles, a modo de pirámide. En la base están las necesidades básicas, fundamentalmente fisiológicas, que permiten mantener la homeostasis para sobrevivir: por ejemplo, respiración y calidad del aire, agua e hidratación, alimentos, descansar, evitar el dolor, mantener la temperatura corporal. 

Luego, necesidades de seguridad y protección, tanto en lo físico y salud, como en recursos como una vivienda, el sustento para vivir y empleo. 

Subiendo en la pirámide aparecen las necesidades sociales, representadas por el desarrollo afectivo, la asociación y afinidad con los demás, el afecto y la intimidad sexual. 

A continuación, la necesidad de autoestima. Maslow las definió como alta, caracterizada por el respeto por sí mismo, con sentimientos como confianza en uno mismo, maestría, logros, independencia y libertad; y una baja, relacionada con la necesidad de atención, aprecio, reconocimiento, reputación, estatus, dignidad y éxito e incluso fama. Si merman estas necesidades se refleja una actitud de baja autoestima y sentimientos de inferioridad. 

En la cumbre de la pirámide aparece la necesidad de autorrealización, enfocada en el desarrollo de su potencial; en liberar la creatividad e innovación, y en poder concretar sus proyectos e ideas. Maslow las llamó también motivación de crecimiento y necesidad de ser, y afirma que es la necesidad psicológica más elevada de las personas, ya que permite conectar con el sentido de la vida. Se logra cuando todos los niveles anteriores han sido alcanzados, o al menos avanzados en cierto punto.

Los 7 niveles de consciencia

Tomando como base el trabajo de Maslow, el autor británico Richard Barrett desarrolló la teoría de las etapas universales de evolución, y los conceptos de entropía (transformación) personal y cultural. A su vez creó distintos métodos de evaluación para medir niveles de valores en personas, empresas y comunidades, entre ellos, el de los 7 niveles de consciencia. 

Haciendo cierto paralelismo con la pirámide de 1943, Barrett marcó 7 fases de la consciencia con pequeñas diferencias en función de si se trata de una persona, una organización, una sociedad; incluso los aplica a la consciencia del liderazgo. 

Los 7 niveles de consciencia que plantea Richard Barret son: 

Nivel 1: Supervivencia (en Maslow serían los niveles 1 de necesidades fisiológicas, y 2 de seguridad) Aquí el foco está puesto en garantizar la supervivencia no sólo fisiológica -salud, comer, dormir-, sino de seguridad -ingresos, vivienda-. Es un nivel tangible, físico, concreto. Los tres primeros niveles son llamados “de interés propio” por Barrett.

Para las empresas, significaría ser conscientes de la salud laboral, de disponer de la estructura apropiada para funcionar, y obtener beneficios y rentabilidad. También en lograr y medir el equilibrio de satisfacción con los colaboradores, y en garantizar la sustentabilidad de los negocios como medio para poder funcionar, sin dejar de pensar en un objetivo más trascendente. 

Nivel 2: Relaciones (en Maslow es el nivel 3, necesidades sociales, afiliación): se centra en el afecto y la pertenencia a una tribu (grupos, equipos, afinidades). 

Si lo transpolamos al mundo organizacional, se refleja en la lealtad, el clima interno, la cadena de valor. También con la interacción con otros con intereses parecidos, las relaciones sociales, los vínculos afiliativos con los demás representantes del sector, el fomentar acuerdos, alianzas y negocios en común. 

Nivel 3: Autoestima – estima (se relaciona con ese mismo nivel, que es el 4 en la pirámide de Maslow): tiene que ver con el afecto, prestigio, respeto, y con el reconocimiento de los demás y de uno mismo; asimismo, con el logro y la diferenciación, a partir de la construcción del auto liderazgo y la auto confianza.

Para las empresas, este nivel refuerza la autoestima de que es posible alcanzar grandes logros trabajando en equipo. También aquí están los estímulos de la motivación extrínseca como el salario emocional -lo que no es remunerativo-, en forma de felicitaciones, reconocimientos y capacidad de escucha. Bien utilizado, el feedback de calidad también puede fomentar la autoestima corporativa, al igual que la mejora continua de procesos, calidad y buenas prácticas, la ética y los valores compartidos. 

Nivel 4: Transformación (se conecta con el nivel 5 de autorrealización). Aquí Richard Barrett crea 4 niveles de consciencia, siendo este el disparador para niveles superiores persiguiendo el bien común.

Se trata del desarrollo personal, la evolución, el aprendizaje permanente y el despliegue del potencial. Es una etapa de evolución y aprendizaje a partir del ansia permanente de cuestionar, buscar y explorar en la consciencia. 

Cuando lo llevamos al mundo de las organizaciones, esto se traduce en la necesidad de la evolución continua, la reinvención y la innovación. Se podría decir que el cambio cultural en una empresa empieza en este escalón de consciencia. Para lograrlo, necesitarán trabajar en la cohesión de equipos y en la generación de mejoras y oportunidades desafiantes, que transformen los retos en aprendizajes colaborativos; y en generar transformaciones transversales.

Nivel 5: Cohesión interna (relacionado con el nivel 5 de autorrealización) Siguiendo con los 4 niveles superiores de transformación de consciencia de Barrett, la intención es trabajar en abandonar el modo individualista del “yo” para ir al encuentro de un “nosotros”. Se aplica tanto para individuos como a empresas. Aquí aparece una consciencia de visión compartida, donde hay valores en juego que son los ingredientes que los unen: confianza, integridad, honestidad, comunicación, autenticidad. 

Las empresas pueden trabajar estos aspectos generando instancias de encuentro, teambuilding, atraer el mejor talento disponible, y generar una comunidad que cree una cultura fuerte y sólida, consistente y sostenible en el tiempo. Es frecuente que el abrazar una causa en común logre esta cohesión. 

Nivel 6: Contribución (también relacionado con el nivel 5 de autorrealización de Maslow) Aquí se trata de focalizar en los aportes de valor que, como individuos, realizamos a la sociedad. Se los puede pensar como parte del legado que se deja al convivir en el mundo, es decir, dejar huella.

En las empresas, es posible focalizar en estos aportes de valor dirigidos hacia los clientes de los productos y servicios; hacia los proveedores, distribuidores, etc., y, claro está, hacia el público interno: los colaboradores en todos los niveles. Por ejemplo, brindar un trato de oportunidades equitativas a los proveedores visualizándolos como socios estratégicos, forma parte de este espíritu de contribución, y eleva el nivel de consciencia ya que supera lo meramente transaccional (yo te doy = tú me das). En el tiempo, esto genera un aumento en el nivel de consciencia y se lo conecta con el legado trascendente. El resultado en el tiempo será dejar huella en el segmento de mercado donde operen. 

Nivel 7: Servicio (complementa el mismo nivel 5 de Maslow). Aquí las personas se conectan con un propósito mayor: ¿Para qué vinimos a este mundo? ¿Cuál es mi rol? ¿Qué legado voy a dejar? 

En el mundo de los negocios, es el nivel de consciencia para solidificarlo a largo plazo mediante la ética, pensar en las generaciones que vienen, en hacer aportes de valor para la humanidad; en la responsabilidad social empresarial y en las dinámicas amigables con el medio ambiente y las políticas de inclusión de todo tipo. Es pensar en actuar por el bien mayor, no sólo por un interés propio mezquino.

Imagen: Daniel Colombo. 

Conclusiones

Como habrás observado, los niveles de consciencia son valores, y los valores se transforman en cultura, ya sea que lo trabajes en forma personal o como empresa. 

Es un proceso paulatino, que necesita lo mismo que toda buena construcción: pilares fuertes. La sugerencia es dar tiempo al proceso, y permitir la maduración individual y colectiva a su ritmo. 

El resultado final será de mayor coherencia, sentimiento de bienestar interno y mayor responsabilidad y compromiso; porque no hay vuelta atrás una vez que se ha elevado la consciencia. Se puede perder el rumbo por momentos, aunque siempre estará la consciencia como guía para volver a encauzar el camino. 

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