La hora de la disrupción financiera: la tecnología cambió las reglas del juego

El surgimiento de nuevos perfiles de inversores vinculados a plataformas abiertas y accesibles anticipa un nuevo capítulo de inclusión financiera para una generación conectada que ya experimentó el trabajo remoto en primera persona.
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Crédito: Depositphotos.com

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Technology entrepreneur
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Las paredes de muchas oficinas parecían inamovibles pero el singular contexto de 2020 le mostró a millones de personas que el trabajo es menos un lugar al que se va que un conjunto de tareas y objetivos a realizar. El 2021, mientras tanto, comenzó con una serie de acontecimientos inéditos cuyo trasfondo apenas empezamos a dilucidar. El “episodio Gamestop”, que a fines de enero enfrentó redditors e inversionistas “tradicionales” es un buen indicador de la disrupción que podría avecinarse en el mundo de las finanzas. 

Aunque a primera vista y puedan parecer procesos de “mundos diferentes”, el denominador común es que la tecnología funciona reconfigurando el status quo. Como emprendedora de ecosistemas digitales he observado muchas veces resistencias y repliegues frente al papel de la tecnología en general y de la nube en particular. Afortunadamente, también he visto cómo se desvanecían prejuicios o impedimentos anclados únicamente en la defensa de un mundo corporativo que ya no existe.

Mientras el escenario “post-2020” dejó atrás el escepticismo en relación con el trabajo remoto, el mundo de las finanzas empieza a vivir su propio momento disruptivo. La masificación de la compra y venta de acciones abre un horizonte de democratización en un ámbito que hasta ahora se creía tan sólido como los rascacielos repletos de oficinas.

Nueva generación de inversores

Imagen: Depositphotos.com

Aunque Wall Street no perderá su centralidad de un día para otro, todo indica que una nueva pieza del dominó de la cuarta revolución industrial se está moviendo. Algunos analistas hablan incluso de “acciones meme” para calificar a aquellas cuyo rutilante ascenso hemos visto en el primer mes de 2021, como GameStop, AMC e incluso Blackberry. Esa calificación no debería confundirnos. Que las acciones se “viralicen” como memes deja en claro una de las nuevas lógicas que se va delineando: están ganando terreno aquellas plataformas que acercan oportunidades de inversión a una generación atravesada por la masividad y la conexión constante con la información, incluida la financiera. En algunos casos, se trata de segmentos enteros de personas que hasta hace poco se sentían relegadas cuando no directamente excluidas. 

Desde mi experiencia, esto no es algo completamente nuevo. Con TransparentBusiness primero y con SheWorks! después, he seguido muy de cerca el impacto que tienen las herramientas tecnológicas en la reconfiguración de rutinas, jerarquías y oportunidades. El espacio digital ha sido un terreno fértil para el empoderamiento de las nuevas generaciones. Ellos y ellas están corriendo del mapa a muchos intermediarios tradicionales y creando flujos de información y co-working que no me imaginábamos una década atrás.

En el último año, he visto cómo esta filosofía se plasmaba también en nuestra compañía, a partir de los accionistas individuales que se sumaron a través de una Oferta Privada Global (OPG). El resultado corroboró lo que suponíamos: miles de inversores -e inversoras- de más de 100 países están derribando, en silencio y desde sus dispositivos, las fronteras de un mundo financiero que parecía blindado.

Reglas pero no barreras

Imagen: Depositphotos.com

Detrás de esta discreta pero inequívoca transformación, resulta fundamental la existencia de plataformas transparentes cuya mediación sea concisa y acertada. En ese sentido, es vital que aquellos mecanismos que antes resultaban opacos para muchos emprendedores comiencen a ganar visibilidad. Por caso, algunas de las disposiciones que nos permitieron abrirnos camino como unicornio -incluyendo reglamentaciones como la Reg D 506c- existían pero eran prácticamente desconocidas para muchos potenciales accionistas. 

El ejemplo es simple pero revelador: ninguna filosofía de la innovación puede desplegarse sin atender a las condiciones que nos regulan. O, dicho de otra manera, “doblamos las reglas pero no las rompemos”. Cualquier emprendedor sabe a qué me refiero porque conoce casi instintivamente el ecosistema en el que se mueve su negocio pero a veces es necesario, además, saber traducir el paisaje a ojos de otros. Me ha pasado en innumerables ocasiones al hablar de trabajo remoto en el último año. 

Mientras tanto, a medida que extraemos más y más conclusiones de lo que significó el “Big Bang tecnológico” de 2020 va quedando claro que aquella combinación de tecnología y empoderamiento que en su momento redefinió el concepto y la experiencia del trabajo remoto empieza a reperfilar nuevos tipos de inversionistas cuyo talento para el crecimiento financiero ahora podrá ponerse a prueba con muchas menos barreras.

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