Ser un buen 'observador', el primer paso para ser un buen emprendedor

Estas son las actitudes necesarias para tener un negocio de éxito.
Ser un buen 'observador', el primer paso para ser un buen emprendedor
Crédito: Paul Skorupskas vía Unsplash

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Recientemente visité un destino turístico en el estado de Yucatán y fui testigo de uno de esos momentos que te hacen sentir orgullosa del “ingenio mexicano”. Resulta que esta ciudad es conocida por su arquitectura colonial, que contrasta con una pirámide muy cerca del centro. La estructura tiene una particularidad: está dividida en dos partes. Es decir, comienzas a subir y cuando piensas que llegas a la cima, te das cuenta que después de una planicie, hay otra construcción. Al llegar a la primera “meta”, te encuentras con una vista privilegiada del centro de la ciudad (conocida por su característico color amarillo), pero también con la cima de la pirámide y la vista de la selva interminable.

Todo esto lo platico no porque esté promoviendo el turismo al estado, ni para evidenciar el amor que siento por México y su diversidad cultural, sino porque, mientras subíamos, empecé a escuchar el ruido de un dron. Al darme cuenta de la espectacular vista que había, lo primero que pensé fue “qué buena foto podría tomar con un dron”. Seguimos caminando y vimos a un joven de 14 o 15 años, a quien en adelante llamaremos “José”, quien se ofreció a tomarnos fotos con el dispositivo.

Platicando con él, nos contó que estudia la secundaria y que le encanta la tecnología. Se dio cuenta de que a los turistas, que además son muchos cada día, se les “complicaba” tomar buenas fotos en el lugar, ya que no alcanzaban a capturar el paisaje completo, por lo que decidió ahorrar para comprar un dron y ofrecer un servicio complementario a los paseantes durante sus ratos libres. Durante el tiempo que estuvimos en la pirámide vimos al menos a cuatro personas (incluyendo a mi papá), quienes solicitaron sus servicios. Una vez que te tomaba las fotos, te ofrecía enviártelas por correo o por Bluetooth para conservar la calidad de las que, hasta ahora, son para mí un recordatorio no solamente de la visita, sino de un joven que supo identificar una oportunidad y generar una solución.

Y es que, reflexionando, hay tres elementos a destacar en esta historia que pueden ser útiles para cualquier emprendedor o persona pensando en iniciar un negocio.

En primer lugar, la gran habilidad de observar. Todos los días estamos en contacto con muchas personas, diversas realidades y, sobre todo, necesidades. Esto que en emprendimiento conocemos como “dolores” y que pueden ir desde cosas muy sencillas que actualmente soluciono (o no) de alguna manera con la que no estoy satisfecha, hasta grandes problemas mundiales que siguen esperando ser resueltos. Cuando a través de la observación hemos identificado un dolor, también habría que verificar que el mercado es atractivo. No es lo mismo un problema que aqueja a cinco personas, que uno que impacta a miles o millones de ellas. Cuando vemos que realmente hay un número atractivo de individuos que podrían convertirse en clientes o en usuarios, podríamos determinar que hemos identificado una oportunidad. José probablemente creció acostumbrado a convivir con turistas en el día a día, al vivir en una de las ciudades del estado que recibe al mayor número de visitantes al año. Fue a través de la observación y del contacto directo con el “problema”, que identificó que podría ser una interesante oportunidad ofrecer una solución.

Todos los días estamos en contacto con muchas personas, diversas realidades y, sobre todo, necesidades / Imagen: Depositphotos.com

¿Identificar una oportunidad es suficiente para ser emprendedor? Por supuesto que no. Es necesario, entonces, plantear soluciones. Pero no cualquier tipo, sino aquellas que son realistas con nuestras habilidades y conocimientos o, en su caso, buscar a personas expertas que nos puedan apoyar a aterrizar las posibilidades que existen. Un tema muy importante que podemos aprender de este ejemplo es la importancia de tomar en cuenta las soluciones existentes y disponibles, especialmente aquellas que utilizan tecnología, ya que esto puede hacer que nuestro negocio sea más viable y escalable. En este caso, José probablemente no era experto en volar drones, pero era un aficionado de la tecnología, lo cual le permitió conocer esta solución y ligarlo con la necesidad que ya había identificado, además de poder entender el funcionamiento de estos dispositivos de manera más ágil.

Otro aspecto que podemos aprender del ejemplo de José es el diseño de la experiencia del usuario. En este caso, él fue capaz de investigar las maneras más sencillas de entregar la foto al cliente. ¿No se siente cómodo compartiendo su dirección de correo electrónico a un desconocido? No pasa nada, se manda por Bluetooth. Incluso, al enviarme las fotos pactadas vi para mi sorpresa que eran más de las acordadas. Al cuestionarlo acerca de la razón de enviármelas sin una tarifa adicional, me contestó que a él no le costaba nada y que, en cambio, yo tendría más opciones para elegir mi favorita. Ese “extra” que no dudó en darme, hizo que me quedara con un mejor sabor de boca del que ya tenía.

Si bien las tres lecciones que José nos ha dado las aplicamos en el emprendimiento, considero que más bien son lecciones de vida. Primero, porque observar las necesidades a nuestro alrededor nos permite identificar oportunidades.

En segundo lugar, plantear soluciones a nuestro alcance; dar el extra no cuesta, pero puede significar una gran diferencia para el cliente o usuario, independientemente de si se trata de un cliente, amigo, familiar o un desconocido.

Sin duda alguna, estas tres actitudes son digas de resaltar pero, sobre todo, de imitar.

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