Este emprendedor pensaba que su negocio iba a ruina y lo llamó Desastre Café. Hoy es una cafebrería popular en la CDMX.

Alonso quería crear la librería perfecta en la que a él le hubiera gustado pasar sus tardes leyendo y trabajando… ahora cualquiera puede disfrutarla con él.

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Nota de la editora: Esta historia es parte de nuestra nueva serie "Emprendedores como yo", en la que buscamos dar visibilidad a los dueños de Pymes, locales y comercios contando sus historias de resiliencia. 

Desastre Café vía Instagram

A muchos amantes de la literatura nos ha pasado estar buscando el lugar ideal para irnos a devorar un buen libro maridado con un café caliente. A un lector ávido, Alonso Salmerón le sucedió lo mismo: veía que cada librería tenía su fuerte (ya fueran libros excelentes, una cafetería de calidad o un local bien diseñado), pero sentía que ninguna reunía todas las características. Entonces, a pesar de no saber la primera cosa sobre negocios, decidió abrir su propia cafebrería

Lo primero que tuvo que hacer fue encontrar la locación perfecta para su oasis de libros. No quería abrirla en los lugares típicos de la Ciudad de México que son famosos por sus centros de lectura -como la colonia Roma, Condesa o Coyoacán-, sino que quería aportar este espacio a alguna zona a la que realmente le hiciera falta. Se le ocurrió buscar locales en el centro de Tlalpan, pero hay tan pocos espacios comerciales, que la renta es muy cara. Fue hasta que dio con una casa a la venta en la colonia Del Valle que Alonso supo que ahí tenía que abrir su local. La ubicación era céntrica, concurrida, relativamente cercana a una estación del metro, y, para el emprendedor, en una colonia con necesidad de más “centros culturales”.

Fue así como nació El Desastre Café, un nombre que busca recordar cómo Alonso arrancó sin experiencia y enfrentando una pandemia. 

“Encontramos una casa que era perfecta para lo que buscábamos. La dueña no la quería vender porque le convenía más rentarla por separado, pero nos dio chance porque ella en algún momento en su vida había tenido un proyecto parecido y le pareció una buena idea; le ilusionó mucho”, nos cuenta Alonso en entrevista con Entrepreneur en Español

Imagen: Desastre Café vía Facebook

Poco a poco fue sacando adelante el proyecto. Salmerón y sus amigos remodelaron la casa con un poco de ayuda de un arquitecto. Consiguió a las editoriales, encontró una manera de aplicar la cafetería y administrar todo el local. Sin embargo, averiguar cómo sacar trámites fue de lo más tedioso y complicado, sobre todo porque durante la pandemia se alentó todo, pero encontró una manera de resolverlo.

La pandemia que dio sentido al nombre

La falta de experiencia administrativa solo fue el primer problema que Alonso tuvo que enfrentar. Entre los retos más difíciles que tuvo que encarar estuvieron las primeras semanas de la pandemia de COVID-19 y la segunda ola de octubre a enero que provocaron el cierre de actividades no esenciales, como las cafebrerías. Un golpe fortísimo para un proyecto que pretendía llevar a cabo eventos y ser un punto de encuentro de artistas y clientes. 

“Un reto al que nos enfrentamos todos los días es que estos lugares tienen que permanecer vivos. Y para lograrlo tienes que reinventarte, hacer mil cosas que sean novedosas. Que puedas venir tú hoy y haya algo que te llame la atención y regresar la siguiente semana y haya otra experiencia que te llame la atención”, explica Alonso

A pesar de estar en pandemia,  Alonso decidió que no se iba a quedar con los brazos cruzados y abrió una página de Facebook y un perfil de Instagram y comenzó a hacer publicaciones. Días antes de la apertura pagaron publicidad en Facebook y eso atrajo a algunos vecinos, pero tuvo la suerte de que las personas correctas vivían por la zona. 

Sin embargo, al contrario de otros negocios que se enfocaron solamente en una estrategia digital para navegar la tormenta de la pandemia, Desastre Café optó por un modelo de promoción híbrido. Para atraer más clientes también ha implementado distintos eventos. Ha tenido exposiciones, cursos y organizó un tianguis de libros donde la gente podía ir a intercambiar libros. Su fundador asevera que le gustaría poder hacerlas más seguido, pero requiere de ciertas condiciones que no son seguras siempre. 

“Tuvimos la fortuna de que algunos escritores que vivían por aquí entonces se enteraron y vinieron en la primera semana. Son autores jóvenes que tienen mucho contacto con las redes sociales y que están publicando constantemente y tienen una comunidad muy cercana que también es muy fiel también a este tipo de librerías: pequeñas, como de barrio”, nos cuenta Alonso sobre la publicidad de boca en boca y de influencers que recibió.

Con un poquito de ayuda de sus amigos

A veces las cosas han sido un desastre para Desastre. Así como los escritores que llegaron a sus instalaciones y que la elevó un escalón más en el ecosistema de cafebrerías de la capital mexicana, Desastre Café también se ha enfrentado a muchos obstáculos en su recorrido. Cuando una editorial estaba bloqueando sus ventas, la amiga de una librería que tenía el contacto decidió hablarles para echarle la mano. Cuando estaba tratando de averiguar cómo incluir la cafetería al negocio, unos amigos cerraron la suya y le vendieron a Salomerón las máquinas que necesitaba casi a mitad de precio. A pesar de no tener experiencia, Alonso fue encontrando la manera de lograr que todo funcionara justo como él lo había imaginado. Pero esa serie de inconvenientes inspiraron el nombre del Desastre Café.

“Yo tenía clarísimo que esto iba a ser un desastre, administrativo sobre todo. Jamás en mi vida no había llevado cuentas de nada; ni las mías, casi casi. Pero íbamos a ver qué pasaba. Yo sabía que podía ser un desastre y funcionar de todos modos y resolver todo sobre la marcha, y ver que onda”, dice Alonso. 

Imagen: Desastre Café vía Facebook

Por otro lado, desastre era una palabra que leyó en algún lado provenía del griego disastron, que significa “la caída de una estrella”. La caída podía generar algo bueno o malo. A Alonso le parecía que la apertura de una librería era como la caída de una estrella, igual y salía algo increíble, tal vez era una catástrofe. Hasta ahora, se podría decir que la caída de la estrella ha sacado algo increíble. El local ha logrado mantenerse a flote en momentos que han sido muy retadores para esta industria, han podido pagar todas las deudas y las finanzas no han sido un tema de preocupación. Ha disfrutado poder ver que logró su meta con la librería, que ese lugar con todas las características que él buscaba ya existe. 

“Me gusta que te cruza con muchísimas personas muy distintas, pero todos tenemos algo en común: la literatura, los libros. Y eso siempre es como una cosa muy amigable, muy buena onda, uno cae en blandito porque sabe que hay ciertos intereses en común. Me gusta ver cuando regresa la gente, que viene con frecuencia, porque esa siempre fue la idea del café, cuando veo gente que pasa mucho tiempo aquí lo disfruto porque creo que se sienten como en casa.” 

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