Sismo 19S: Las cosas que aprendimos en 2017

México es un país emprendedor porque, cuando se necesita, es "luchón", innovador, valiente y desmedido.

Por
Las opiniones expresadas por los colaboradores de Entrepreneur son personales. Este artículo fue actualizado en Septiembre 19, 2021

Arturo Luna / Entrepreneur en Español

El 19 de septiembre de 2017 a eso de las 9 de la mañana compartí una imagen en mis redes sociales del derrumbe ocurrido en el Hotel San Regis ocasionado por el sismo de 1985. Junto con esa icónica postal puse una frase que me decía mi padre y que me gusta mucho: “Solo el pueblo puede salvar al pueblo”.

Estaba recordando el que hasta ese momento había sido el sismos más catastrófico de la historia de México. Nunca pude imaginar que ese mismo día, al filo de las 13:14:40 de la tarde de ese martes, la zona centro del país se volvió a estremecer por varios minutos que se extendieron a eternidades, dejando más de 300 muertos, decenas de damnificados y varios desaparecidos.

Quienes sean chilangos (residentes de la Ciudad de México), no me dejarán mentir. La escena dantesca parecía sacada de la peor película de desastres de Hollywood: gente desorientada y asustada por las calles; las líneas telefónicas inservibles, el internet saturado, raudales de noticias que decían que tal o cual edificio se había desplomado...

Los estados más afectados fueron Oaxaca, Morelos, Estado de México, Guerrero, Puebla y la Ciudad de México.

Sin embargo, recuerdo esa fecha no solo por la destrucción y por conmemorar a nuestros muertos, sino porque ese día México cambió la percepción que tiene de sí mismo. Miles de personas salieron a la calle con vasos de agua para aquellos que debían volver a casa a pie porque se había suspendido el servicio del metro. Otros más que sí tenían luz, colgaban de sus ventanas extensiones para que la gente pudiera cargar sus celulares. Otros más abarrotaron los hospitales del IMSS y el ISSSTE con el solo propósito de ir a donar sangre. Y ni bien había terminado de asentarse el polvo de los edificios caídos cuando la gente ya estaba escarbando entre las ruinas para sacar a los sobrevivientes. 

Nací en febrero de 1985 así que para mí, la solidaridad que la sociedad civil mostró en los 19 y 20 de septiembre de aquel año era lejana, casi legendaria. No puedo describirles lo que he sentido y vivido al experimentarla en carne viva en 2017.

Como lo dijo Emilio Viale en su comentario El Jueves Negro para El Universal el 20 de septiembre de 1985, la pregunta que surge al ver la respuesta de la sociedad civil es “¿quién convocó a tanto muchacho, de dónde salió tanto voluntario, cómo fue que la sangre sobró en los hospitales?”

Foto: Georgina Almaraz

En cuestión de minutos, - sí, minutos-, la gente ya estaba usando Twitter y Facebook para organizar brigadas de rescate y centros de acopio. Las mamás se organizaron para llevarles tortas, tamales y atole a los brigadistas, Ejército y Marina para darles fuerza en sus labores. Los más jóvenes abarrotaron las tlapalerías para conseguir palas y guantes de carnaza para hacer turnos dobles para rescatar a la gente. El puño arriba se volvió en nuestro símbolo de esperanza más fuerte porque significaba que había que hacer silencio porque se había encontrado a alguien con vida. 

Los adorables binomios caninos, de donde surgió nuestra adorada Frida, inspiraron a los más pequeños y nos ayudaron a explicarles qué estaba pasando. Nuestros centros de recreo como la Arena México, el Pepsi Center y la Plaza de Toros se llenaron de personas llevando y trayendo cajas de víveres a camiones que aparecían gracias a marcas que los transportaban a los lugares más afectados por el terremoto. 

Los emprendedores, grandes y pequeños, me conmovieron tremendamente. Muchos de ellos estos hombres y mujeres de negocios tienen empresas que apenas están creciendo o incluso son startups y que no dudaron en poner sus servicios a disposición de los más necesitados. Todos, grandes y pequeños, ayudaron como les fue posible. Por ejemplo, Eduardo Higareda creó Cómo Ayudar, un sitio web para indicar cómo y en dónde ayudar desde cualquier parte del país o incluso desde el extranjero; Marcela González, Andrea Leal, Ana Martínez y María Cantú crearon VI.DA., empresa que ayuda a crear una vivienda emergente de fácil y rápida construcción y sobre todo digna para las personas que han perdido su hogar después de un desastre natural; Échale a tu casa de Francesco Piazzesi desarrolló un programa social para dar hogar a los damnificados. Por mencionar solo a algunos, porque estoy segura de que muchos nombres más se me escapan. 

No podemos olvidar a nuestros hermanos que desde otros países nos ayudaron y se ganaron el cariño eterno de los mexicanos. ¿Quién puede ver las porras que recibieron los rescatistas de Japón e Israel al regresar a sus países sin llorar? 

Es cierto. Los mexicanos tenemos estrés postraumático con los sismos de septiembre. Hacemos chistes con memes de bolillos porque sabemos cuán profundamente terrible puede ser una catástrofe natural. 

Pero ese 19 de septiembre también aprendimos (¿recordamos?) que México es un país emprendedor porque es “luchón”, innovador, valiente y desmedido. Porque donde muchos ven un problema, nosotros vemos una oportunidad. Porque sabemos que un largo camino solo se recorre andando.

Tal vez estamos viviendo momentos de polarización, -como en todo el mundo-, pero sabemos que, cuando sea necesario, somos un solo pueblo. 

Hace cuatro años nos levantamos y lo seguiremos haciendo. 

Ingresa Ahora