Por qué Marta Hernández y su familia crearon una utopía para mujeres en las calles de Coyoacán

Utópicas es un centro cultural que se enfoca en darle lugar a las mujeres artistas.

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Nota de la editora: Esta historia es parte de nuestra nueva serie "Emprendedores como yo", en la que buscamos dar visibilidad a los dueños de Pymes, locales y comercios contando sus historias de resiliencia. 

Utópicas

El negocio de la familia Hernández Aguilar es una utopía escondida entre las calles de Coyoacán, un lugar que quiere brindar un espacio para las mujeres creadoras y para temas sociales sobre los que deberíamos informarnos. Por eso se llama Utópicas. Según cuenta la dueña, el porcentaje de publicaciones hechas por mujeres en comparación con hombres es de un 30-70%razones como esta las llevó a pensar que era necesario abrir una librería en donde sólo se vendiera el trabajo de mujeres. 

Tuvieron la idea hace mucho tiempo, pero antes de comenzar el proceso se les dio la oportunidad de irse a vivir a España y estuvieron allá 15 años, dejando pendiente el proyecto del centro cultural para mujeres. En Madrid está la madre de las librerías de mujeres, y se inspiraron en ella para Utópicas. También aprovecharon para ir haciendo contactos y cuando regresaron estaban listos para abrir Utópicas. 

“Encontramos un lugar a la vuelta de mi casa. Lo acondicionamos para poder empezar para crear la librería. Eso nos llevó mucho tiempo, entre que conseguimos los viveros, los muebles y todo. Pero a pesar de ese esfuerzo, lo más difícil fue conseguir editoriales”, narra Marta Hernández en entrevista con Entrepreneur en Español

Imagen: Cortesía Utópicas

Lo más difícil de todo fue conseguir las editoriales. Las editoriales grandes te piden que tengas recomendaciones y cuando vas empezando no tienes ninguna. Comenzaron con editoriales más chicas e independientes como Sexto Piso y Almería. Poco a poco fueron consiguiendo otras. Pero la gran mayoría de sus libros los traen de Argentina y España. Los libros que venden son sobre temas muy especializados como movimientos sociales, entonces hay que encontrar publicaciones de divulgación sobre ellos. No es una tarea fácil porque en México, por ejemplo, sólo hay textos académicos por el momento. 

Como es difícil conseguirlos nacionalmente, la gran mayoría de sus libros los traen de Argentina o España. Esto le resulta problemático a las dueñas por dos razones. La primera es que las aduanas son una gran complicación en el proceso de adquisición de libros. Son trámites muy complicados en donde hay que estar llenando papel tras papel y luego se quedan los envíos en almacén un buen rato. Han recibido paquetes que llegan con libros maltratados, o incluyen cosas que no pidieron dentro de sus cajas. 

Imagen: Cortesía Utópicas

Los ahorros de una vida para crear una utopía

La segunda razón es que los temas que tienen dentro de la librería son muy sociales y culturales, por lo que varían mucho dependiendo del país en el que están. Entonces un libro sobre feminismo en España puede estar carente de temas que son necesarios hablar en México. Por eso quieren encontrar una manera de motivar a autoras mexicanas a publicar sus escritos sobre estos temas. 

“Es nuestro sueño dorado ahorita poder convocar a las editoriales y las autoras para trabajar sobre estos temas. Es una tarea pendiente que tenemos”, cuenta la dueña de la librería. 

Para empezar Utópicas usaron todos sus ahorros, no tienen una fundación detrás ni una empresa grande, decidieron apostarle todo a su idea.  Al cambiarse de local tuvieron muchos gastos porque la renta es mucho más alta, por lo que se ha complicado más el ingreso económico. A veces las personas se quejan de los precios de Utópicas, pero no pueden cobrar lo mismo que en Gandhi ni devaluar el trabajo de las artistas que venden sus cosas en la tienda. 

Imagen: Cortesía Utópicas

“Es un trabajo muy intenso y muy demandante que nos gusta mucho, pero nos hacemos pedazos. Hay que ser solidarios y sororos, pero hay que ser realista. Nosotras también tenemos cobros que cumplir.”

Además de vender libros y tener una galería, decidieron expandirse más allá de la literatura. Venden joyería, ropa, bolsas, sombreros, películas y pinturas. Nunca se meten con los precios que las artistas le ponen a su trabajo. Marta cuenta que esa relación de las partes más bonitas de todo el negocio y de lo que más se disfruta. Fue como una cadenita, en la que contactaron a dos o tres y ellas fueron incluyendo a sus amigas. Así fue creciendo la red y se fueron convirtiendo en una comunidad. 

“Nuestra relación con las artistas, las proveedoras, es más de amistad que comercial. Es muy lindo. De pronto conocíamos dos o tres que nos llevaban aretes y agendas y libretas, pero nos decían que tenían amigas que hacían tal y tal y se hizo una cadenita. De ser una galería/librería se ha convertido en una comunidad. Por delante va la confianza”, dice Marta. 

Así es como han ido creciendo, creando comunidad. No han gastado mucho en redes sociales, de repente harán una publicidad pagada, pero no está dentro de su presupuesto todavía. Claro que planean formalizar el plan de marketing en algún futuro, pero por ahora el crecimiento ha sido casi completamente orgánico. Las personas que van a comprar libros o vender sus productos o participar en talleres corren la voz. Son muy optimistas sobre su futuro, porque cada día van creciendo y es una causa que les apasiona como familia. 

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