Easy on me: La nueva canción de Adele y lo que nos enseña sobre emprender

A veces hay que darnos chance.

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Hace pocos días la cantante británica Adele lanzó su nuevo sencillo Easy on me, que pronto se colocó entre los primeros lugares en todas las plataformas. Por supuesto, su voz es espectacular y su estilo innegable. Pero hay algo más profundo en esta canción: una llamada a un sentimiento universal que está haciendo eco entre personas de todo el mundo.

Adele vía YouTube

La frase “Go easy on me” no tiene traducción exacta. Puede traducirse como “trátame con cuidado” o “trátame con cariño”. En el ecosistema de la canción significa “No me juzgues con tanta severidad” o, de forma más coloquial “dame chance” o “dame oportunidad”. Para Adele, según lo ha dicho, la canción es una súplica que hace al mundo y al espejo por sus errores de juventud, y la manifestación de su voluntad para resurgir.

Vale la pena escucharla muchas veces. ¿Qué nos puede enseñar en el entorno del emprendimiento?

1. Perdona tu pasado, sé implacable con tu presente

Todos hemos cometido errores. Errores muy grandes y algunos, muy graves. Algunos que no podemos rehacer. El mundo no siempre nos da segundas oportunidades.

¡Tú también has cometido errores! Yo también y las personas que admiramos ambos. Todos.

Amor, dame chance,

yo era todavía una niña.

No tuve la oportunidad de

percibir el mundo a mi alrededor.

No tuve tiempo de elegir

lo que decidí hacer

Así que dame chance.

La mayoría de las personas aún éramos adolescentes cuando debimos elegir una carrera profesional, una que supuestamente definiría nuestro futuro. Pero ¿Qué tanto sabemos de la vida y los negocios a los 17 años? ¿Qué tanto sabemos del mundo…  y de nosotros mismos?

Muchos se quedan atorados en este error y lo lamentan por años, estorbando en su propio crecimiento. Nos equivocamos y arrastramos ese error hasta que forma parte de nuestra personalidad. Quizás emprendemos y fallamos; o iniciamos algo que no logramos terminar. 

Y entonces agregamos esa falla en nuestro currículum personal. “Soy Pedro y equivoqué mi carrera”, “soy Lucía y soy mala en los negocios”, “soy Pablo y siempre me equivoco”. Y nos paralizamos. No queremos dar nuevos pasos ni tomar nuevos riesgos. Es nuestro mecanismo de supervivencia: nuestra falla se convierte en nuestro rostro.

Pero hay que darnos chance.

2. Nadie te juzga tanto como tú mismo. Cambia el “no soy” por el “aún no soy”

Nos juzgamos con severidad, olvidando que el mañana no existe aún: no está escrito. Pensamos que nuestro pasado define nuestro futuro y que todo el mundo nos cierra la puerta cuando, en realidad, nosotros mismos tenemos la llave que abre nuestros proyectos futuros.

Sé que hay esperanza

en estas aguas;

pero no me atrevo a nadar

cuando me estoy ahogando.

Todos intuimos que el mundo está lleno de oportunidades. Pero no nos atrevemos a buscarlas, porque nuestros errores nos definen y nos anclan. Hay que cambiar el “ no soy” por el “aún no soy”; el “no tengo” por el “aún no tengo” y el “no puedo” por el “aún no puedo” y redibujar nuestro propósito. Puedes hacerlo así:

  • No digas: “No tengo dinero”. Di “tengo poco dinero. Aún no soy libre financieramente”.
  • No digas: “No soy rico”; di “Aún no he aprendido a invertir. Aún no soy rico”.
  • No digas: “Yo no soy emprendedor”, di “Fallé en mi primer negocio. Aún no soy empresario”.
  • No digas: “Soy un fracaso”. Di: “me equivoqué de carrera. Aún no estoy en mi elemento”.

La razón es muy sencilla: Los errores se pueden corregir. Lo que no sabes, se puede aprender. Pero lo que “eres” te sigue por siempre. Y, lo creas o no, la manera en que hablas de ti a ti mismo y a los demás va construyendo la realidad, porque modifica tus decisiones diarias. 

Al cambiar el “soy” por el “aún no soy”, las últimas palabras de la frase se escriben casi solas. “No soy rico” es una sentencia. Pero “Aún no soy rico” exige una promesa a ti mismo, que se puede escribir entre signos de admiración “No soy rico… ¡pero lo seré algún día!”.

Y entonces el juicio se transforma en esperanza. Y el miedo se convierte en creatividad. 

3. Emprender es importante. Re-emprender lo es aún más

Nadie sabe cuánto has luchado. Sólo tú. Las veces que has llorado de desesperación y el agujero en tu estómago al notar que falta tanto. Nadie sabe cómo se acumulan tus cuentas a fin de mes, ni cómo tu corazón se enciende cuando miras a los tuyos y piensas en todo lo que querrías para ellos. Sólo tú.

Date cuenta de que, al observar el éxito de otros, tú tampoco sabes su historia completa. Igual que todos, solamente ves los resultados: la punta de un iceberg personal que todos tenemos. Quizás pienses que todo lo que has hecho y has trabajado es invisible (y tal vez lo sea), pero no desesperes. Puedes echar todo a la basura o usarlo para construir tu propio iceberg.   

Tuve buenas intenciones

y las más altas esperanzas

pero sé que ahora mismo

probablemente ni siquiera se note.

No importa si te equivocaste mil veces. No eres hoy la persona que fuiste ayer. Eres un poco más sabio, un poco más viejo, un poco más prudente. Aún no lo sabes, pero tienes en tu billetera una riqueza que nada puede comprar: la experiencia y el hambre; dos armas que, juntas, son imparables.

Tu historia no se escribió a los diecisiete años. Ni a los veinticinco ni a los cuarenta. No me importan tus dos carreras truncas ni tu tiempo tras las rejas, ni el tatuaje que nunca muestras. Quizás algunas puertas estén cerradas, pues las cosas tienen sus consecuencias. Pero no pierdas tiempo en lo perdido y, si te perdonas, puedes encontrar otras muchas puertas y ventanas. Si no las encuentras, rompe la pared. 

Como dice Adele, no te juzgues tan severamente; no selles aún tu condena. Date chance.

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