Emprender no es para cualquiera: Los 15 factores emocionales que pueden indicarte que no sería lo tuyo

Lo cierto es que emprender no es para cualquiera. Pero, ¿por qué no? Analicemos este aspecto. 

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El mundo actual parece estar dividido entre los que son empleados y los que emprenden. Sin embargo, pocas veces se expone claramente que no a todo el mundo se le da bien emprender, y que hay mucha más gente dispuesta a cobrar un sueldo fijo a fin de mes, que arriesgarse a tener un negocio propio.

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Uno de los motivos que sabemos quienes lo somos, es que nos encontramos constantemente en una batalla contra nuestro yo interior, que nos dice que muchas de las ideas que tenemos son imposibles o alocadas. A veces es el mundo exterior, que nos intenta convencer de que solo somos una persona más, sin importancia, y con todas en contra. Otras, son los problemas particulares que nos afectan y nos confunden. Y nos sobreponemos: hay una fortaleza manifiesta que ayuda a que avancemos.

Aunque lo cierto es que emprender no es para cualquiera. Pero, ¿por qué no? Analicemos este aspecto. 

Si bien la palabra emprender es atractiva y nos hace pensar en logros positivos, no todo el mundo está preparado para este tipo de desafío. 

Una persona que esté dispuesta a emprender tiene que contar, además de sus ideas, con una mente abierta, las habilidades necesarias para hacerlo, capital mínimo o saber encontrar financiamiento, capacidad de liderazgo, de innovación y de comunicación, y, fundamentalmente, equilibrio emocional. 

Lo tuyo no sería emprender si…

Lejos de querer tirar abajo tus sueños y objetivos de emprendimiento, es necesario hacer foco en aspectos realistas que yo mismo he podido experimentar en mi vida, iniciando distintos tipos de proyectos: desde un pequeño estudio de grabación de jingles publicitarios y programas de radio, hasta una gran compañía de relaciones públicas. Así que conozco lo que es emprender, porque soy emprendedor desde la infancia. 

Aquí van 15 indicadores que lo tuyo no sería emprender, para que puedas conocerlos y ponerlos en tu balanza interior. 

Recuerda: no se trata de desalentarte, sino que deseo ayudarte en profundizar en tu auto análisis para saber si encarar un emprendimiento sería adecuado para ti:

1. Si no toleras la presión

El tener tu propio negocio carga sobre tus espaldas todas las responsabilidades, y hay momentos donde esto implica una gran presión por obtener resultados, cerrar negociaciones y abarcar muchos aspectos al mismo tiempo. 

2. Si no aguantas la incertidumbre 

Cualquier negocio, por prometedor que parezca, tiene un gran signo de interrogación delante. Si eres de las personas que prefieren la estabilidad, quizás emprender no sería lo tuyo porque lo más frecuente es que deberás navegar en aguas inciertas la mayor parte del tiempo. 

3. Si no soportas que todo el negocio dependa de ti 

El rol emprendedor implica una alta responsabilidad sobre el total del negocio, por más que tengas socios y personal. Si te parece extenuante de sólo pensarlo, considera bien si realmente estás en condiciones de soportarlo. 

4. Si no tienes tiempo para dedicarle 

Muchas personas quieren emprender fuera de su trabajo estable. De hecho, así lo hice cuando comencé mis primeros negocios. El tema es que emprender en un mundo competitivo como el actual te lleva todo el tiempo. Si no dispones de las 24 horas todos los días, es difícil que puedas seguir el ritmo de crecimiento que quisieras para tu empresa incipiente.

5. Si no aceptas los fracasos 

Como el riesgo está siempre latente, si eres una persona que no toleraría que le vaya mal sería preferible que no emprendas; porque si bien del fracaso se aprende, hay personalidades a las que les cuesta mucho ver la experiencia fallida desde esa perspectiva.

6. Si eres muy emocional y todo te debilita 

Otro aspecto a tener en cuenta es el de las emociones, porque al emprender en muchos momentos habrá que ponerse fríos y calculadores. Después de todo se trata de hacer funcionar tu negocio. Si no has trabajado suficientemente las emociones en ti, o te sientes frágil ante el primer inconveniente que se presente, quizás debas considerar cómo manejar esta situación si quieres emprender.

7. Si no sabes organizar tu tiempo

Este aspecto es esencial para el espíritu de las personas con un negocio propio. Son tantas las tareas y responsabilidades que deberás hacer malabares para manejar tu agenda y compromisos. Porque tener desorganización no sólo llevará al caos en tu funcionamiento, sino que te hará perder muchísimo dinero. 

8. Si te gusta trabajar en soledad

Prácticamente no existen los trabajos donde la persona que emprende pueda no depender de nadie. Lo más usual es que necesites de la cooperación, el intercambio y la colaboración con otras personas. Si lo tuyo es exclusivamente hacerlo en solitario y a tu manera, tal vez emprender no sea una buena idea, salvo que decidas entrenar tus habilidades sociales. 

9. Si no te apasiona seguir formándote 

Otra clave importante es la de la mejora continua. Así como en una empresa donde estás a sueldo fijo algunas veces brindan capacitaciones para el personal, al emprender necesitas actualizarte continuamente. La formación es estratégica para tener ventaja competitiva en un mercado que realmente puede ser muy duro, y si no estás con disposición a invertir en ello podrías quedar fuera del mercado.

10. Si no sabes comunicarte bien con los demás

La cualidad de transmitir tus ideas y tu pasión ya sea al equipo que te acompañe como a tus clientes y proveedores, y al mercado en general, es esencial para el éxito de cualquier emprendimiento. Muchos empiezan pensando que solo hace falta una buena idea, pero es mucho más que eso: necesitas darte a conocer e interactuar diariamente, todo el tiempo. Si quieres permanecer en el anonimato y no puedes vincularte en forma apropiada con las demás personas, tendrás serias dificultades en tu rol de emprendedor.

11. Si no aceptas que puedes ir a bancarrota 

En cualquier negocio siempre está latente el riesgo de que no te vaya bien. Por eso si este aspecto te aterra, y más aún si no cuentas con ningún respaldo, quizás pienses dos veces antes de encarar tu proyecto propio.

12. Si no estás dispuesto a trabajar todos los días de la semana, todo el año 

Más arriba te mencionaba la ardua dedicación que requiere el emprender. Es muy fácil levantarse, cumplir un horario y volver a casa. Ahora, cuando ese horario son las 24 horas, y pueden pasar dos o tres años, o más hasta disponer de cierta organización para tener tiempo personal, las cosas pueden volverse complicadas y debilitar lo que creías que era un fuerte espíritu emprendedor.

13. Si no quieres cargar con muchas responsabilidades 

Otro clásico de las personas que conozco es que dicen por un lado que les gustaría emprender, aunque por otro no están dispuestas a asumir las responsabilidades de todos los aspectos. No es compatible ni factible disfrutar sólo de lo lindo y agradable del emprender, si no asumes la otra parte. 

14. Si no tienes auto control cuando las cosas se salen de curso 

La maduración emocional es otro aspecto decisivo a la hora de emprender. Por ejemplo, si eres una persona con emociones demasiado a flor de piel, que llora permanentemente, o que estalla de ira de la nada, emprender no sería para ti, porque diariamente las cosas podrán salir de su curso, y deberás tener las competencias apropiadas para afrontarlas asertivamente.

15. Si piensas que nadie lo hace mejor que tu 

El aspecto fundacional de cualquier emprendimiento en su gran mayoría es una idea. Y esto lo hace especialmente valioso, ya que no todas las personas se animan a llevarlas a la práctica. El asunto aquí es que, si piensas que la única mente iluminada es la tuya, acabarás en soledad, desamparo y con una sensación de abandono. Si, además, eres ultra exigente contigo y con el equipo, y piensas que nadie lo hace mejor que tú, posiblemente no estás para emprender o encabezar un proyecto propio. En estos casos conozco personas que han buscado socios complementarios para llevar adelante sus ideas.

Una reflexión final antes que abandones tus ideas de emprender

Sé que quizás te suene duro todo lo que he compartido hoy contigo; aunque prefiero hacerlo de esta forma, para que consideres cada uno de estos puntos en profundidad. 

No se trata de arrancar algo y abandonarlo a los tres meses: emprender es un proyecto de vida en sí mismo.

Claro que todo depende de tu personalidad, del entusiasmo, ganas, recursos, y, sobre todo, de la fuerza interna que tengas. 

Nadie dice que no lo podrás lograr; sólo que quizás te ayude conocer el “lado B” de emprender, para que te prepares mejor, o busques los recursos necesarios para que el proceso no fracase antes de empezar.

Conozco cientos de ejemplos de personas con muchas de las condiciones limitantes que he compartido aquí, y que, sin embargo, tienen sus negocios super exitosos en distintos países: la clave es que han trabajado en sí mismas, moldeado su temperamento, personalidad y habilidades, y avanzado permanentemente.

Si ellos pueden, tú también, si te decides a sumergirte en estos quince puntos y superarlos. Y eso depende exclusivamente de ti.

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