Los problemas del liderazgo de servicio

Las organizaciones con un enfoque de liderazgo de servicio son más confiables y tienden a atraer a más partes interesadas a largo plazo.

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La mayoría de los ejemplos que explican el liderazgo de servicio no solo son difíciles, sino imposibles de lograr. Tomemos el ejemplo de Jesucristo, un ejemplo muy por encima del alcance humano.

El listón se ha puesto tan alto que los aspirantes a líderes sirvientes pueden fácilmente desanimarse de dar el primer paso. Además, los adjetivos adjuntos a las cualidades de un verdadero líder servidor hacen que el concepto sea más una fantasía utópica que una realidad alcanzable.

Es bastante impráctico que una persona posea todas estas cualidades, especialmente en el grado requerido para demostrar un liderazgo de servicio auténtico. Peor aún, la lista de cualidades que debe poseer un líder servidor ideal es cada vez más larga, y cada nuevo investigador identifica otra cualidad.

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Falta de claridad en la identidad del líder servidor.

Hasta ahora, gran parte del debate y la literatura disponible sobre el liderazgo de servicio ha sido teórico. Gran parte de la convicción de liderazgo de servicio de los promotores se ha basado en apelaciones a las emociones y estudios de casos académicos.

A pesar de la enorme cantidad de discusión, se ha reunido muy poca evidencia a través de la observación práctica. Esto podría deberse en parte a que se trata de un tema de investigación relativamente nuevo. Quizás la prueba del liderazgo de servicio es difícil o imposible de obtener y analizar, lo que hace que toda la teoría sea imposible de contrastar. De cualquier manera, es un desafío comparar el liderazgo de servicio con otras teorías ampliamente investigadas como el liderazgo transformacional.

Demasiado sobre el liderazgo de servicio es genérico, pero no mucho sobre él es preciso. La mayor parte de la literatura utiliza atributos, características y cualidades para describir lo que un líder de servicio necesita hacer, cómo debe comportarse el líder, cómo se puede ilustrar el liderazgo de servicio, pero no mucho sobre lo que es el liderazgo de servicio.

Es necesario definir claramente el término para ayudar a los futuros teóricos a tener algo sobre lo que construir. Más importante aún, una definición ayudará a los futuros investigadores y profesionales a tener un punto de referencia y también a evaluar el grado de éxito del concepto.

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Género y muy pocos ejemplos

La mayoría de los términos utilizados para describir el liderazgo de servicio en la literatura son masculinos, a pesar de que el modelo aboga por un enfoque de liderazgo sin género. La literatura sobre liderazgo de servicio usa connotaciones patriarcales, pero la teoría usa un contraste masculino-femenino para crear un atractivo emocional. Irónicamente, la teoría del liderazgo de servicio intenta abogar por un enfoque justo e inclusivo del liderazgo y, al mismo tiempo, sustenta la masculinidad privilegiada.

El liderazgo de servicio tiene algunos ejemplos de líderes que caen dentro de sus descripciones y aún menos organizaciones que lo practican. Se ha investigado poco para determinar si se ha aplicado en las organizaciones y si ha logrado los resultados deseados en las organizaciones.

El siglo XXI está impulsado por los negocios y la información. Sin las grandes corporaciones multinacionales que adopten el concepto, las organizaciones más pequeñas se mostrarán reacias a hacerlo. Además, las organizaciones más prominentes no adoptarán el concepto hasta que la teoría haya sido probada de manera confiable y se haya demostrado que ofrece resultados.

Asociación con la religión y la paradoja

La mayor parte de la literatura sobre liderazgo de servicio indica que el liderazgo de servicio surge de la teología judeocristiana. Esto explica por qué algunos de los que han cuestionado la teoría también han cuestionado indirectamente al cristianismo como religión. Esto se ve reforzado por las numerosas ocasiones en que se presenta a Jesucristo como el líder simbólico supremo de lo que debería ser un líder servidor ideal. Todo esto parece dificultar la crítica de la idea y, lo que es peor, ha hecho que sea mucho más difícil para quienes no se suscriben al judeocristianismo abrazarla de todo corazón.

Para agravar la falta de una definición consensuada, el liderazgo de servicio se compone de dos palabras paradójicas. Servidor significa servir: alguien que realiza algunas tareas para beneficiar a una persona, generalmente de mayor estatus o rango. Por otro lado, un líder es una persona que dirige y guía a otros hacia una meta o visión específica. Por lo tanto, el acto de ser un sirviente y al mismo tiempo ser un líder es un oxímoron ya que las dos palabras tienen significados coloquiales opuestos. Solo una definición clara del concepto puede aclarar esto.

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Provisión para la resistencia de los seguidores

Las personas generalmente se resisten al cambio, principalmente cuando el status quo podría beneficiarlas de una forma u otra. Sin embargo, el liderazgo de servicio no considera la resistencia que puede surgir de los seguidores. Es posible que algunos seguidores no sean recíprocos cuando hay menos presión, lo que lleva al fracaso en el cumplimiento de sus objetivos. La suposición de que la buena voluntad del líder es suficiente para que el modelo sea un éxito no es realista.

Finalmente, la teoría no especifica si se supone que los atributos que ayudan a definir el liderazgo de servicio son innatos o aprendidos. Algunas cualidades aprendidas, como la humildad, no se manifiestan como talentos naturales para muchas personas; se aprende. Algunos atributos, como la persuasión, pueden resultarles naturales a algunas personas y no a otras. Al mismo tiempo, el modelo no especifica qué característica se requiere en qué proporción, cuál es imprescindible y cuál puede verse comprometida o sustituida.

En pocas palabras, el liderazgo de servicio parece más un estilo de liderazgo populista, ideológico y menos pragmático desplegado para lograr los objetivos deseados. Aún así, queda mucho trabajo por hacer para convertirlo en un concepto comprobable y que pueda implementarse y monitorearse de manera práctica. En un mundo competitivo del siglo XXI, sería un movimiento arriesgado adoptar una idea por atractivo emocional y sentimientos viscerales sin depender de pruebas comprobadas y mensurables.