Las seis lecciones de vida del Jefe Vulcano

Hoy fue despedido Raúl Esquivel Carbajal, quien trabajó durante casi cinco décadas años como bombero en la Ciudad de México y falleció ayer a los 77 años. En su sencillez y disciplina de trabajo hay grandes lecciones para cualquier emprendedor.

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A Vulcano, el dios del fuego, se le suele representar trabajando ante una forja: concentrado y disciplinado, creando las armas que utilizarán los más grandes héroes y semidioses de la mitología romana. A Raúl Esquivel Carbajal, mejor conocido como el Jefe Vulcano, también le gustaba trabajar, pero él no lo hacía frente a una forja, sino que dentro de ella: ahí mismo en donde el fuego lo transforma todo en caos, destrucción y cenizas.

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Con 25 años y tras haber estudiado un curso en mecánica automotriz, Raúl pasó frente a una estación de bomberos buscando refacciones en el centro de la Ciudad de México y al ver un letrero que indicaba que había vacantes, se acercó para preguntar por los requisitos. Luego de una serie de pruebas médicas y físicas, el 1 de agosto de 1969 el joven comenzó a trabajar en la estación de bomberos para dar servicio a los vehículos sin imaginar que había encontrado con su destino.

PRIMERA LECCIÓN: LEVANTA LA MANO

En un principio la idea de Raúl era solo darles mantenimiento a las unidades de la estación, pero al ver el empeño que los bomberos ponían en su trabajo se sintió interesado por la profesión y pidió una oportunidad para empezar a servir como bombero. Uno podría decir que Raúl sintió el llamado, pero lo importante es que respondió a él. Muchas veces, pese a la pasión y la emoción que puede producir un nuevo reto, solemos callarnos en lugar de manifestar con voz clara y segura que nosotros somos capaces de afrontarlo. Esquivel Carbajal fue aceptado en el cuerpo de bomberos y se inició como cabo para después ascender de manera paciente en el escalafón de la organización: sargento segundo, sargento primero, teniente, subteniente, capitán segundo, capitán primero, mayor, coronel y finalmente director general del Cuerpo de Bomberos de la Ciudad de México. Pero ese largo recorrido inició con la idea y el valor de hacerse escuchar para decir: yo quiero y yo puedo.

SEGUNDA LECCIÓN: TRABAJA CON TANTA PASIÓN QUE PIERDAS LA NOCIÓN DEL TIEMPO, PERO NO OLVIDES LO FUNDAMENTAL

El Jefe Vulcano se retiró en 2018 después de casi 50 años de servicio ininterrumpido. En una entrevista que concedió a Letras Libres comentó que recibió el cargo de director general de la institución en 2003 y que a partir de entonces cada jornada de trabajo iniciaba de manera religiosa a las cinco de la mañana, aunque no sabía a qué hora iba a terminar. Había tanta pasión hacia su trabajo que las horas, los días y las noches volaban: "Por eso cuando estuve en activo nunca pedí vacaciones y, si había alguna emergencia en la madrugada, regresaba al lugar de los hechos sin importar donde fuera". El precio que pagó fue estar lejos de su familia: "Me perdí de cosas tan simples, pero importantes como el hecho de ir por mis hijos a la escuela o ayudar a mi esposa en la casa".

Aunque es maravilloso trabajar en algo que te apasione al grado de que dejes de percibir el paso del tiempo, no debes de olvidarte de otros aspectos de tu vida. El trabajo como emprendedor implica grandes retos, largas jornadas y con frecuencia terminamos ya que el sol se ha puesto robándole horas al tiempo con nuestros amigos y familia. Vulcano hablaba de esa falta de contacto con melancolía y dentro de su historia es un recordatorio de lo importante que es buscar siempre un balance entre lo profesional y lo personal.

TERCERA LECCIÓN: PESE AL HORROR, DISFRUTA EL CAMINO

Los ojos del Jefe Vulcano vieron cosas que la mayoría de nosotros no soportaría: de la explosión en San Juanico Ixhuatepec en el Estado de México en 1984, a los sismos de 1985 y 2017, pasando por miles de incendios, derrumbes, accidentes e inundaciones. El hombre solía decir: "Mi trabajo fue difícil… pero bonito". Quizás el secreto del Jefe Vulcano radicó en hallar algo hermoso ahí donde había caos, dolor y destrucción, porque tenía al opción de centrarse en el dolor o en la satisfacción de haber salvado a alguien del abrazo de la muerte.

Con frecuencia solemos dramatizar las cosas y odiar nuestra rutina, nuestros pendientes y a nuestros jefes. Maldecimos nuestro nivel de ingreso y todo aquello que queda por hacer. Pero si alguien cuyo trabajo era dejarse envolver por el fuego dentro de un inmueble que está a punto de colapsar podía encontrar la belleza en la crisis, nosotros también deberíamos de ser capaces de hacerlo.

CUARTA LECCIÓN: SIÉNTETE ORGULLOSO DEL CAMINO RECORRIDO

Vulcano guardaba con orgullo un libro de vida con los recuerdos de cada puesto que asumió y cada condecoración que recibió. Una galería de recuerdos que mostraba con orgullo en las entrevistas. Seguro hubo dudas en su camino y momentos en que creyó no poder seguir adelante. Compañeros fallecidos cumpliendo su deber y quemaduras que lastimaron su cuerpo. Pero el hombre se sentía profundamente orgulloso de cada uno de los pasos que dio.

A veces, cuando las cosas no salen como esperamos, maldecimos el momento: culpamos, señalamos y odiamos. Llegamos incluso a desear que algún capítulo de nuestra historia ni siquiera hubiera existido. Pero cada uno de nosotros es lo que ha vivido en el camino recorrido. Hay que abrazar a la persona en la que nos hemos convertido y mostrar orgullosos esa historia escrita en las cicatrices y quemaduras que llevamos en nuestra piel, así como lo hacía el Jefe Vulcano.

QUINTA LECCIÓN: LA FUERZA DE LA SATISFACCIÓN PERSONAL

Es bien sabido que un bombero no gana bien en México. Según el sitio glassdoor.com su sueldo mensual promedio es de $12,208 pesos. Para Raúl Esquivel la razón de ser bombero no estaba en lo económico, sino que en la satisfacción personal que le dejaba auxiliar a la gente cuando más lo necesitaba. No importaba que el equipo estuviera viejo o que supiera que el próximo aumento tampoco bastaría: lo que lo movía era lo que sentía al realizar su trabajo: el Jefe Vulcano se sentía satisfecho.

Aunque lo económico siempre será un factor importante, jamás hay que dejar de lado lo mucho que te puede nutrir el disfrutar de tu trabajo. No sacrifiques eso por un sueldo, más bien busca la manera de generar un mayor ingreso haciendo eso que te llena. En el caso de Vulcano fue ir subiendo en la organización, pero sin dejar de involucrarse en lo que lo hacía sentir pleno: ayudar a quien más lo necesitaba durante las emergencias.

SEXTA LECCIÓN: LA FUERZA DEL "VAMOS PARA ALLÁ"

El Jefe Vulcano abrió su cuenta de Twitter en noviembre de 2013, siendo todavía el director general del cuerpo de bomberos y ante el reporte de una emergencia siempre respondía con la misma frase: "Vamos para allá". Tres palabras que resumen su filosofía: sin importar lo que pudiera haber sucedido, siempre estaba listo para ayudar. Sin pretextos, ni enfados, ni glorificaciones. Preparado para atender los imprevistos.

Cuando algo inesperado se atraviesa en nuestro camino la mayoría de nosotros nos descontrolamos. A veces nos enfadamos o nos pasamos horas (¡o días!) lamentándonos, en lugar de sentarnos a resolverlo. Para Vulcano no había nada más que acudir al lugar de la emergencia para hacer lo que mejor sabía hacer: entregarse a los demás.

Por su sencillez y su disciplina, el Jefe Vulcano se ha convertido en uno de los personajes legendarios en la historia reciente de la Ciudad de México. Un hombre apasionado por el trabajo a cuya muerte cientos de personas respondieron con la misma frase que él hubiera utilizado para ir a honrarlo y despedirlo: "Vamos para allá".