Ella dejó la arquitectura para enseñarle al mundo cómo es la CDMX en bici

Con su empresa Porày, Gabriela Hernández descubrió en las bicicletas una oportunidad para hacer negocio en sus ratos libres, organizando tours por Ciudad de México y la renta de bicicletas.
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A pesar de ser arquitecta de profesión, con dos hijos a su cuidado y activista en pro de la movilidad en Ciudad de México, Gabriela Hernández Castillo, una emprendedora de 41 años, comenzó un negocio que sólo operaba en sus pocos ratos libres y que después se convertiría en la empresa que hoy es el sustento de toda su familia.

Gabriela vivió seis años en Estados Unidos junto con su esposo Pablo. Ahí se especializó en arquitectura sustentable y obtuvo una certificación LEED (Leadership in Energy & Environmental Design, por sus siglas en inglés). Durante su residencia, ocupaba la bicicleta para salir a dar paseos dominicales y, aunque no se consideraba ciclista, disfrutaba la actividad.

En 2011 le ofrecieron regresar a México con la promesa de trabajar en proyectos con enfoque ecológico, aunque al poco tiempo decidió renunciar a su empresa. Justo en la semana que dejó el trabajo, asistió a una fiesta donde había varios extranjeros y ahí conoció a una pareja de canadienses que le compartió su miedo de andar en bicicleta en la capital mexicana. Aprovechando su experiencia en paseos en bicicleta, - y el hecho de que por facilidad de traslado ella y su esposo habían optado por moverse por las calles en dos ruedas en lugar de en automóvil- , Gabriela les quiso demostrar que “rodar” en la urbe era posible.

No se equivocaban. La oportunidad alrededor de este medio de transporte se acelera cada año. En 2018 hubo alrededor de 298 millones de usuarios ciclistas, y este año se estima que el mercado mundial de bicicletas compartidas llegará a valer 3,700 millones de dólares, según estimaciones la firma iiMedia.

“Nos ofrecimos a recogerlos en Coyoacán para llevarlos al Zócalo. Les dimos el tour, los llevamos a comer y quedaron maravillados por la experiencia. Ellos nos dieron la idea de que esto podría ser un negocio”, relata la emprendedora.

La sugerencia le hizo sentido, pues recién se había enterado que estaba embarazada, lo cual la enfrentaba a su realidad: no quería buscar trabajo mientras esperaba a su primer hijo. Otro motivo para emprender fue que su casa estaba cerca de la zona del Bosque de Chapultepec, un área turística natural, por lo que el negocio de tours en bicicleta sería más cercano y accesible a su público meta.

Foto: Porày

Así, con el finiquito de su último empleo, Gabriela decidió comprar las primeras 15 bicicletas de su negocio y arrancar un servicio de tours urbanos en bicicletay establecer su oficina en el garage de su edificio. La gente tocaba una ventanita y ahí solicitaba el servicio, con atención todos los domingos de 8:00 a.m. a 4:00 p.m. Todo inició como un autoempleo, con su esposo como cómplice.

Crecimiento del negocio

En lo que Gabriela describe como una segunda etapa de su carrera como arquitecta, a través de la bicicleta, conoció a un colega que subcontrataba toda la operación LEED, de la que ella era especialista. Le hizo una oferta laboral que incluía estar disponible entre semana solo de 9:00 a.m. a 1:00 p.m., con la flexibilidad de hacer los reportes desde casa. Decidió aceptarla pues, teniendo la seguridad de un sueldo que se encargara de pagar todo lo de casa, ella podía reinvertir todo lo que se generara en el negocio de las bicicletas. Esta estrategia ayudó a que su emprendimiento creciera. 

Gabriela no sólo se metió de lleno en el ciclismo urbano, sino que se volvió activista social y creó “BicibusDF”, una cuenta en redes sociales desde la que informa sobre las rutas que toman diferentes ciclistas y a las cuales se puede sumar la gente que no se sienta con la confianza de hacer trayectos largos en su bicicleta en solitario.

“Estamos en redes sociales animando a la gente a que salga a rodar, compartiéndoles tips porque si nosotros empezamos de cero y ahora somos ciclistas absolutos, cualquiera lo podía hacer”, señala la emprendedora.

Foto: Porày

El negocio iba funcionando, pero la emprendedora sabía que tenía mayor potencial. Para detonarlo, creó Porày Bike, empresa que no solo se dedicaría a la renta de bicis, sino que agregaría los tours para que más gente tuviera la experiencia de conocer los rincones de Ciudad de México. Inició su nuevo proyecto con aproximadamente 50,000 pesos y 15 bicicletas.

En 2016, la empresa se mudó al Hotel Fontan, ubicado en la icónica avenida Paseo de la Reforma de la capital para darle mayor mercadotencia y posibilidades de crecimiento. Y gracias a un contrato con una agencia, cerró un acuerdo con Google para llegar a 40 bicicletas.

Aun con esta visión, Gabriela no dejó su trabajo y llevaba la operación de su proyecto completamente de medio tiempo. “Sentía todavía no estaba tan maduro el negocio y que no podía abandonar el trabajo porque si lo hacia me iba a ir a la bancarrota”, confiesa. “Fue algo positivo que siguiera trabajando porque mi empleo eso era como un socio capitalista que ponía el dinero”, señala Gaby.

“La bicicleta te puede llevar a todos lados, no tienes límites. En tres meses me di cuenta de que ya no necesitaba el coche.”

A la par de este crecimiento orgánico llegó el segundo hijo de la emprendedora. Ahora con dos pequeños, un trabajo fijo y un emprendimiento, comenzaron a complicarse un poco las cosas, al grado que su esposo tuvo que estar al frente de Porày a principios de 2018, pues a ella le pidieron cumplir un horario de ocho horas en su trabajo.

Esto se sumó a los datos duros del uso de bicicletas en México. El país ocupa el puesto número 46 a nivel mundial en el uso de éstas; el 17% de su población cuenta con una, lo que lo pone por encima de países latinoamericanos como Perú y Venezuela, según un estudio de la consultora Euromonitor International.

No había duda: las bicicletas estaban de moda y había que sacar al negocio de su estancamiento. Por eso en 2018, cuando Porày ya contaba con 100 unidades, la emprendedora decidió renunciar a su trabajo para dedicarse al 100% a su propio proyecto empresarial.

Ahora que está de lleno en la operación de su negocio, la emprendedora asegura que la decisión de dejar su empleo fue la mejor pues el equipo está más integrado, la empresa sigue creciendo y su familia está muy bien.

La expansión del negocio ha atacado varios puntos, entre ellos las experiencias Airbnb en las que ofrecen sus servicios, así como en TripAdvisor y Booking.com Gracias a estrategias como éstas, Porày cerró 2018 con 500,000 pesos en ventas, atendiendo ese mismo año a 2,800 personas.

Foto: Porày

Por el momento, Porày sólo se ubica en el hotel de Reforma, pues el edificio que habitaban Gabriela y su familia fue vendido, por lo que también se cerró el corredor Chapultepec-Condesa. Sin embargo, la emprendedora espera abrir a finales de 2019 otra sucursal en la colonia Roma, otro de los puntos donde se concentra su público meta.

#VaPorày

El 95% de los clientes que solicitan un tour en Porày es extranjero, encabezado por los estadounidenses, seguidos de los canadienses. El 5% restante son nacionales. Su ticket promedio es de 140 pesos la renta por dos horas y de 525 pesos por el tour de tres horas que incluye comida, una botella de agua, un guía, así como el equipo para rodar.

El futuro de Porày es posicionarse en las plataformas digitales, tener su propia aplicación, audioguías y videos con realidad aumentada, además de llegar a varios estados de la República. ¿Cómo lo logrará? Gracias a una inversión del tiburón Arturo Elías Ayub, que se enamoró del concepto cuando Gabriela lo presentó en la cuarta temporada de Shark Tank México. La negociación: 750,000 pesos de inversión a cambio del 35% de Porày.

El uso de la bici comenzó para esta pareja como un entretenimiento, luego se convirtió en su medio de transporte y hoy es el centro de su negocio y de su vida. También es el vehículo donde Gabriela seguirá pedaleando sus próximos proyectos, y ella confía en que esos sueños se harán realidad. “Todo llega justo a tiempo, en el momento indicado.”

“La bici nos enamoró y tomó por completo nuestra vida.”

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