Finanzas

Cuidado con los préstamos a familiares y amigos

Mezclar dinero y cariño suele resultar un riesgo. Si piensas ayudar a una persona en la que confíasl, aquí van algunos consejos para protegerte.
Cuidado con los préstamos a familiares y amigos
Crédito: Depositphotos.com
  • ---Shares

Luciano Castro es un emprendedor de 35 años, dueño de una agencia de viajes especializada en turismo de aventura. Luego de 14 años de trabajo duro, en los que renunció a la seguridad de un empleo en el hotel de su familia y a muchas vacaciones, logró comprarse su propio departamento y desde hace tres años destina el 15% de sus ingresos a un Plan Personal de Retiro. Luciano lleva sus finanzas por buen camino, salvo por un problema que enfrenta, invariablemente, todos los años: un familiar o un amigo que, alentado por su buena posición económica, le pide dinero prestado.

"A veces es mi hermano, que no logra levantar cabeza y cada seis meses pierde su trabajo. Otra puede ser un amigo, que como yo quiere poner su propio negocio y no consigue que un banco le otorgue un crédito", cuenta. "Yo lo hago con mucho gusto, pero luego pasan los meses, los problemas aumentan y nadie te devuelve un centavo. Y ya estoy cansado de perder dinero".

 

El caso de Luciano no es extraño en México. Aunque no hay cifras oficiales, los expertos en finanzas personales calculan que más de la mitad de los préstamos entre particulares nunca son recuperados. "El problema de fondo es que, si tu estás involucrado emocionalmente con una persona y se pone dinero de por medio, las reglas de esa relación cambian drásticamente", explica Adina Chelminsky (www.doktordinero.com), asesora en finanzas personales.

Por eso, el primer consejo de los expertos es que, ante esta petición, tu respuesta sea "no", en vez de un "sí" automático y culposo. A menos que puedas prescindir de ese dinero y quieras, en otras palabras, regalárselo a esa persona. No pierdas de vista que los llamados préstamos de las tres F (family, friends and fools, en inglés, o familia, amigos y tontos) son acuerdos de palabra, sin contratos de por medio ni condiciones claras sobre formas y plazos de pago.

Cuando alguien deja de cumplir con una obligación con un banco o tarjeta de crédito, la empresa acreedora envía un recordatorio. Pero un pariente o amigo mencionará el tema durante una comida o reunión. Y eso en el mejor de los casos, porque los mexicanos son por lo general muy pudorosos a la hora de hablar de dinero. "Es cierto, muchas veces prefiero perder la lana que ponerme en una situación tan incómoda", confiesa Luciano.

Siempre que no se trate de un caso de vida o muerte, el hecho de prestar dinero a un ser querido no te hará una mejor persona, ya que puedes ayudarlo de otras formas (desde recomendándolo para un mejor trabajo hasta consiguiéndole nuevos clientes). Eso sí, es importante que seas frontal y que le expliques con la mayor sinceridad posible cuál es tu situación económica o posición personal con respecto al tema, para que no haya malentendidos. Si tu familiar o amigo se siente ofendido por tu negativa o la relación sale afectada, ya no estará en tus manos.

Para quienes toman el riesgo

Todos necesitarán financiamiento en algún momento de su vida. Si estás pensando en ayudar a una persona en la que confías y no quieres resignarte a perder tu dinero, aquí van algunos consejos para que puedas, o al menos intentes, salir bien librado. 

1. No prestes dinero que pueda afectar tu patrimonio. Tomando como premisa que quizá nunca recuperes tu préstamo, no toques el dinero de tu fondo de inversión, el enganche de tu nuevo auto o incluso el destinado al pago de tu tarjeta de crédito. Es preferible que sacrifiques parte del ahorro para las vacaciones o para cambiar la sala (lo que además te ayudará a valorar más el dinero que estás prestando). Además, sé realista con el monto que vayas a prestar, ¡nunca pongas en peligro tu bolsillo ni tu tranquilidad financiera!

2. Fíjate a quién le prestas. "La pregunta no es qué cercana es la persona a la que le estoy confiando mi dinero o cuánto la quiero, sino si realmente me va a pagar o no", explica Chelminsky. En otras palabras, cercanía, confianza o cariño no son sinónimos de confiabilidad.

3. Pregunta sobre el destino del préstamo. Si vas a darle parte de tus ingresos o de tu ahorro a otra persona, es válido que te informes sobre para qué lo quiere. No es lo mismo pedir ayuda para salir de un bache financiero momentáneo o para iniciar un negocio, que para pagar deudas de juego. Evita alimentar malos hábitos financieros entre tus seres queridos, que además terminarán afectando todo tu entorno personal.

4. Firma un contrato. No se trata de llamar a un notario o contratar los servicios de un abogado, sino de que las dos partes pongan por escrito cuál es el monto del préstamo, en qué forma será devuelto y en qué plazo. Es mejor que el acuerdo sea lo más específico posible, por ejemplo con respecto a qué cantidad será pagada cada mes. Y no temas hablar de intereses, si tus finanzas así lo exigen o simplemente es tu voluntad. "Conque ese papel se firme en forma privada es suficiente, lo importante es que se establezcan pautas claras", dice Chelminsky. Si puede haber un tercero como testigo, que también firme el documento, mejor aún.

5. Consulta a tu pareja. Si hay alguien con quien compartes tu vida, tu dinero y tus proyectos, pregúntale antes de tomar la decisión de prestar parte del patrimonio que están construyendo juntos. Las relaciones de tu pareja con tus familiares y amigos pueden tener sus complejidades, no le añadas una más.

Una vez acordadas las condiciones del préstamo y entregado el dinero, viene la parte más difícil: que la relación personal permanezca intacta. Esto no sólo tiene que ver con el hecho de que la persona que recibió el dinero lo devuelva en tiempo y forma, sino con que el acreedor se sienta en posición de opinar sobre como éste maneja el resto de sus finanzas.

Por ejemplo, si le prestaste dinero a un amigo para atender un problema de salud, puedes pensar que no tiene derecho a salir a comer o comprarse ropa. Aquí la clave es que te concentres exclusivamente en si se te está pagando en los plazos y términos acordados. "Por eso también se pierden las amistades o relaciones familiares, porque entran los juicios de valor", agrega Chelminsky. "Por eso los préstamos entre amigos y familiares no son riesgosos, ¡son riesgosísimos!".

Negocios son negocios
Aunque los préstamos entre particulares son poco aconsejables, la realidad es que el 90% de los negocios que nacen en México son financiados por un familiar o amigo. En estos casos, la recomendación de formalizar algún tipo de acuerdo es más fuerte, ya que las sumas de dinero en cuestión, y por ende el riesgo, suelen ser más grandes.

Otro elemento que se vuelve fundamental en estos casos es el plan de negocios, que debe tener dos versiones: uno con un escenario optimista de ventas y otro con resultados más pobres, y en ambos casos el detalle respectivo de los montos y plazos de pagos.

Por último, es importante que el emprendedor mantenga siempre informado a su acreedor sobre la marcha del negocio y las proyecciones para los próximos meses. Si la empresa marcha bien, es posible que el acreedor opte por convertirse en accionista y quizá hasta por ofrecer más dinero para impulsar el proyecto.