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Jorge Amigo: Yo no renuncié

El ex director general del IMPI cuenta sobre sus logros en este organismo, sus planes y los motivos de su salida.
Jorge Amigo: Yo no renuncié
Crédito: Depositphotos.com

A cuatro meses de su salida del Instituto Mexicano de la Propiedad Intelectual (IMPI), Jorge Amigo sigue hablando de su trabajo en el organismo en tiempo presente. “Son 18 años en el mismo puesto, pasé por ocho secretarios de Economía diferentes, cuatro presidentes…”, dice. “Lo que sí quiero aclarar es que yo no renuncié, a mí me corrieron. En términos elegantes eso se llama remoción. Falta un año para que termine este sexenio, no tiene sentido.”

Sobre las causas de su salida, Amigo dice que son todas elucubraciones. “Claramente no soy panista, pero tampoco soy priísta, ni perredista”, aclara el ex funcionario, que trabajó con Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Felipe Calderón. “Si el IMPI fuera, como dijeron algunos, un organismo anquilosado, hubiera estado bien que me corrieran… Pero que alguien me diga qué hicimos mal.”

¿Qué se logró en estos 18 años, desde la creación del organismo?

Digitalizamos 150 millones de documentos, fue un proyecto que nos costó $208 millones de pesos de recursos propios. No hay en México un archivo tan moderno como éste, hoy se puede acceder por Internet y de manera gratuita a toda la información sobre marcas y patentes, las 24 horas y los 365 días del año.

Además, cuando desarrollamos el IMPI otorgar una marca podía llevar hasta dos años. Hoy, si la solicitud no presenta ningún problema, la pueden dar en un mes. Hace 18 años se resolvían 25,000 marcas por año, en 2010 llegamos a casi 80,000. Ninguna oficina en el mundo hace eso, se lo aseguro.

El siguiente paso, que espero que se concrete este año, es que desde tu casa u oficina, y también por Internet, puedas completar y entregar una solicitud de marcas. Desarrollamos un software para que si te equivocas en el proceso, por ejemplo con respecto a la clasificación internacional de marcas para productos y servicios, el propio sistema te indique la clase correcta. Es un sistema a prueba de tontos. Además quitamos requisitos, como la necesidad de presentar un apoderado legal.

El gran cambio en estos 18 años fue pasar de una infraestructura precaria a una de primer mundo. En eficiencia, el IMPI de México está por encima de Canadá, Estados Unidos, Estaña y toda América Latina.

¿Se puede terminar con la piratería?

No, ni en México y en ninguna parte del mundo. Pero hay que continuar combatiéndola con muchos más recursos, para atacar sus raíces y bajar su impacto en la economía general de México. Porque podemos seguir perdiendo industrias completas, como la del juguete. La Business Software Alliance (BSA) dice que de cada 10 programas de software que se instalan en México, seis son piratas. Y en el caso de los CDs, esa cifra supera el 80 por ciento. Son números impactantes.

Lo interesante es que hay un cambio de estrategia, en el sentido de tratar de concientizar a la población de que cada vez que alguien compra un producto pirata le está dando dinero al crimen organizado. Es un tema de educación, está plenamente demostrado. Es lamentable que en muchas encuestas el 90% de la población mexicana diga que ha comprado productos piratas.

Además falta la decisión o voluntad política para asignarle más recursos a la Procuraduría General de la República (PGR) y la Policía Federal, las encargadas de combatir los delitos en propiedad intelectual, así como al Instituto Nacional del Derecho de Autor (Indautor) y al IMPI, para elevar el número de visitas de inspección que se hacen de oficio. Así, al menos no tendríamos que ver gente vendiendo piratería afuera de las oficinas de la PGR o del Sistema de Administración Tributaria (SAT), es una burla.

¿Por qué hay pocas patentes mexicanas?

Es un tema complejo. De las 20,000 solicitudes de patentes que entraron el año pasado el IMPI, sólo 951 fueron de mexicanos.  Pero si sólo se invierte el 0.4% de Producto Bruto Interno (PIB) en ciencia y tecnología no se puede esperar otra cosa. Hay que canalizar más recursos a sectores que el Gobierno quiera desarrollar, como el aeronáutico, el automotriz, el de autopartes, la industria del software… Somos buenos en eso.

El otro problema es que esas patentes que se otorgan a mexicanos no están llegando al mercado. Hay miles de casos, por lo que significa y cuesta desarrollar un prototipo o armar una empresa, la realidad es que para esto tampoco hay apoyos suficientes.

Además ha habido un error en el diseño de algunas políticas públicas. Si condicionamos el apoyo a la investigación al hecho de poner una empresa, no va a funcionar. Los científicos son científicos, no son empresarios. Ellos deben seguir en su laboratorio, investigando. Si les condicionan el apoyo a poner una empresa, no lo van a hacer… Y si lo hacen, ¿cuánto va a durar ese emprendimiento?

Y claro, falta una mayor vinculación entre universidad e industria. En general, cuando el empresario mexicano necesita un desarrollo científico o tecnológico voltea a Estados Unidos, a Japón, y contratan a científicos allá, en dólares… Cuando a dos cuadras hay un centro de investigación que pudo haber eso hecho mucho mejor y más barato. Es un problema de difusión de lo que se está haciendo en México. Además, y por desgracia, normalmente el mexicano no está dispuesto a gastar en ciencia. Lo ve como un gasto, no como una inversión. Es todo un cambio de mentalidad.

Antes de crear el IMPI, usted fue el negociador del capítulo de inversión del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Nafta, por sus siglas en inglés). ¿Cree que hay que renegociar el acuerdo?

El balance es positivo, claramente logramos muchos beneficios. No hay más que ver las cifras de exportaciones e importaciones, no sólo de bienes de consumo sino también de bienes intermedios y de capital. Se generaron empleos, más que en Canadá por ejemplo, porque fuimos competitivos en muchos sectores. Las Pymes también se beneficiaron, se desarrollaron sectores que antes no existían, como el de autopartes, que ahora es de los más importantes del mundo.

Mucha gente critica el tema de maquila, y yo no le veo nada de malo a que México sea un país maquilador. Está bien, tal vez no estamos produciendo los insumos que vienen de otra parte a ensamblarse aquí. Pero los procesos de ensamblaje y exportación requieren de mano de obra muy calificada y especializada.

Ahora, como economista, creo que el tratado debe ser revisado y renegociado, porque las condiciones del país y del mundo cambiaron. Además, debemos pensar en qué queremos. Y presionar, sobre todo a Estados Unidos, en temas con los que hoy seguimos teniendo problemas, como la exportación de atún o el cruce de camiones.

Hay que tener cuidado, porque abrir el tratado implica poner otra vez todos los temas sobre la mesa. Y aquí lo que hay que definir es qué queremos conseguir, qué tan factible es conseguirlo y cuánto vale eso, qué vamos a dar a cambio. Porque claramente Estados Unidos no se va a quedar de brazos cruzados y va a pedir la apertura de algunos sectores. En estas negociaciones no existe el ganar-ganar.

¿Cuáles son sus planes?

Lo de mi candidatura a la presidencia de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual no es cierto ni me interesa. Es un organismo muy complicado, con intereses de todo tipo. Además no me gustaría vivir en Ginebra, y tengo muchas razones para no irme de México.

Acabo de aceptar la presidencia para América Latina del Instituto Internacional de la Propiedad Intelectual (IMPI), una organización no gubernamental que desde hace más de 15 años asesora a empresas y países en temas de propiedad intelectual, especialmente en denominación de origen (DO), indicaciones geográficas y marcas colectivas. La fundó Bruce Lehman, que fue subsecretario adjunto de Comercio y comisionado de patentes y marcas de Estados Unidos.

Hay mucho que hacer en México y la región para proteger nuestros productos, es un tema que me fascina y que además tiene un impacto social muy grande, porque beneficia a los agricultores y a los artesanos. En el país solo hay 13 denominaciones de origen, y además 10 de esas 13 no funcionan, porque no hay apoyos. Las que funcionan bien son Tequila, Mezcal y Café de Veracruz. Y van a empezar a trabajar bien Vainilla de Papantla y Chile Habanero. La idea es seguir fortaleciendo las economías regionales en estados como Veracruz, Puebla, Oaxaca y Michoacán.

 

Encuentra la entrevista en la revista Entrepreneur de agosto.