Emprendedores

Proteínas para llevar

Con packs exprimibles, Justin Gold hizo de la mantequilla de cacahuate una opción para los que se preocupan por su alimentación.
Proteínas para llevar
Crédito: Depositphotos.com
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Cuando Justin Gold se mudó por primera vez a Boulder, Colorado, hizo lo que hacen la mayoría de las personas cuando tienen 20 años: buscó gente con quien compartir la renta. Y sus compañeros de departamento hacían lo que muchos “roomates” hacen: consumían sin permiso sus alimentos, entre ellos una mantequilla de almendra casera que él consumía como fuente de proteína para sus viajes en bicicleta. Un día el emprendedor empezó a escribir su nombre en los frascos para no quedarse sin reservas.

Hoy Justin está agradecido con sus antiguos “roomies”: todavía sigue poniendo su nombre en cada frasco de sus mantequillas orgánicas y naturales de cacahuate, almendra y avellana que el año pasado facturaron US$11 millones gracias a una base de clientes leales y una distribución nacional.

El empresario empezó a investigar cómo iniciar su negocio en 2002. Escribió un plan de negocios y preguntó a sus contactos quién podría prestarle una cocina industrial. Encontró una en Denver, hacia donde tenía que conducir durante una hora en la noche. Durante el día trabajaba en REI, una tienda de artículos para actividades al aire libre y turismo de aventura, y entregaba sus productos el fin de semana.

La presentación de los primeros productos era en frascos. La línea tuvo éxito, pero la categoría tenía demasiadas marcas y el potencial de crecimiento era limitado. En 2006 Justin encontró una buena idea en los productos energizantes que REI vendía en envases exprimibles. “Yo no quería un gel azucarado, yo quería proteínas”, recuerda. “Y con packs exprimibles podríamos establecer el precio y venderlos en todas partes”.

El emprendedor buscó fondos entre amigos y familiares, recurrió a sus propios ahorros y compró una envasadora. Muy pronto Whole Food Markets, la cadena de supermercados de alimentos orgánicos y naturales más grande de Estados Unidos, comenzó a comercializar los productos de Justin. Pero en vez de colocarlos junto a las otras mantequillas de cacahuates, los pusieron en la sección de barras energéticas. Y fracasaron.

Por suerte, Justin’s Nut Butter (www.justinsnutbutter.com) había desarrollado buenas relaciones con las cadenas minoristas, gracias a años de hacer degustaciones y de hacerse cargo del resurtido de sus productos “Gold tiene muy buenos colaboradores trabajando con él, que siempre están presentes durante las degustaciones y que saben conectarse con los consumidores. Así lograron que nuestro propio equipo se interese por sus productos”, señala Tom Rich, coordinador de comestibles en Whole Foods Market.

La segunda vez, los packs individuales de Justin se ubicaron en el pasillo de la mantequilla de cacahuate. “Los consumidores sabían de entrada de qué se trataba”, dice el emprendedor. “Además, el que nunca había probado la mantequilla de almendra podía hacerlo por US$0.99. Y luego terminaba regresando por el frasco de US$ 10”.

La compañía logró ser rentable en 2008. Un año después, cuando REI decidió vender los packs, Gold dejó su trabajo en la tienda. Consiguió US$1 millón de un ángel inversionista y se expandió otra vez, esta vez a dulces de mantequilla de cacahuate con chocolate y la venta en otros canales, como los aeropuertos. El empresario espera alcanzar los US$20 millones en ingresos el próximo año.

A pesar de su éxito y de que ahora está casado, hay una cosa en la vida de Justin que no ha cambiado. Él y su esposa están satisfechos a seguir invirtiendo en el negocio y no quieren gastar dinero en una renta, por lo que siguen compartiendo su departamento.