Finanzas

5 créditos vía Internet

El financiamiento en línea ya opera en México. A diferencia de la oferta tradicional, los emprendedores sin historial crediticio pueden capitalizarse.
5 créditos vía Internet
Crédito: Depositphotos.com

Las clientas le fallaron a Luis Soto, dueño de una microempresa comercializadora de cosméticos. Todas le dijeron: “el viernes tienes tu dinero”, pero llegado el día, no recibió ni un peso. La situación no lo alarma; confía en sus asociadas y sabe que, como siempre, liquidarán el adeudo. Sin embargo, este incumplimiento creó un hueco en el presupuesto del emprendedor, y eso tendrá un efecto. En la firma mayorista donde compra los productos que distribuye, las actitudes relajadas no son bienvenidas: sin pago de por medio, no entregarán mercancía. Y la falta de inventario sí le produce insomnio.

Con el fin de superar el contratiempo, recurrirá –por segunda ocasión– a una nueva modalidad de financiamiento: los préstamos que se habilitan vía Internet. “Antes, cuando se me presentaba este problema, le pedía prestado dinero a la familia o de plano empeñaba algo. Ahora uso este nuevo servicio para atender las emergencias de mi negocio”, dice Luis, quien, como otros mexicanos, está conectándose a la Web para conseguir crédito.

Conexión justificada

Al recurrir a Internet para satisfacer su necesidad de efectivo, el comercializador de cosméticos está participando en un nicho financiero que empieza a ganar visibilidad en México. Y desde una perspectiva amplia, la decisión de Luis Soto no es difícil de explicar.

Estas compañías basadas en la red ofrecen un recurso que no siempre abunda en la economía nacional: acceso a financiamiento. En la edición más reciente de la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera, estudio elaborado por la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) y el Inegi, se afirma que de un total de 28.3 millones de adultos que solicitaron un crédito formal (es decir, requerido a una institución financiera oficialmente constituida), a nueve millones se les negó el financiamiento.

¿Qué factores causaron el desamparo crediticio? Según este documento, del total de rechazados: 24.6% tenía problemas con el Buró de Crédito; 18.4% presentó documentación insuficiente; 17.2% no pudo comprobar ingresos o estos eran bajos; 13.8% no proporcionó un aval, una garantía o un fiador; y 12% carecía de historial de crédito –el restante 14% se pulveriza en múltiples razones–.

Las personas que no accedieron al financiamiento, probablemente, terminarán por sumarse a otros dos contingentes: a los 23.7 millones de adultos mexicanos que sólo usan créditos informales (préstamos de familiares y amigos, agiotistas, casas de empeño); o a los 34.3 millones que están excluidos de cualquier forma de crédito (irregular o formal). Esto de acuerdo con el último Informe de Inclusión Financiera, también realizado por la CNBV y el Inegi.

En el ámbito del financiamiento para actividades productivas, la situación es similar. Del total de MiPymes mexicanas, sólo 7.5% tiene acceso a crédito de la banca; en el caso de las compañías grandes, 52.6% cuenta con financiamiento de instituciones bancarias. Así, en este contexto económico, donde el crédito formal y justo parece inalcanzable, ¿quién –ante una necesidad de financiamiento– se atrevería a estar off line?

Crédito para la gente real

En México, el nicho de los préstamos que se habilitan vía Internet está surgiendo con un alto nivel de diversificación. En este sector financiero emergente, las personas pueden descubrir distintas opciones, entre otras: modelos de crowdfunding (financiamiento colectivo), esquemas cercanos al payday lending (préstamos de rápido vencimiento), ofertas para el segmento popular no bancarizado, productos para la clase media con experiencia crediticia, y servicios que usan la reputación en redes sociales como una forma de aval.

Sin embargo, estas compañías, más allá de sus rasgos distintivos, plantean una nueva forma de acceder al crédito, un modelo que se aleja de los procesos financieros tradicionales:

Para solicitar el préstamo no hace falta visitar una sucursal: los financiamientos que ofrecen estas empresas –que entran en la categoría de microcréditos– no involucran trámites presenciales lentos y complicados. Todos los procesos (solicitud, procesamiento y, dado el caso, entrega de recursos) se realizan electrónicamente y con rapidez (respecto a un banco, por ejemplo).
Sin empeñar el perico y sin tres copias de la cartilla de vacunación: los créditos de este nicho financiero se basan en requisitos flexibles y personalizables. Las compañías del sector no exigen los tradicionales avales o garantías y, en términos generales, tienen buena disposición para analizar casos específicos. Por ejemplo, aunque la mayoría exige comprobar ingresos, estos se pueden validar con documentos distintos a un recibo de nómina.
Tú propones: el cliente es quien sugiere el monto y el plazo del préstamo. En prácticamente todos los casos, la página Web de estas empresas ofrece una calculadora en línea, con la cual se pueden modelar distintos escenarios de financiamiento, incluyendo tasa de interés y cantidad final que se pagará al prestamista digital.

Así, aprovechando las eficiencias de su naturaleza digital y definiendo nuevas formas de interactuar con los consumidores, las compañías de este sector, dicen sus directivos, definirán un nuevo paradigma: el acceso al crédito puede ser un proceso sencillo, alineado a la realidad de la gente y, sobre todo, basado en el principio de la confianza.

“Hay que hablar del crédito en forma diferente. El financiamiento es un medio para lograr objetivos de vida: sacar adelante a los hijos, incrementar el bienestar familiar, aumentar las oportunidades de desarrollo social y económico, etc. ¡Metas de vida!”, señala Dan Gertsacov, presidente para las Américas de Lenddo, compañía de préstamos en línea que usa redes sociales para validar la reputación del usuario. “Nadie pide prestado por el simple hecho de pedir dinero”, agrega.

En ese sentido, otros empresarios del nicho digital señalan que las instituciones financieras tradicionales, en sus metodologías para otorgar crédito, han borrado el lado humano de la ecuación. “Una persona sin historial crediticio no es, por definición, una persona irresponsable. Podría tratarse de alguien que simplemente no ha tenido la oportunidad de recibir financiamiento formal. Habría que estudiar su caso y, si hay motivos para hacerlo, confiar en él”, apunta David Arana, fundador y CEO de Konfío, empresa que presta dinero (vía on line) proveniente de recursos propios y de fondos de inversión.

El aval de la tecnología

Aunque más comprensivas que las instituciones financieras típicas, las compañías de este nicho emergente no entregan recursos ante la mínima provocación. La confianza y la flexibilidad que otorgan a sus clientes deben estar plenamente validadas. De hecho, sus modelos operativos están diseñados para satisfacer dicha exigencia.

La información de una solicitud de crédito será sometida a un sofisticado proceso de análisis. Por principio de cuentas, los datos proporcionados serán corroborados y enriquecidos en otras fuentes de información (Buró de Crédito, bases de datos de proveedores, redes sociales, instancias oficiales, etc.). Después (utilizando algoritmos innovadores, así como tecnologías de Analítica, Big Data y Business Intelligence), los distintos datos se procesan y analizan a fondo, tarea que arrojará un resultado: un perfil de riesgo, el cual determinará la aprobación o el rechazo de la petición de crédito.

No obstante, este rigor en el análisis no debe considerarse una barrera, ya que beneficia tanto a las compañías del sector como a los usuarios. “Gracias a estos procesos, la empresa puede tomar decisiones certeras respecto de la capacidad de pago de alguien, y hacerlo a velocidad extraordinaria y sin que la persona tenga que entregar miles de documentos”, explica Gabriel Manjarrez, cofundador y director general de Mi Moni, firma que otorga préstamos de montos bajos y resolución rápida, ideales para atender emergencias personales y de capital de trabajo de pequeña escala.

Este emprendedor encuentra otro atributo en la fortaleza del análisis: diseñar modelos de riesgo que consideran múltiples variables, como tipo de empleo, industrias, hábitos financieros, nivel educativo, flujo y tipo de ingresos, colonias, etc. Lo anterior permite que cada caso sea evaluado con equidad y desde un panorama amplio, sin atenerse a criterios inflexibles que no siempre reflejan la realidad de la gente.

Para los aspirantes a un préstamo, superar el escrutinio de las compañías Web también implica beneficios. Uno de ellos, muy relevante en modelos de financiamiento colectivo: “obtener una tasa de crédito justa, no abusiva, que está en línea con el perfil de riesgo de la persona específica. Nosotros somos muy estrictos con el análisis de las solicitudes, aprobamos una minoría; pero a cambio, ofrecemos condiciones de financiamiento que son mejores que las que brindan las instituciones tradicionales”, asegura Gerardo Obregón, fundador y director general de Prestadero, una empresa de crowdfunding, cuyo mercado son las clases medias bancarizadas y con buen historial crediticio.

Bien portados, bien recompensados

Si el cliente honra la confianza que se depositó en él (pagando su crédito en tiempo y forma), las empresas basadas en Internet no escatimarán la recompensa: mejores condiciones –monto, plazo y tasa de interés– en un financiamiento posterior. En los perfiles de riesgo de los usuarios, el buen comportamiento nunca pasará desapercibido. Este beneficio no es un asunto menor para emprendedores y MiPymes.

Estos sectores de la economía mexicana –para consolidar y hacer crecer sus proyectos– necesitan flujos constantes de financiamiento, los cuales se garantizan con un buen historial crediticio. La cuestión es que en el país, en donde las instituciones financieras tradicionales no prestan tan fácil y tampoco se muestran tan interesadas por el segmento micro, pequeño y mediano del mercado, una historia de crédito es una obra que pocos pueden escribir.

Por dicha razón, algunas MiPymes están optando por crear su historial crediticio en otro lado, en el nicho de los préstamos habilitados vía Internet. Tendencia que le consta a Vicente Fenoll, fundador y director de Kubo Financiero: “en la parte del crédito (la empresa se adhiere al modelo de crowdfunding, por lo que su comunidad de usuarios abarca solicitantes de financiamiento, así como instancias que invierten en los préstamos), las MiPymes son nuestra especialidad. Con los créditos que les otorgamos, adquieren mercancía o activos fijos; mejoran locales o centros de trabajo; reemplazan otras deudas que incluían condiciones inconvenientes”.

Además, si estas MiPymes muestran un buen comportamiento, “la compañía valora su historial crediticio; de hecho, más del 95% de nuestros clientes ha bajado sus tasas, y a menos de la mitad de lo que pagaba previamente”, añade Fenoll. En un sentido más amplio, el usuario que recibe estas recompensas, que descubre que su formalidad implica beneficios tangibles, es un consumidor que abre los ojos a una nueva realidad financiera.

“Descubre que hay compañías, como las del sector financiero tradicional, que ganan más cuando el cliente no paga; y que existen otras organizaciones, como nosotros, que sólo queremos ganar cuando el usuario paga”, apunta Dan Gertsacov, de Lenddo, que usa las redes sociales en su modelo de negocios (con el fin de crear una especie de aval). Se trata de una opción que no es un capricho techie si se toma en cuenta que hay 47 millones de usuarios mexicanos con cuentas mensualmente activas en Facebook, mientras que en Twitter la cifra llega a 12 millones (colocando a México como el quinto país del mundo en términos de cuentas activas).  

¿Qué pasa con los malos clientes? Las empresas de este sector, una vez más, apelan a la confianza y al trato cercano con los consumidores. Ante una situación de probable incumplimiento, piden al usuario honestidad y disposición para charlar con la compañía a fin de encontrar una solución al problema. Por supuesto, dado el caso, las instituciones crediticias Web podrían ejercer las acciones que les concede la Ley (como reporte al Buró de Crédito, gestiones de cobranza interna y externa).

Las reglas claras

Cabe señalar que las empresas entrevistadas están legalmente constituidas; por su parte, las autoridades financieras mexicanas, en distintos niveles, las vigilan y regulan. La definición de una regulación específica para el nicho (que tome en cuenta su esencia operativa y de negocios) aún es un objetivo para el futuro. En este momento, dicen las fuentes consultadas, el camino pasa por cumplir con los lineamientos que implican sus figuras jurídicas, los cuales resultan suficientes para demostrar la promesa de valor del nicho: en forma fácil y rápida, la gente puede obtener préstamos útiles y justos. Apego a la Ley y usuarios felices; estos serán los pilares de una forma de autorregulación.

Hoy, en este sector financiero nadie quiere hablar de malos consumidores. Hasta el momento, aseguran, su confianza en la gente ha sido bien recompensada. Y eso ha ocurrido porque el nicho “es transparente desde el principio; explica con claridad los beneficios y las obligaciones de los productos; y le quita la letra chiquita a las finanzas”, sentencia David Arana, de Konfío. “En nuestro caso, el dinero que prestamos proviene de recursos propios y de fondos de inversión”, agrega.

El nicho de las compañías que habilitan préstamos vía Internet apenas está escribiendo su historia en México. Los emprendedores del sector están convencidos de que su saga será exitosa. “Estos servicios financieros no brotan por capricho o casualidad, surgen porque hay una enorme necesidad de financiamiento”, apunta Gerardo Obregón, de Prestadero, cuya empresa crea una comunidad digital en donde interactúan personas que piden créditos e individuos que invierten en los préstamos solicitados. También funciona como intermediaria entre prestamistas y prestatarios, y no financia a los usuarios con recursos propios o del mercado de inversión.

No obstante, para confirmar su legitimidad como valores crediticios, la fe en la gente e Internet aún necesitan tiempo. Mientras tanto, Luis Soto, dueño de la pequeña comercializadora de cosméticos, agradece que alguien, en un momento de apuro económico, haya imitado la actitud que él tiene con sus clientas: confiar.