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Levanta una empresa digital desde casa

Descubre cómo el fundador de Orcius apostó por crear una desarrolladora de páginas web desde una azotea con un préstamo de 20 mil pesos.
Levanta una empresa digital desde casa
Crédito: Depositphotos.com
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Para Javier Cárdenas, fundador de Orcius –desarrolladora de páginas Web y entornos digitales para empresas, instituciones públicas y organismos sin fines de lucro–, emprender es una vocación que trasciende el mito laboral del siglo pasado: sólo quien estudia licenciatura tiene derecho a pertenecer a los mejores puestos de la población económicamente activa. “Para mi padre, quien siempre había trabajado como servidor público, iniciar un negocio era un riesgo innecesario, pues si estudiaba una carrera tenía asegurado un puesto a su lado”, recuerda Javier de aquellos años, a finales del 2000 y principios de 2001.

Su aventura empezó con una intuición: “muchos comercios comenzaban a tener la necesidad de una página Web, además de que el ecosistema digital crecía y cada vez se hablaba más de la penetración de Internet en todo el mundo, lo que significaba que eventualmente el país también sentiría necesidad de ello”, explica el emprendedor.

Pero cuando pidió apoyo a su padre para llevar a cabo un diplomado donde aprendería lo básico para formar websites, éste lo conminó a enfocarse en su carrera y no distraerse. Aun así, la negativa no fue un obstáculo. “Trabajé un semestre por las tardes en una tienda de pinturas para conseguir dinero y pagarme mi diplomado de diseño Web”, señala Javier. Sólo contaba con un pequeño espacio en la azotea de la casa de sus padres en la ciudad de Puebla: un cuarto de 2x2 metros, donde cabía un escritorio, una computadora y un archivero para guardar expedientes de los clientes.

“Ahí acomodé mi primera oficina, reutilicé los muebles que había y pedí un préstamo a mi abuela de $20,000 para una computadora y aquello que necesitaba para vender; ese es todo el capital que he pedido prestado hasta ahora”, agrega. A partir de entonces, cada peso que se invierte en la empresa proviene de los ingresos que genera.

Independencia Económica VS. Cultura Laboral 

La situación en la cual se encontraba Javier a sus 19 años mientras estudiaba la carrera de Comercio Internacional es una realidad por la que todavía pasan los universitarios contemporáneos, según delata la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (Enoe), elaborada por Ollín, Jóvenes en Movimiento –think tank que busca investigar la situación de la juventud en la actualidad–, si bien ahora es injustificado exigir exclusivamente el estudio de una licenciatura ante el aumento del desempleo.

De hecho, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) calcula que en la década de 1960 había tres empleos por cada egresado universitario en México, hoy hay cuatro egresados por cada empleo, lo que acaba con el mito de que una carrera universitaria asegura prosperidad financiera.

A decir de Gabriel Richaud, director general de Interactive Advertising Bureau (IAB) México –asociación encargada de investigar el mercado digital–, la cultura emprendedora en materia tecnológica necesita comenzar por la iniciativa de prosperidad y estrategia económica más allá de la innovación del propio emprendedor, no sólo por el ecosistema empresarial del país. “Los mejores éxitos en este sector han iniciado en garajes, cuartos de universitario o en espacios comunes de un hogar”, explica, por su parte, Javier.

Lo que distingue a una idea ganadora: dedicación, perseverancia y apuesta por el éxito del concepto de negocios antes que por el enriquecimiento personal. “Aquí no hace falta una cuenta de banco inmensa para empezar un negocio”, añade el directivo de IAB. Por eso, por lo común el primer movimiento es un autoempleo con prácticas claramente empresariales que ya dibujan el futuro al que se aspira.

El caso de Javier es un buen ejemplo de que fundar una empresa en el ámbito digital puede comenzar desde casa y alcanzar el éxito sin necesidad de inyectarle mucho capital. Sus clientes inciales, de hecho, fueron pequeñas empresas a las que les daba el servicio casi fiado; microempresarios que comercializaban productos de belleza, inciensos e incluso, algunos agricultores. El primero fue un distribuidor master de Motorola del radio de dos millas.

Sin embargo, ante la ausencia de una cartera de clientes, los trabajos iniciales tuvieron que cobrarse a bajo costo y los primeros siete años trabajó como una persona física, pero ya con la marca de Orcius. Su itinerario era exhaustivo. En las mañanas iba a la universidad, en las tardes prospectaba y los fines de semana desarrollaba los sitios Web, trabajando entre 70 y hasta 80 horas a la semana.

Así estuvo cerca de dos años, lo que le permitió ahorrar y tener los ingresos razonables para mudarse a una oficina y dar empleo a más personas. En cuanto creció la demanda de servicios, tomó una decisión importante: perseguir su sueño y abandonar la carrera. “Me salí de la universidad con la idea de regresar, algo que aún mantengo”, asegura Javier.

Desde la institucionalización formal de Orcius y su replanteamiento a nivel corporativo en 2009, hasta la fecha, cuenta con 45 empleados base, oficinas propias, 62 franquicias, sede en Palo Alto, California, EE.UU., y un programa de Responsabilidad Social Empresarial –que comparte con todas sus franquicias–, más un pilón: Javier es emprendedor Endeavor desde 2012. Hoy, su objetivo es claro: “la estrategia y la actualización nos llevarán a garantizar un futuro para la empresa y más tiempo para mi familia”, finaliza.