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Enamórate del problema, no de la idea

Este error es común en el mundo del emprendimiento social. ¡No lo cometas!
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Uno de los más grandes errores que puede cometer un emprendedor social es enamorarse de su propia idea.

Todo aquel que sea un emprendedor social o aspire a serlo ha tenido un “momento ajá”; quizá fue en una reunión de trabajo, una clase, tomando una cerveza con los amigos o incluso en la regadera. Sí, me refiero a ese momento en el que vino a nosotros la inspiración y tuvimos esa idea con potencial de convertirse en un gran emprendimiento.

Definitivamente es muy bueno tener una idea grandiosa; al fin y al cabo, puede ser el inicio de algo que tenga una enorme repercusión. Sin embargo, es muy importante que no caigamos en la tentación de enamorarnos de nuestra propia idea.

Un emprendedor enamorado de su idea hará todo lo posible por llevarla a la realidad, y aunque esto parezca un rasgo positivo, en realidad puede ser una trampa. Y es que cuando te enamoras tanto de una idea es posible que no te des cuenta de los errores o las áreas de oportunidad que ésta pueda tener.

Déjenme explicarles esto con un ejemplo.

La idea azul

Imagina la siguiente situación: un emprendedor en un “momento ajá” tiene una idea “azul” que cree que puede cambiar la situación en la que viven comunidades en condiciones de pobreza.

Como buen emprendedor social, sabe que es clave desarrollar su idea en campo, así que después de trabajar varios meses en su idea, desarrollar un plan y pensar cómo la podría llevar a cabo, decide ir a una comunidad donde se encuentren sus clientes potenciales, las personas a quienes impactará la idea, para presentarles el proyecto.

Después de tener una reunión con miembros de la comunidad, la principal retroalimentación que recibe el emprendedor es que a ellos les serviría más un proyecto rosa en lugar de azul, pues se alinea más a sus necesidades, y sus tradiciones y costumbres encajan mejor con ese color.

¿Qué puede pasar si el emprendedor está ciegamente enamorado de su idea?

Si se está convencido de que una idea “x” es la única opción, difícilmente se estará abierto a recibir retroalimentación. En lugar de modificar su idea original, el emprendedor enamorado intentará convencer a la comunidad que la idea azul es mejor.

Una vez que la comunidad ha visto el gran valor que puede aportarle la idea azul, el emprendedor sigue trabajando en ella; ahora incluso invierte sus ahorros, consigue inversión de su familia y amigos e incluso gana un premio.

Meses después, llega finalmente el momento de lanzar el proyecto y salir al mercado.

¿Qué sucede cuando la idea azul llega a las comunidades y es momento de que los vecinos gasten su propio dinero para comprarla? Absolutamente nada.

Los miembros de la comunidad no quieren gastar su dinero en la idea azul, pues aunque en algún momento el emprendedor los contagió con su energía, ellos verdaderamente necesitan otra cosa.

Todo el esfuerzo, los meses de trabajo y la inversión del emprendedor resultan en una gran pérdida, misma que seguramente será contada en alguna Fuck Up Night.

¿Te parece que esto está muy alejado de la realidad?

Para nada: sucede todo el tiempo, y es que cuando un emprendedor se enamora y aferra a una idea se cierra a todo lo que lo pueda llevar en una dirección contraria. No sólo no escuchará a la comunidad, sino que también puede dejar de lado lo que le digan sus mentores, inversionistas, socios e incluso su mismo equipo.

“Pero Juan, siempre nos han dicho que la idea es una parte clave de emprender. ¿Qué hacemos si no podemos enamorarnos de ella?”.

Me da mucho gusto que lo pregunten (¿será mucho si agrego aquí la frase “queridos padawans”?), pues hay algo que deben hacer los emprendedores, que es mucho más importante que enamorarse de su idea:

Enamórate del problema

Un emprendedor social debe enamorarse del problema que quiere resolver.

Si el emprendedor se compromete con un problema específico, en lugar de con una idea, la ecuación cambia por completo. De este modo, hará todo lo necesario por resolverlo, lo que implica:

-Entender el problema a fondo.

-Entender cómo el problema afecta a las personas.

-Preguntarse: ¿Qué herramientas o recursos tienen estas personas para enfrentar el problema?

-Preguntarse: ¿Qué herramientas tengo yo emprendedor para enfrentar el problema?

Si el emprendedor dedica gran parte de su tiempo a resolver estar preguntas y a comprender el problema en todas sus dimensiones, entonces tendrá la posibilidad de desarrollar una gran idea que se adapte a las necesidades e intereses de las personas a las que busca beneficiar.

Al contrario del escenario anterior, bajo este planteamiento, el emprendedor estará dispuesto a abrir sus ojos y oídos a todo lo que lo pueda llevar a entender mejor lo que necesita para resolver el problema.

¿Entiendes la diferencia? La idea es importante, pero no por sí misma, sino por el impacto que puede tener en la solución de una necesidad.

Así que ya lo sabes: enamórate del problema, no de la idea.

Si quieres profundizar más en el tema, te invito a que veas el segundo episodio de mi videoblog:

Juan del Cerro es emprendedor, promotor y entusiasta del emprendimiento social, director ejecutivo de Socialab México y conductor de Disruptivo. Búscalo en Twitter como @delcerrojuan.