México necesita buenos mentores

El reto está en sumar grandes empresarios que guíen a las nuevas generaciones.
México necesita buenos mentores
Crédito: Depositphoto.com
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Ana Victoria García, fundadora de Victoria 147 –aceleradora de negocios especializada en mujeres empresarias–, considera que “la mentoría ha existido siempre y la podemos rastrear desde el momento en el que un hombre fue capaz de transmitir un conocimiento específico a otro”. Y no se equivoca en lo absoluto.

En Mesopotamia existía la educación espontánea; posteriormente, los Vedas en la India implementaron los primeros procesos de aprendizaje basados en el conocimiento que el adulto hereda al joven; pero fue hasta la civilización griega que el concepto de mentoría se afianzó. Debe su nombre a Mentor, maestro de Telémaco, ambos personajes de la Odisea. En el poema épico, Mentor es el guía y consejero del unigénito del astuto Ulises; su papel es el de “estimulador de retos de Telémaco”. Para Víctor Moctezuma, CEO de iLab Veracruz –hub de innovación empresarial–, “no sólo los filósofos practicaban el mentoring como método de aprendizaje. Implica un paradigma de trabajo que tiene una amplia aplicación en el ámbito empresarial, pues –continúa– un empresario no sólo tiene la tarea de perseguir el éxito y alcanzar resultados, tiene un deber con la sociedad que se debe traducir, necesariamente, en la transmisión de conocimiento”, sentencia con firmeza el también mentor.

“Eso en México se practica desde siempre de manera natural entre empresarios; falta que se incorpore culturalmente en los procesos y sistemas de desarrollo como una necesidad tan relevante cual si una capacitación financiera o de ventas”, dice Carlos Andrés Tejada Naveros, consultor de negocios y desarrollador de una metodología propia de creación y optimización de empresas.

Los emprendedores mexicanos, a su parecer, gozan de facilidad para relacionarse a partir de su experiencia y conocimiento, además de una apertura a la crítica y al aprendizaje. Algo capital en un país donde existen más de cinco millones de empresas, de las cuales el 82.4% muere antes de los dos años de operaciones y con un promedio de vida de 7.7 años para la mayoría de las sobrevivientes, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

Las incubadoras –centros de atención a emprendedores en donde orientan y asesoran a los emprendedores para que hagan  realidad su idea de negocio–; las aceleradoras –que buscan impulsar las ventas y rentabilidad de las empresas en etapa de crecimiento–; o los hub labs –espacios de aprendizaje, formación y transformación para empresas–, representan una opción cuando de asegurar la vida de un negocio se trata. Y ahí, detrás de sus paredes, suelen aparecerse empresarios que se especializan en compartir sus experiencias, cicatrices y prácticas a quienes están viviendo la aventura emprendedora.

La virtud de las canas

Incubación y aceleración exigen dentro de sus modelos de desarrollo mentoring o mentoría (“consejos, información o guía que una persona que tiene experiencia y habilidades específicas ofrece en beneficio del desarrollo personal y profesional de otra persona”, según el libro Harvard Business Essentials: Coaching and Mentoring). A decir de Arturo Galván, fundador y CEO de Naranya –empresa regiomontana dedicada a crear y operar contenido móvil y de mercadotecnia–, la mentoría “se ha puesto en boga recientemente a partir de la aparición de las aceleradoras e incubadoras”.

De acuerdo con el también emprendedor serial y mentor, es importante definir que en todo ecosistema de emprendimiento existen muchos participantes que se interconectan para conseguir metas definidas. “Si el ecosistema es sano, debe contar con tres miembros imprescindibles: el emprendedor, el inversionista y el mentor”, afirma.

En la experiencia de Martha Smith, organizadora del International Women Forum y mentora del Instituto Irrazonable –organización que se dedica a crear soluciones de alto impacto a problemas sociales y ambientales–, un mentor establece una relación voluntaria con el emprendedor o con el empresario para que éste se sienta con la confianza de buscar ayuda y enfrentar las problemáticas que el mercado demanda. “Es una relación que ayuda al aprendiz a desarrollar habilidades personales y profesionales y, al mismo tiempo, asesora a las empresas a profesionalizarse”, apunta.

De acuerdo con Libro verde. El espíritu empresarial en Europa, editado por la Comisión de las Comunidades Europeas, los empresarios tienen la necesidad de actualizar y desarrollar su capacidad de gestión para integrase a una economía cambiante. Por lo tanto, las herramientas de aprendizaje alternativas, como la formación a distancia y los planes de apoyo por medio de mentores, se han vuelto preponderantes. Ante la falta de tiempo de los ya empresarios para continuar con estudios formales sobre administración, el acompañamiento de una persona que cuenta con el expertise determina la supervivencia de MiPymes y startups.

Galván, de Naranya, considera que la mentoría como práctica profesional llegó a México gracias a aceleradoras extranjeras como Endeavor, TechBa, New Ventures o Wayra de Telefónica, para que, posteriormente, vieran la luz algunas aceleradoras nacionales como el Instituto Irrazonable, la del Tecnológico de Monterrey o la misma Naranya Labs. “La mentoría existe dentro de estos esquemas porque lo que una aceleradora busca es conectar al emprendedor con un posible fondo de capital privado a través del acompañamiento de un mentor”, señala.

Actualmente, el Instituto Nacional del Emprendedor (Inadem) contabiliza 25 aceleradoras en el país; mientras que para el estudio Capital privado como impulsor de las empresas mexicanas: 9 casos de éxito, realizado por la consultoría KPMG y la Asociación Mexicana de Capital Privado (Amexcap), los fondos de capital privado están interesados en apoyar a empresas que están en una etapa de desarrollo temprano y que han demostrado sobrevivir al primer lustro de vida. Y justo un mentor puede ayudar a las empresas a cruzar aquello que Galván denomina “el valle de la muerte”: ese lugar donde “los emprendimientos mueren porque no consiguen las herramientas correctas para sobrevivir”, subraya.

Tu lugar en el salón

“Uno de los problemas más frecuentes al momento de asistir a un emprendedor es la falta de humildad con la que pretenden recibir el aprendizaje”, advierte Danitza Tagliabue, cofundadora y socia de NTB Service Advocates Consultants. Por lo tanto, si buscas entrar a un proceso de mentoría (con tiempo indefinido que responda a  tus necesidades particulares como emprendedor) que sea realmente efectivo, debes contar con disposición y humildad para aceptar el conocimiento. Esto implica aprender a reconocer tus fortalezas y debilidades. “Ningún emprendedor o mentor es dueño de la verdad absoluta”, aclara Ana Victoria García.

“A diferencia del coaching, la mentoría es un ejercicio de voluntad”, señala Alonso Navarro, director de la Red de Mentores y Proyectos Clave en Endeavor México, quien agrega que “mientras que en el coaching hay una relación de intercambio monetario, es decir, un valor por el entrenamiento y la asesoría; en la mentoría las relaciones se establecen a partir de la empatía y la disposición de los empresarios experimentados”. Según José Smeke Farca, mentor y desarrollador de negocios, existen tres tipos de mentoría:

- La situacional. Atiende una necesidad concreta de la persona en un momento y situación específicos. Comúnmente el tutorado no se da cuenta en ese instante de que el consejo que acaba de recibir le puede solucionar alguna problemática. Lo nota tiempo después, cuando decide poner en marcha dicha recomendación.

- Informal. Puede ser un acompañamiento de por vida. Moctezuma, de iLab, reconoce que lo mejor que le puede suceder a un emprendedor es encontrar en un mentor una figura que lo apoye indefinidamente y que incluso, si el emprendimiento es de su agrado, se decida a invertir en él.

- Formal. Sucede por intervención de un tercero, por ejemplo una aceleradora o hub lab, y se caracteriza por analizar, planear y alcanzar un número de objetivos determinados. Generalmente se relaciona con la institución que respalda al emprendedor y se ciñe a su línea de trabajo.

Traza tu plan de acción

La mentoría puede cubrir cualquier aspecto personal o empresarial, desde temas técnicos, financieros o de liderazgo hasta alianzas comerciales, cadenas de valor, recursos humanos o puestos gerenciales.

“Un mentor no es un asesor técnico, no te proveerá de la panacea universal. Podrá ofrecerte asesoría legal básica, no hará tu plan de negocios por ti, no hará dictámenes; en resumen, no solucionará los problemas por ti”, señala Smeke. Esta figura tutelar se encarga de ayudarte a resolver conflictos; potencia tu aprendizaje e impulsa el desarrollo de tus capacidades como emprendedor.

“No se trata de generar conocimiento y que se quede en el baúl, sino de aprender de los comportamientos”, concuerda Smith, del Instituto Irrazonable. Por eso, Tagliabue recomienda que cuando tomes una mentoría llegues preparado, con un plan de acción que te permita aprovechar al máximo el tiempo que el mentor tiene destinado para ti. Navarro, de Endeavor México, insiste en que antes de acercarte a un mentor tomes en cuenta los siguientes aspectos:

-No tengas miedo de preguntar. Si vences esta imposibilidad, sabrás que estás listo para recibir ayuda.

-Considera el tiempo de los demás. Cualquier mentor que está dispuesto a brindarte algo de su tiempo quiere asegurarse de que no está hablándole al vacío. No desperdicies la oportunidad.

-Empatía no significa que piensen igual. Procura buscar a alguien que tenga una perspectiva distinta a la tuya. Existe más de una forma de abordar un tema.

-No importa el número. Si necesitas más de un mentor que cubra la misma o distintas necesidades, no te detengas, búscalos; al final, tres cabezas piensan más que una.

Galván, de Naranya, reconoce que el aprendizaje es algo constante. “Uno no acaba de aprender nunca, de eso se trata la vida. Aprendes mucho de los emprendedores dando este tipo de asesoría. Uno nunca lo puede saber todo. Por eso tomo mentoría contastantemente”, concluye el cofundador y mentor en la aceleradora de proyectos tecnológicos Naranya Labs.