Franquicias

De proyecto social a franquicia nacional

Hoy día, Amar Hidroponia cuenta con 25 franquiciatarios, entre ellos empresarios, gente retirada y personas que quieren alejarse del caos citadino.
De proyecto social a franquicia nacional
Crédito: Depositphotos.com

Seguramente has escuchado hablar de la hidroponia, este tipo de cultivo que no requiere tierra ni demasiado espacio para crecer. Funciona en base a una solución nutritiva que, diluida en agua, proporciona un terreno fértil para que las plantas crezcan a gran escala.

Son muchos los expertos que defienden este tipo de cultivo frente al tradicional –es, dicen, más fácil de controlar y permite por tanto minimizar el riesgo de pérdidas, además de una vida más larga en los anaqueles–, pero pocos imaginarían que es un excelente nicho para crear un negocio escalable y franquiciable.

Hace 15 años, Carla Macías y Rodrigo Domenzain, administradora de empresas y abogado, crearon una compañía llamada Amar Hidroponia, cuya finalidad era proporcionar una herramienta útil para que personas de escasos recursos pudieran tener una opción de autoempleo. Durante varios años ofrecieron cursos de capacitación, así como asesoría para construir invernaderos.

Pronto se dieron cuenta de que la mayoría de los productos agrícolas producidos bajo este modelo se exportaban a Estados Unidos, en particular a Los Ángeles. Fue entonces cuando decidieron dar un paso más: constituir una empresa en ese país para comercializar las verduras y tener presencia jurídica.

Un proyecto social rentable y escalable

No pasó mucho tiempo antes de que los socios se percataran del potencial comercial que tenía su emprendimiento: era un concepto tan único que bien podría dar origen a una franquicia sin precedente en el mundo agrícola.

Crearon la franquicia hace cinco años con el imperativo de forjar una relación comercial que protegiera a ambas partes, tanto a franquiciatarios como a inversionistas.

¿El primer paso? Definir un producto principal: en este caso, el chile habanero. “Lo lógico hubiera sido pensar en el jitomate, pues somos los principales productores de este alimento en el mundo. Pero jitomate hidropónico ya se produce en Querétaro a gran escala, y no quisimos meternos en problemas de competencia”, explica Domenzain.

Sorpresivamente, el mercado estadounidense es un consumidor ávido del chile habanero. Por otro lado, como es de esperarse, este producto se vende a un precio más elevado en el país norteamericano. “Entre más frío sea un lugar más caras son las toneladas de verduras; así que, entre más al norte llegue el producto, mucho mejor”, agrega el empresario.  

El segundo paso fue encontrar financiamiento, mismo que consiguieron mediante un programa de financiamiento de franquicias del Inadem. El tercero fue buscar asesoría de expertos, que obtuvieron de Alcázar & Compañía, y finalmente, el cuarto, contratar un equipo de medios para difundir su oferta.

“Nacimos al revés, como un proyecto social que se convirtió en una empresa. Nuestra esencia es promover el desarrollo de las comunidades a través de los inversionistas, proporcionando capacitación e instalación de invernaderos; es decir, otorgando el know-how”, comparte el empresario.

El modelo de negocio de Amar Hidroponia tiene todo lo necesario para triunfar. “En México contamos con cientos de miles de hectáreas vacías, muchísima agua, miles de mexicanos sin empleo. ¿Por qué no aprovechar esto para crear un motor generador de dinero y mejorar el panorama? Podríamos incluso cambiar el mundo agrícola a nivel nacional o mundial”, expresa.

¿Cómo opera Amar Hidroponia?

Hoy día Amar Hidroponia cuenta con 25 franquiciatarios, principalmente empresarios, gente retirada o personas cansadas de la ciudad que quieren comenzar un negocio lejos del caos citadino. Estos franquiciatarios son asesorados por un equipo técnico, pero “al final del día operan su propio proyecto, es decir, son responsables de su operación”, explica Domenzain.

Pero, ¿por qué habría de invertir alguien en cultivos hidropónicos? A decir del cocreador y director de la empresa, éste es un negocio que ofrece un riesgo significativamente menor que el inmobiliario. ”En lugar de invertir 2.4 millones en un departamento, ¿por qué no hacerlo en una franquicia que te dé unos 100 mil dólares mensuales?”, cuestiona.

La franquicia tiene un costo de 2 millones de pesos, más 200 mil para financiar el capital de trabajo y otro tanto para destinar a la adecuación de terreno. La recuperación puede verse de 12 a 24 meses. Al franquiciatario se le paga 80 por ciento del precio de venta.

De acuerdo con Domenzain, cada franquicia tiene la capacidad de producir 250 empleos, además de 60 toneladas por hectárea.

Amar Hidroponia se encarga de realizar la distribución de los alimentos hidropónicos, mismos que se concentran en un centro de acopio situado en Cancún para después distribuirse a McAllen, Texas. Para los franquiciantes, la transparencia es clave: a través de una app, en todo momento el franquiciatario puede rastrear su producto, desde que lo entrega hasta que éste alcanza su punto de venta.

“La clave para consolidar un modelo de negocio es entender el mercado, perder un poco de dinero en el camino, pero a final de cuentas, aprender cómo funciona el sistema”, comparte Domenzain.

Y, ¿qué sigue para esta franquicia mexicana en crecimiento? “Cerrar 100 hectáreas antes de que termine el año, y en un par de años más, realizar una oferta pública de venta. Ése sería mi sueño dorado”, concluye.