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Fredric Moussali, el emprendedor que "no necesita ser rico"

Su cadena de helados de yogur natural, Moyo, en ocho años alcanzó las 80 unidades de operación en México y Costa Rica.
Fredric Moussali, el emprendedor que "no necesita ser rico"
Crédito: Carlos Aranda

Viajar no sólo te da la oportunidad de conocer lugares o de vivir experiencias. Para Fredric Moussali, un viaje a Estados Unidos significó todo un cambio de vida. Cuando tenía 32 años de edad, conoció los helados de yogur en un centro comercial californiano y se preguntó “qué pasaría si vendía un producto así en México: sano y de gran sabor”. Con esa idea en mente, tomó la nada fácil decisión de renunciar a su puesto como director general de la cadena de restaurantes de comida oriental Sushi Itto, para emprender su propio negocio junto con otros socios.

Hoy, aquel proyecto se llama Moyo. Por cierto, este nombre se le ocurrió a Fredric una noche a las tres de la madrugada cuando fumaba un cigarrillo en una terraza.

“Después me enteré que significa ‘alma’ en suajili”, cuenta el director operativo de esta cadena de helados de yogur natural sin grasa y con lactobacilos. “Desde la primera apertura (en el año 2008), el concepto fue rotundamente exitoso”, asegura.

¿Casualidad o un golpe de suerte? Más bien se trata de un modelo donde se conjugan tres elementos clave: producto, ubicación y experiencia de compra. El helado distribuido por la empresa es un producto artesanal hecho con yogur natural, bajo en calorías, sin grasa y “sabor excepcional”, explica el emprendedor. Productos así satisfacen una demanda creciente por alimentos saludables que existe a nivel nacional. Cabe señalar que en el país 60.6 millones de personas (poco más de la mitad de la población) tienen sobrepeso u obesidad, según el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO).

El helado, cuyo yogur búlgaro contiene 30 millones de lactobacilos por gramo y es producto de la receta de una familia originaria de Bulgaria con más de cuatro décadas avecindada en México, está disponible en 20 sabores. Se acompaña con una amplia variedad de guarniciones, llamadas toppings, que incluye fruta (como fresa, maracuyá, guanábana, granada e higo), comprada y picada en el transcurso del día para garantizar su frescura. Y todo ello se encuentra a la venta “en un lugar agradable, sano y con música; donde te la pasas bien”, dice el empresario, hoy de 40 años. Moyo, además, complementa su oferta con smoothies y –en algunas sucursales– crepas.

Este modelo implica el desarrollo de una proveeduría artesanal nacional. Para ello la cadena ha confiado en emprendedores que producen guarniciones como jamaica enchilada, granola o coco. Este proceso ha sido un reto porque estos proveedores carecen de capital; de modo que Moyo los ha financiado y capacitado para que cumplan con los estándares de calidad requeridos.

Al ofrecer un producto benéfico para el organismo, de hechura artesanal y con complementos frescos, la marca no tiene necesidad de competir por precio. Un helado cuesta $50. “Es un producto caro”, reconoce Fredric. Precisamente por eso, la compañía lanzó el Minimoyo ($28) y estableció un día a la semana en que vende dos helados por el precio de uno. Para “que ‘la banda’ lo pueda probar”, agrega.

Los toppings perfectos

Moyo también debe su éxito a la apertura de puntos de venta –que miden entre 40 y 60m2 de superficie– ubicados en sitios con alto tránsito de gente. Prácticamente todas sus unidades se localizan en centros comerciales, con excepciones como las colonias Roma y Condesa en la capital del país. Esta estrategia tiene sentido porque “un centro comercial tiene una característica: es un ecosistema aislado”, comenta Santiago Sánchez Sierra, director general de Intersect, una consultoría en inteligencia de negocios. Así, es posible que mientras afuera de estos inmuebles pasen pocas personas, adentro transiten miles de clientes potenciales.

Pero este modelo de negocio no podría estar completo sin considerar factores climatológicos para definir sus aperturas. Dado que las bajas temperaturas y la lluvia impactan notablemente sus ventas, la empresa busca ciudades con climas predominantemente calurosos durante la mayor parte del año. Por eso, sitios fríos como Toluca son poco propicios.

Despacio que llevo prisa

Bajo un modelo de franquicias, Moyo emplea a 400 colaboradores y tiene 80 unidades en operación; lo que equivale a 10 aperturas al año en promedio desde su lanzamiento. Sus números, aunque nada despreciables, aún están lejos de Nutrisa (hoy propiedad de Grupo Herdez), líder del segmento con 36 años en el mercado y 500 unidades. No obstante, el cofundador de la marca no tiene prisa por crecer.

De hecho, Fredric posee una mentalidad que llama la atención en un empresario: dice que está ahorrando para comprar un auto híbrido y reemplazar el actual (con 14 años de antigüedad). Asimismo, es usuario frecuente de Uber y no tiene empacho en manifestar que “en México no hay apoyo a las Pymes ni a los emprendedores”.

Quizá por su franqueza suigéneris uno puede creerle cuando asegura: “no necesito ser rico”. Su enfoque más bien está en mantener la calidad en sus helados y la experiencia de compra. “Nunca voy a pensar únicamente en el dinero... Tengo que pensar en que el cliente se vaya feliz, aunque (yo) gane menos”, finaliza.