Liderazgo

La importancia de tener buena autoestima

"Las personas que piensan que no son capaces de hacer algo, no lo harán nunca, aunque tengan las aptitudes". -Gandhi
La importancia de tener buena autoestima
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Para mantener un equipo de alto rendimiento que genere buenos resultados, hoy día los emprendedores y directivos de las organizaciones deben ser lo suficientemente aptos para mover a la gente a su cargo hacia un estado de motivación que influya sobre su grado de eficiencia.

Sin embargo, es imposible vender algo sin haberlo probado primero. Es decir, un jefe no podrá persuadir y motivar a su equipo hacia la eficacia y la consecución de objetivos sin que antes él mismo se encuentre convencido y seguro de que, con sus capacidades y las del equipo, es más que suficiente para alcanzar la meta esperada. Al percatarse de lo anterior, esa persona estará dando su primer paso para transformarse de jefe a un verdadero líder.

Además de estar seguros en sus propias capacidades, los directivos y emprendedores deben mantener una autoestima sana que les permita motivarse y ver a los miembros de su grupo de trabajo como complemento a sus propias aptitudes y habilidades en lugar de como rivales a vencer.

Un líder con una autoestima sana tiene la capacidad de reconocer sus puntos fuertes y sobretodo sus debilidades, pero al mismo tiempo, debe conocer las fortalezas de su equipo y saber utilizarlas para cubrir sus áreas de oportunidad y potencializar el trabajo grupal hacia el logro de la meta en el menor tiempo posible.

Un directivo, para convertirse en un líder exitoso, además de mantener un ego sano, se mantiene siempre actualizado para tener una visión completa sobre el panorama laboral y del estado de ánimo del equipo.

Un punto importante para el perfil del líder es mantener siempre una postura de “apertura” que evidencia su nivel maduro de autoestima, ya que le permitirá mostrarse accesibles con todos los miembros de la organización.

Adicionalmente, posibilitará a la persona para tener una mejor comunicación con su gente, enriqueciendo su visión del negocio y adoptando empáticamente otras posiciones para abordar los problemas del día a día desde distintas perspectivas.

Sin embargo, esta apertura siempre debe ser racional y coherente a los valores de la organización y del líder, manteniendo siempre como pilares fundamentales el respeto a cada persona y el enfoque hacia los resultados. Con ello, el famoso “efecto cascada” se encargará de bajar este estilo de trabajo hacia el resto de la organización. Un verdadero emprendedor o directivo líder es el que enseña con el ejemplo.