Y tú, ¿eres un emprendedor infiel a tu startup?

Esto no tiene nada que ver con el romance sino con los negocios. Y es que muchos emprendedores tenemos más de un amor, más de un emprendimiento.

Esto no tiene nada que ver con el romance… tiene que ver con los negocios. Todos los emprendedores tenemos más de un amor, más de un emprendimiento. Algunos por necesidad, algunos porque no tenemos llenadera.

Los que más he visto son esos emprendedores de segunda o tercera generación que trabajan en el negocio familiar en lo que su proyecto propio despega, los emprendedores la hacemos un poco de freelancers los primeros años. Ser freelance y emprendedor no es lo mismo, pero a veces la línea que los divide es muy difusa. Los emprendedores somos freelance en la literalidad cuando tomamos pequeños proyectos temporales que nos ayuden a desahogar gastos y a invertir en nuestro emprendimiento, tomamos proyectos que no nos quiten mucho tiempo, que sepamos que podemos hacer. Y le somos infieles de tiempo e ideas a nuestro negocio.

Le somos infieles poquito cuando dejamos que alguien más nos ofrezca su opinión, nos oriente y hasta nos haga cambiar de idea, orientar el negocio hacia otro lado del que originalmente estaba planteado. Nos somos infieles a nosotros mismos todo el tiempo cuando pensamos en tirar la toalla, en vender otra cosa, en buscarnos un trabajo de tiempo completo y poner en pausa el proyecto propio.

Somos infieles cuando alguien nos propone colaborar en otro proyecto y decidimos dividir nuestras habilidades e ideas entre más negocios, más equipos de trabajo. Y a veces, nos odiamos a nosotros mismos por no ser capaces de mantener el compromiso. La cosa es que una vez que decides entrar con toda la disposición al proceso de emprender te das cuenta de que la filosofía del “ahora o nunca” tiene mucho sentido y empiezas a tomar riesgos con esta idea detrás. Y tomas más proyectos, y armas más equipos y le dices que sí a cosas que sabes que no te van a redituar la inversión mañana… ni el próximo año.

“Pero querías ser emprendedor” digo cuando empiezo a leer mis listas de pendientes divididas por proyectos y trabajos. Confieso que soy de esas infieles que, como los freelancers, ha aprendido a explotar todas sus habilidades en tantos proyectos redituables nos sea posible.

Se vale, se vale ser un emprendedor infiel porque al final del día la motivación que te llevó a desarrollar ese negocio propio es la de explotar todas tus habilidades y capacidades al máximo, probarte en nuevos espacios, aprender nuevos procesos y cambiar de idea o de opinión, intentar de todo con tal de que tu proyecto de vida salga.

Recientemente he visto cómo algunos de mis amigos emprendedores que empezaron años antes que yo, empiezan a desarrollar proyectos alternos de emprendimiento porque hoy afortunadamente sus negocios ya son estables, son redituables y como emprendedores pueden experimentar con otros negocios y explotar todo su potencial y experiencia adquirida del proceso de emprender.

He visto a otros renunciar a su proyecto original a pesar de que funciona, simplemente porque en el proceso aprendieron que querían otra cosa. Y su emprendimiento lo retoma alguien más, lo mantienen los socios o los empleados de más historial. Por eso creo que los emprendedores somos infieles, porque siempre, no importa qué tan bien o mal nos vaya en el emprendimiento, estamos coqueteando con la idea de un proyecto más, de otra idea de negocio.

Y aunque habrá quien me debata, una cosa sí es segura: el emprendedor infiel podrá tener muchos emprendimientos, muchos proyectos pero debe tener y ser muy claro con sus prioridades, porque una vez que pierdes de vista los proyectos realmente importantes para ti, pierdes de vista los objetivos y el orden para trabajar.

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