Animación mexicana sin miedo al malinchismo

Ánima Estudios durante 15 años ha luchado contra el peor enemigo de un mexicano: otro mexicano. Hoy sus series están en Netflix. Conoce su historia.
Entrepreneur Staff

 

Fernando de Fuentes Sainz y José Carlos García de Letona, presidente y vicepresidente, respectivamente, de Ánima Estudios, revolucionaron hace 15 años una industria incipiente en México y América Latina: la animación. Y, a pesar de que se enfrentaron al malinchismo, hoy es la única casa productora mexicana que ha realizado una serie original para Netflix.

Conocidos en el extranjero como los crazy mexicans, estos socios lograron encontrar un equilibrio entre su talento y lo administrativo, pues reconocen que si se hubieran guiado sólo por su creatividad, la empresa habría gastado más dinero del que tenía. Gracias a esto, Ánima Estudios es capaz de competir y trabajar al nivel de casas productoras como Pixar, Disney o Nickelodeon.

Durante década y media han producido largometrajes entre los que se encuentran: Don Gato y su Pandilla (2011), La Leyenda de las Momias (2014) y Guardianes de Oz (2015 ), rompiendo récords de taquilla. Su negocio se vislumbra prometedor, pues se estima que el consumo de la industria del cine en México crecerá 16.7% para 2021, seis puntos porcentuales más en compa- ración del periodo de 2011-2016, que fue de 10.6%, según datos de Euromonitor International.

Las producciones de Ánima Estudios sumaron un éxito a su trayectoria este año al convertirse en los primeros en producir una serie animada en Latinoamérica con Netflix: Las Leyendas, un largometraje que se estrenó en más de 190 países y 24 idiomas. La historia incluye a los emblemáticos personajes de la trilogía La Leyenda de la Nahuala, La leyenda de la Llorona y La Leyenda de las momias de Guanajuato, que además cuenta mitos de otras partes del mundo.

Netflix representa un fuerte potencial para la industria de contenido, no sólo para la animación, también para otras producciones independientes. Pues es una ventana importante para comercializar, ponerle valor y volverla una fuente de ingresos, considera Radamés Camargo, gerente de análisis en la consultoría The Competitive Intelligence Unit.

Para seguir afianzando al talento en animación, la empresa tiene una alianza con el Instituto de Artes de California (CalArts, por sus siglas en inglés), con la que hace intercambios escolares de alumnos y profesores para apoyar la formación de nuevos expertos en la materia.

Empezar de cero

Fernando es ingeniero industrial por la Universidad Iberoamericana. En sus genes corre una pasión inigualable por el cine: su abuelo fue director, su padre productor y su madre, actriz. Trabajó en una casa de bolsa y en un grupo financiero, pero se dio cuenta de que eso no era lo que le gustaba. “No era malo en lo que hacía, pero no me apasionaba”, recuerda.

En 1999, dicha compañía financiera, propiedad de los hermanos Guillermo y José Antonio Cañedo, abrió el portal de Internet Alo.com, en donde publicaban contenido relacionado con noticias en formatos multimedia, muy novedoso para su época. Ahí, Fernando conoció a José Carlos mientras trabajaban en la plataforma. El primero era el encargado de las finanzas y la administración del sitio, mientras el segundo del departamento de animación.

Era el inicio del siglo XXI, la penetración del ancho de banda era casi nula en el país y el tráfico de visitas era bajo. El portal estaba dividido en canales y el que más visitas tenía era el de animación: Tirabala, en el que se hacían chistes con técnicas muy básicas.

El sitio logró vivir sólo tres años. Cuando cerró, un grupo de socios, entre ellos Fernando y sus hermanas, José Carlos, y los hermanos Cañedo, decidieron continuar con la parte de animación. “Creímos que valía la pena rescatar todo lo que se había hecho, nos habíamos equivocado, pero a la par aprendimos cómo hacer animación”, recuerda Fernando.

En la época en la que se desarrolló Alo.com, se consideraba que iban 10 años adelantados. Por eso, el sitio fue la pauta para consolidar a Ánima Estudios. El proyecto nació con la idea de hacer unas cápsulas informativas animadas para niños, que les enseñaran a lavarse los dientes y abrocharse las agujetas, para venderlo a Televisa o a TV Azteca, con los personajes Ada y Gigante, que ya se habían creado en el portal.

En el año 2002, los socios decidieron incursionar en la pantalla grande. Pero no querían hacerlo solamente con una producción. “La idea era no esperar un primer resultado para ver si funcionaba o no, sino hacer tres para poder administrar las ganancias y reinvertir en otras producciones a corto plazo”, cuenta Fernando.

Contaban con un presupuesto de US$ 3 millones (US$1 millón por película), de fondos propios y préstamos familiares, y echaron a andar las producciones. “Destinamos el dinero a tres cintas por los riesgos que conlleva, el tiempo de retorno y porque establecer un equipo y una línea de producción en México -que era inexistente- iba a tener un gran costo”, comenta José Carlos.

Magos y gigantes (2003), primera cinta hecha por Ánima Estudios, fue producida por 20th Century Fox. La casa productora se mostró entusiasmada con el proyecto y, al mismo tiempo, escéptica, pues muchos de los que ya se habían presentado no habían concluido de manera satisfactoria. De hecho, la casa productora les exigió un corto de 25 minutos de duración antes de firmar el contrato.

“Era la primera animación digital en América Latina”, platica Fernando. Llegó a 15 países, tuvo buena aceptación y el retorno de inversión fue de 80%, pero tardó dos años. “Subestimamos que los retornos de la película tardarían más tiempo de lo esperado”, recuerdan los emprendedores, quienes aún siguen recibiendo cheques de esa primera cinta.

Su segundo largometraje fue Imaginum (2005), que apenas recuperó su inversión, pero con la tercera película, Kung Fu Magoo (2007), obtuvieron del capital invertido. Para lograr esto firmaron una alianza con Santo Domingo Films para crear la compañía Motion Toons, e hicieron la producción con Classic Media.

Un poco antes, en 2006, Grupo Chespirito y Televisa buscaron a Ánima Estudios para hacer la serie El Chavo, proyecto que embonaba muy bien porque Roberto Gómez Bolaños desde tiempo atrás buscaba llevar su personaje a las caricaturas, pero no querían hacerlo con Disney. “Ese proyecto fue un pilar importante porque trajo flujo constante de efectivo a la compañía”, dice Fernando.

Realizaron 136 capítulos de El Chavo y 72 de El Chapulín Colorado; tuvo éxito en todos los lugares don- de se lanzó. “Ya no sólo trabajábamos cosas para cine, sino que empezábamos a entrar en la televisión”, afirma José Carlos.

Ánima Estudios se dedica a hacer dos tipos de películas: locales e internacionales. Las primeras, son para un mercado nacional y el presupuesto va de $25 a $30 millones; las segundas, tienen más potencial a nivel global, sumando a varios socios y cuentan con un presupuesto de US$ 7 millones, en las que se utiliza la técnica 3D.

Vencer al machismo

El primer reto al que se enfrentó Ánima Estudios fue que no existía una industria así en México.

“No teníamos con quién acudir para el know how ni para el talento. Había gente que ya sabía animación de la vieja escuela, pero no todos podían con la tableta digital. Y nunca pudieron”, platica Fernando.

En México fue hasta 2009 cuando se fundó ESCENA Escuela de Animación.

Pero lo anterior no fue nada en comparación al reto que aún tratan de derribar: el malinchismo. “Sin duda a los mexicanos no nos gusta lo que se hace en México. Nos molestaba cuando decían: ‘Apoyen al cine mexicano’ ¡No vendíamos galletas! Pero entiendes que la gente prefiere consumir otros tipos de películas”, explica el presidente de Ánima Estudios.

Para este tipo de industria, encontrar aceptación entre el público mexicano fue más complicado. Se dieron cuenta que en el extranjero era más valorado y fácil vender sus historias que en su propio país. Por eso, tocaron puertas y comenzaron a mostrar sus productos a clientes en Inglaterra, Australia, España, Irlanda, India, Estados Unidos, Argentina, Colombia y Filipinas.

Ánima Estudios está dejando un precedente en la industria cinematográfica de cómo expandir audiencias y llegar a mercados internacionales, no sólo a través del cine, también en las nuevas plataformas. Este es uno de los casos pioneros de éxito sobre animación y da un insight de que están haciendo contenido atractivo y competitivo a nivel internacional, explica Radamés.

“La industria del cine ha mejorado, la gente está más abierta y sin duda la calidad es mayor”, agrega Fernando. Por ejemplo, en 2011 con el estreno de Don Gato y su pandilla, recaudaron $15 millones. Ha sido la película mexicana que rompió récord de recaudación en su primer día y fin de semana de estreno.

Ahora su exigencia en planeación se ha elevado, por lo que realizan revisiones de manera mensual o bimestral. “Tenemos un plan para dentro de cinco años. Peso por peso. Costo por costo”, asegura Fernando. Parte de la estrategia para cine en 2017 es retomar contenidos de series conocidas como La familia Telerín debido a la relación emocional que tiene con la gente.? Estos creativos están muy orgullosos y contentos de

romper con el malinchismo y con otras barreras, como el hecho de estar cerca de la cultura estadounidense, que marca el rumbo del entretenimiento global y de la cual los mexicanos son los principales consumidores.

Los crazy mexicans tienen claro que se enfrentaron a grandes monstruos de la industria como Pixar, líder en Estados Unidos, y hoy son la casa productora con más de 200 episodios de televisión y 14 películas producidas y estrenadas, así como más series listas para salir y distribuirse en Internet, cine y televisión. Pese a los logros, reconoce Fernando:

“Aún falta más por hacer y mejor”. 

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