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Columnas

Cuando una frase sirve para llegar a la meta

Los buenos pensamientos o las ideas positivas sirven.
Cuando una frase sirve para llegar a la meta
Crédito: Depositphotos.com
4 min read

Dicen que “las oportunidades no ocurren, se crean” (Chris Coddington), pero si te caes o te equivocas, debes levantarte. “Nuestra gloria más grande no consiste en no haberse caído nunca, sino en haberse levantado después de la caída”, decía Confucio, o recuerda que “la forma como tratas con el fracaso determina cómo consigues el éxito” (David Feherty)... Y así, hay miles de frases motivadoras. La pregunta es: ¿en realidad, estas frases sirven para algo?

La palabra motivación viene del latín motivus/motus y quiere decir “el motivo o la causa del movimiento”. Según el profesor español José Luis Pinillos, es “la raíz dinámica del comportamiento”, es decir, “los factores o determinantes?internos que incitan a una acción”. Por lo tanto, psicológicamente, podría decirse que la motivación es un estado interno que activa, dirige y? mantiene la conducta de una persona*.

Para reforzar esa conducta, a lo largo de nuestra vida hemos obtenido aprendizajes que han?sido reafirmados o desechados, dependiendo de?nuestro entorno. Por ejemplo, a la hora de elegir?el tipo de música que nos define puede ser que?hayamos sido influenciados por nuestros padres,?hermanos o amigos y, luego, empezamos a identificarnos con las letras e incluso la ropa con la que viste nuestro cantante favorito.

Lo mismo pasa con una frase motivacional. Tal vez estamos cansados de tanta frase, pero pensemos: ¿cuándo nos hizo daño leer sobre algo bueno? Es un refuerzo positivo, son ideas que más de una persona pensó que sería bueno compartir con más gente. Es verdad, hay a quienes no les gustan, tal vez porque no les es posible o se les dificulta aceptar que los buenos pensamientos o las ideas positivas sirven.

Para todos aquellos, también hay una especie de antifrases, que fueron creadas para el mismo fin. Pero, nuevamente, todo depende del momento por el que estés pasando. No tienen el mismo efecto si lo lees cuando tu autoestima y tu conducta es relativamente normal - ¿y qué es normal?, lo que para ti sea significado de “estoy bien”- a que si las lees cuando atraviesas por un problema.

En la definición de motivación decíamos que esos estímulos pueden ayudar a concretar una acción, pero también sirven para detenerla. Ahí radica la libertad de acción. Bien puede elevarte o tirarte. Dependiendo del momento por el cual estés pasando, la frase motivacional que leas te ayudará o no.

Por ello, una de las recomendaciones de la psicóloga Patricia Córdoba es armar personalmente nuestra frase, nuestra idea o consigna personal, para cualquier obstáculo o reto que se nos

presente, y para ello es necesario: 1) Utilizar una afirmación positiva; 2) Fijar una meta re- alista y clara; 3) Redactarla en presente, y 4) Verbalizarla o leerla de vez en cuando.

Además de las frases positivas y/o las antifrases, necesitamos mecanismos para ponerlas en práctica. Por ejemplo, tienes pe- gada en tu puerta del refrigerador una imagen del próximo maratón o de cualquier carrera (5, 10, 21 km). La lees detenidamente y, al ter- minar... ¿ya corriste? ¿Ya tienes las medallas?

No, verdad. Lo mismo ocurre con las frases motivacionales: para que logren su cometido es necesario practicar y practicar. ¿Cuántas veces hemos escuchado la frase: “Ten cuidado con lo que dices, porque puede hacerse realidad”? ¿Crees que es magia? ¡No! Todo está en la forma en que quieras creer que es posible. Ya sea con la frase de Paulo Coelho: “Cuando quieres algo, el universo conspira para que realices tu deseo” o con la anónima que dice: “Deséalo tanto, tanto, tanto, que el universo diga: ¡Ya cállate! Ahí está”. Lo importante está en trabajar duro y hacer realidad lo que pensamos (o leemos).

*Fuente: José Luis Pinillos (1977). Principios de psicología. Madrid, España: Alianza Universal. p. 503.

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