¿Nos vieron la cara con el bitcoin?

Al mundo de la tecnología le vieron la cara, pero eso no significa que no haya nada que ganar de la criptolocura.
¿Nos vieron la cara con el bitcoin?
Crédito: Koron | Getty Images
Guest Writer
CEO of Quantam Solutions
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El frenesí alrededor de Bitcoin está en un punto bajo y las razones son bastante obvias. El año pasado su valor se disparó haciendo que los early adopters se volvieran millonarios. Y en este despertar, cientos de inversionistas en potencia y creadores de monedas se pusieron manos a la obra. 

Un vistazo rápido para los que no están familiarizados con el tema: Bitcoin es la criptomoneda mejor conocida y más valorada entre los activos digitales. Se presenta como una alternativa al dinero de papel tradicional, con inversionistas especulativos que venden y compran cantidades fraccionadas de Bitcoins (mismas que, mientras se estaba escribiendo este artículo, estaban valuadas en 6,000 dólares por moneda, un precio mucho más bajo que el que llegaron a tener en diciembre de 2017, con 19,783 dólares por moneda) con la esperanza de que su valor aumente. Su anonimato respaldado por blockchain y su valor yéndose por los cielos ha inspirado a cientos de imitadores, cada uno intentando ser el que logre un verdadero avance que reemplace al dinero tradicional.

Siendo un fenómeno tan reciente, puede que te sorprenda saber que Bitcoin existe desde enero de 2009, creado por un desarrollador japonés (probablemente no sea él, pero a él se lo atribuyen) llamado Satoshi Nakamoto. La dudosa realidad de su creador es apropiada por varias razones en las que ahondaré más adelante. Pero independientemente de si Nakamoto es una persona real o no, lo que es completamente cierto es que su creación ha dictado la conversación sobre el futuro del dinero y sobre las inversiones en la era post 2009.

Lo más impresionante sobre las criptomonedas es, posiblemente, la forma tan abrupta en la que incluso los bancos más grandes, los despachos financieros e incluso las corporaciones de consumidores se han metido en la locura en la última década. Estos respaldos hacen parecer que Bitcoin y otras criptomonedas son una apuesta segura, pero si miramos más de cerca encontraremos una serie de falsas promesas y alboroto, algo que vale la pena analizar más profundamente para entender los beneficios reales de la locura de las criptomonedas.

La ciencia de Bitcoin

No sólo es cuestionable la idea de que Bitcoin va a reemplazar a los sistemas monetarios existentes, sino que la idea completa de invertir en criptomoneda es lo que encierra una gran estafa.

Los inversionistas, probablemente más que cualquier otro grupo de personas, aman la idea de subirse a la siguiente gran ola antes de que desaparezca. Esto no es novedad, de hecho, es la forma en la que se hace nuestro dinero. Desde los inventores de a videocasetera hasta los que inventaron las sillas de ruedas, la idea es comprar mientras los costos son bajos para vender cuando los costos se eleven. Así que es natural que un campo tan complejo y sin regular como el de la criptomoneda atraiga la atención de cierto tipo de inversionista, uno que tal vez no es tan ducho en temas financieros pero que entiende bien del poder transformador de internet. El aspecto digital lo vuelve más democrático: si todos pueden comprarlo, todos pueden beneficiarse.

Y es justo ahí donde las cosas se complican. En el fondo, las criptomonedas son un fraude. A todos nos han vendido la idea de que Bitcoin es la moneda oficial del futuro en Internet, pintando un cuadro evangelizador de un mundo en el que gastar de manera anónima es totalmente seguro y no tiene que pasar por bancos internacionales ni gobiernos. Muchos vendedores se han comprado esta idea, lo que significa que Bitcoin te puede servir para comprar lo que sea, desde una habitación en un hotel hasta una pizza a domicilio. Y suena increíble, claro, pero en esencia, las criptomonedas han demostrado ser otra cosa por completo.

Y es que las criptomonedas no son un medio de intercambio real, no como lo es el dinero impreso respaldado por el gobierno y los bancos. Bitcoin es un activo, y uno bastante peligroso, al que invertirle dinero. Aunque puede ser intercambiado por ciertos bienes, estas transacciones le tiran a hacer trueques con vendedores oportunistas que están más interesados en publicitar que aceptan Bitcoin como forma de pago. Y no tienes que creerme a mi si no quieres, el mismo Jamie Dimon, CEO de JPMorgan, ha identificado a las criptomonedas como una burbuja a punto de explotar. Cuando eso pase pues… buena suerte intentando pagar tu pizza con lo que sea que haya quedado de esas monedas.

Incluso fuera de la volatilidad propia de las monedas, esa atmósfera del salvaje oeste ha demostrado ser terreno fértil para los estafadores. Los anticuados esquemas Ponzi han sido renovados en el siglo XXI gracias a los delincuentes que se aprovechan de la locura de Bitcoin, recaudando fondos para las ofertas iniciales de monedas (ICO) que nunca se materializan. De manera muy conveniente para una moneda que inició incitando a los vendedores anónimos de drogas y armas en puestos de intercambio en la dark web, los operadores sin escrúpulos han migrado a Bitcoin como el mejor medio para estafar a los incautos. Considérate avisado.

El beneficio real

Aunque Bitcoin es una inversión radioactiva que no debe ser tocada, esto no significa que el movimiento de las criptomonedas no haya creado algo con un beneficio real. La parte más peligrosa de Bitcoin es la imprevisibilidad del elemento humano en la forma de estafas y etiquetas engañosas. Sin embargo, la tecnología detrás de todo esto, libre de la emoción y las decepciones, es increíblemente confiable.

El término “cripto” en criptomoneda viene de la palabra criptografía: tecnología encriptada que hace que las transacciones de bitcoin sean seguras. Y no sólo eso, sino que toda la actividad en línea es segura gracias al uso de líneas de código encriptadas que no pueden ser descifradas por terceros. El libro de contabilidad encriptado con todas las transacciones de Bitcoin, conocido como blockchain, representa el medio de transferencia más seguro jamás creado en línea. Enterrar tus monedas de oro en el patio trasero nunca había sido así seguro.

Blockchain funciona porque la información no se guarda en un servidor central, y alterar su código implicaría comprometer una serie de máquinas a través de una red amplísima, una tarea casi imposible incluso para los hackers más hábiles. Este nivel de seguridad en las transacciones hace que blockchain sea muy útil no sólo para los activos etéreos como las criptomonedas, sino para los movimientos de dinero real hechos por los bancos o por los individuos.

Una vez que la locura del Bitcoin desaparezca, nos quedaremos con una herramienta verdaderamente transformadora: una nueva forma mucho más segura de hacer negocios en línea. Los evangelizadores no estaban completamente equivocados, sólo necesitaban un poco más de guía. Las bitcoins en sí mismas no cambiarán nuestro mundo, pero la blockchain construida para albergarlas definitivamente lo hará.

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