Deseos de Año Nuevo para antes y después de la tormenta

El año 2018 estuvo lleno de turbulencias, crisis y desafíos. Este 2019 que comienza tal vez sea aún más complicado. Para comenzar este nuevo ciclo, esta es la lección que nos deja la historia de Eduardo Strauch, quien tuvo que comer carne humana para sobrevivir los 72 días que estuvo atrapado en Los Andes.
Magazine Contributor
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This story appears in the January 2019 issue of Entrepreneur Mexico. Subscribe »

El pánico lo paralizó. El avión, que cruzaba la Cordillera de los Andes a una altitud de 5,846 metros, comenzó a sacudirse con fuerza y a crujir.

“Me puse enrollado, en posición fetal… Sentí un impacto, una bocanada de aire frío y un fuerte olor a combustible. Esperaba que el avión se detuviera, pero después del primer impacto se partió en dos y siguió en movimiento”, recuerda Eduardo Strauch, uno de los sobrevivientes de la tragedia de los Andes ocurrida el viernes 13 de octubre de 1972.

Eduardo apretó los ojos. “Pensé: esto es una pesadilla. Estoy en mi cama, me voy a despertar y esto se acabará.” Tras el impacto final del avión, por unos instantes todo se quedó en silencio. Después, poco a poco, comenzaron a escucharse quejidos, lamentos, rezos y gritos de auxilio.

Al tratar de levantarse, Eduardo se topó con el cuerpo de una mujer muerta casi encima de él. “Entonces me di cuenta de que esto no era un sueño.”

Pasaron 16 días. Quedaban 27 sobrevivientes de entre los 45 pasajeros que iniciaron el viaje. Dos aludes de nieve, casi continuos, los sepultaron. Sólo quedaron 19 tras la segunda avalancha.

Para sobrevivir más de 70 días atrapados en la montaña, Eduardo y los demás debieron comerse la carne de sus compañeros muertos. “Uno de nuestros momentos más felices en esos días era cuando compartíamos como ‘postre’ una probadita de pasta dental que nos sabía a gloria”, recuerda.

Fue ahí, en el silencio inmenso de las cordilleras y la nieve, cuando Eduardo escuchó a Dios, cuando pudo conocer y sentir la inmensidad del universo. Fue ahí, en medio de la muerte y la angustia, cuando encontró la paz más profunda y fue feliz.

Bien decía el escritor Ernest Hemingway: “El mundo nos rompe a todos, pero muchos se vuelven fuertes en los lugares rotos.”

Me acordé de esta charla con Eduardo Strauch porque el 2018 estuvo lleno de pérdidas personales, de crisis laborales, de turbulencias. Por eso sólo les deseo en este nuevo año que, después de la tormenta, encuentren la paz y vuelvan a sonreír ante el nuevo ciclo que apenas inicia.

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