10 comportamientos que la gente considera condescendientes y que debes evitar

Desde decirle 'jefe' a alguien hasta decir que 'realmente' te gusta una idea.
10 comportamientos que la gente considera condescendientes y que debes evitar
Crédito: depositphotos.com

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Entrepreneur Staff
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Todos sabemos cómo estar con con alguien que no te hace sentir bien contigo mismo. Hay muchos tipos de gente que te hace sentir incómodo: los que se quejan de todo, los envidiosos, los negativos que succionan tu energía, los sarcásticos con mal genio, casi cualquier persona que use lentes oscuros de neón; pero si te vas sintiéndote mal contigo mismo, lo más probable es que esa persona haya sido condescendiente. La gente se comporta de forma condescendiente por varias razones, pero casi siempre se reduce a inseguridad y arrogancia. Sí, definitivamente se puede ser arrogante e inseguro al mismo tiempo. 

Aquí señalamos algunos comportamientos que la gente no suele recibir bien. También es importante recordar que los estudios sugieren que entre 75 y 90 por ciento de la comunicación es no verbal. Así que cuando alguien siente que otro está siendo condescendiente, mucho tiene que ver con la forma en la que dicen las cosas. Sin embargo, si te han dicho que sueles ser condescendiente, aquí te dejamos algunos comportamientos que debes observar para poder evitar.

1. Explicar cosas que la gente ya sabe

Todos hemos estado en una conversación que transcurre sin problemas, cuando de repente te encuentras acorralado sin saber cómo, escuchando a alguien explicarte algo que ya sabes. Te está hablando con los ojos súper abiertos, ofreciéndote cada punto como si fuera un regalo “y así, tras casi 30 años en la cárcel, ganó el Premio Novel de la paz”, y apenas tienes el corazón para descarrilar su monólogo y decir “Emmm sí, sé perfecto quién es Nelson Mandela”.

Encontrarte en esta situación es molesto porque la otra persona, por cualquier razón, ha asumido que no tienes el mismo conocimiento que él o ella tienen. Lo más probable es que ni siquiera se hayan puesto a evaluar si sabes o no lo que están explicando, sólo saben que lo saben, y esa es razón suficiente para ponerse a explicarlo. Este comportamiento suele llamarse “mansplaining”, pero hay unas cuantas mujeres que también caen en esto. Lo importante es recordar que una conversación respetuosa entre dos personas implica leer al otro. Si no estás seguro de que están siguiendo lo que dices, siempre puedes preguntar “¿Te suena conocido?” O “¿Has escuchado de esto?” La mayor parte del tiempo, la forma más segura de manejar esto es dándole al otro el beneficio de la duda.

2. Decirle a una persona que “siempre” o “nunca” hace algo

A nadie le gusta que lo acorralen. Cuando haces generalizaciones sobre el comportamiento de alguien más, esa es la forma más rápida de hacerlo sentir juzgado e incomprendido. Ya sea que estés teniendo una conversación casual o intentando darle retroalimentación a alguien, es más probable que esa persona se cierre y se ponga a la defensiva cuando usas palabras como “siempre” o “nunca” para hablar de lo que hace.

Por ejemplo, cuando le dices a alguien “Siempre llegas tarde” o “Nunca limpias el baño”, les haces sentir que estás haciendo una declaración absoluta sobre lo que son y sin duda buscarán en su cerebro información y evidencia que te contradiga. Sin embargo, si dijeras “He notado que últimamente estás llegando tarde” o “Hace mucho tiempo que no limpias el baño”, la persona probablemente siga poniéndose a la defensiva pero no se sentirán juzgados por completo.

Y lo más importante, si tus juicios no son en blanco y negro, los demás te percibirán como una persona más razonable, empática y sin prejuicios, cualidades que hacen que los demás se muestren más receptivos a tu retroalimentación.

3. Interrumpir para corregir la pronunciación de alguien más

Si alguien está diciendo algo, definitivamente no deberías interrumpirlo para corregir su pronunciación. No hay una forma más rápida de quebrar el impulso de alguien o de desbaratar su confianza que interrumpir para decir “Um, en realidad se dice ‘esssspreso’ no ‘expreso’”. Esto no sólo avergonzará a la persona que está hablando, sino que todos los que están escuchando pensarán que eres un sabelotodo que hace sentir incómodos a los demás poniéndolos bajo los reflectores y exhibiéndolos.

Si la conversación es casual, y alguien pronuncia mal un nombre o una palabra, lo más probable es que no valga la pena corregirlos. No vas a salvar la vida de nadie con esto. Pero si sientes que el error fue tan notorio que no puedes permitir que esa persona vaya por la vida como si anduviera con una espinaca en el diente (como pronunciar mal el nombre de un cliente), lo mejor es esperar hasta que haya terminado de hablar y ya no sea el centro de atención. Entonces, discretamente puedes decirle “¿Lo pronuncias Lanvin? Siempre pensé que se decía Lanvan. El francés es raro.” Cualquier persona que tenga una pizca de auto-consciencia entenderá lo que le quisiste decir y buscará cuál es la forma correcta de pronunciar, y si no lo hace, entonces no vale la pena que la corrijas.

4. Decir “cálmate”

Especialmente para las mujeres, que se les diga “cálmate” es particularmente condescendiente. Otras frases adyacentes e igualmente molestas son “Relájate” y “Tómatelo con calma”. No importa con quién estés hablando, cuando le dices “cálmate” estás sugiriendo que su emoción, preocupación o respuesta general hacia algo es excesiva o inválida. La gente tiene derecho a sentir lo que quiera, y a reaccionar como pueda.

A los hombres les pasa de repente, pero a las mujeres les pasa todo el tiempo. La mayoría se han topado con un hombre que les dice “relájate” porque percibe su reacción como emocionalmente inapropiada, cuando por lo general ella no siente que esté reaccionando emocionalmente. Las investigaciones han demostrado una y otra vez que los hombres tienden a percibir más "estridencia" y emoción en las voces de las mujeres. Un estudio de Fortune encontró que las mujeres son 17 veces más propensas a ser descritas como desagradables. Cuando alguien le dice a una mujer que se “calme” o se “relaje”, ella sentirá que esa persona le dice que está siendo “exagerada” o “dramática”. Esto reduce su experiencia y hace que su respuesta tienda a ser mezquina.

5. Decir que “realmente” te gustó una idea

Esta es una forma más amable de decir “¡Wow! Hiciste algo inteligente y no creía que pudieras hacerlo”. Muchos hemos recibido un correo de nuestro jefe en el que se nos informa de todo lo que hicimos mal y al final viene un “pero realmente me gustó esto”. Este tipo de cumplido puede ser peor que no recibir elogios. Si ofreces una solución a un problema en una junta y alguien te dice “Oye, esto es una muy buena idea” y lo dice con sorpresa por tu contribución, te hacen sentir que no esperaban nada inteligente de tu parte. Si “realmente” te gusta algo, sólo di que te gusta y ya.

6. Repartir sándwiches de halagos

Muchos jefes juran que este método de retroalimentación sirve: empezar con un cumplido, luego hacer una crítica, y terminar con otro cumplido. Se percibe como una forma de amortiguar las críticas. Y es cierto que una cucharada de azúcar ayuda a que la medicina resbale mejor… en ocasiones. Pero a este punto la fórmula se distingue a leguas, y puede que los halagos se sientan forzados. Mucha gente distingue el halago dentro del sándwich y piensa: dímelo directo.

No tienes que dar un halago para dar una crítica. Sin duda debes ofrecer reafirmación cuando ésta se necesite, pero un halago se siente mil veces mejor cuando no va seguido de un “pero”. En lugar de ofrecer sándwiches de halagos, puedes intentar otro método como el que desarrolló Pixar. El experto en liderazgo David Berkus escribe que la técnica sale de la tradición de improvisación cómica, en la que la regla es nunca decir “no” sino “Sí, y…” En Pixar, poner esto en práctica significa que cuando haces una crítica, la haces de forma directa, pero siempre va seguida de una sugerencia constructiva sobre cómo resolver el problema. 

7. Apodos degradantes como “jefe” o “corazón”

Por lo general, los apodos familiares y genéricos, sobre todo con gente con la que interactúas de forma profesional, no son buena idea. Esto es particularmente importante para la gente que está en posiciones de poder. Si bien un jefe hombre podría pensar que llamar a su subordinado "jefe" es una forma de ser amable, o de codearse con las personas pequeñas, esto tiende a parecer condescendiente. Una jefa mujer puede pensar que es maternal o accesible si le dice “corazón” a sus empleados, pero esto puede ocasionar un falso sentido de familiaridad que dificulte a los empleados hablar con honestidad. Además, estos apodos casi siempre son excluyentes: un jefe rara vez le dirá a “jefa” a una de sus empleadas (y con suerte, en 2020 ya sabe que no le debe decir ‘corazón’ a nadie más que a su esposa). Así que esos apodos son excluyentes y sumamente condescendientes.

Cuando se trata de interactuar con personas que te están ofreciendo un servicio (ya sea un guardia de seguridad en tu edificio, un mesero en un restaurante, la señora que hace el aseo en tu casa o un taxista), los apodos son particularmente arriesgados. Llamar a otro hombre “jefe” o “patrón” es una especie de postura de falsa sumisión. En 2019, en una encuesta realizada por Men’s Health, 43 por ciento de los encuestados dijeron que cuando otro hombre les dice “Jefe”, piensan que están siendo condescendientes. Probablemente no valga la pena enfrentarte a esas probabilidades. Afortunadamente, la alternativa a los apodos no es demasiado difícil de implementar y funciona siempre. Puedes aprenderte los nombres reales de las personas.

8. Dar palmaditas en el hombro

Puede que esto parezca obvio, pero pasa más seguido de lo que crees. En general, tocar a la gente no es buena idea, a menos que sean tus amigos o familiares. Es cierto que en el repertorio de los métodos para tocar a la gente, "dar palmaditas" a los conocidos es una mejor opción que "acariciar", "golpear" o "pellizcar", y hay ciertos escenarios en los que dar palmaditas a alguien en la espalda o el hombro es completamente aceptable. Pero hacerlo en la cabeza nunca está bien. Si le das un golpe a alguien en la cabeza, aunque sea de la forma más ligera posible, esa persona invariablemente tendrá que mirarte (confundido, y probablemente intentando quitarte la mano), y entonces te verás forzado a “mirarla hacia abajo”. Entonces, si la cabeza de alguien está al alcance de tu mano (porque es mucho más bajito que tú, o está sentada en una silla de ruedas o en una silla de la oficina) y sientes la necesidad de tocarla, simplemente retírate de la situación.

9. Ponerte a soltar nombres

Este es un método antiguo y transparente de comunicar superioridad. Ya sea que estés hablando de que Jack Dorsey estaba en tu retiro de yoga el fin de semana pasado, o que tienes al hermano del esposo de Chrissy Teigen en tu teléfono, siempre te percibirán como una persona que cree que la gente famosa es más importante. Está bien que te emocione toparte con una celebridad o una figura de autoridad. El problema es cuando te la pasas soltando nombres y luego actuando como si no fuera gran cosa, lo que hace pensar que crees que esta gente es lo suficientemente importante como para mencionarla, pero también que te consideras uno de sus conocidos. El mensaje implícito para la persona con la que estás hablando es: ‘Conozco a gente importante, por lo tanto, yo soy importante’. Y la mayoría de las personas consideran este comportamiento como condescendiente… y un poco patético.

10. Decirle a alguien “Vamos, tú sabes mejor que eso”

Este tipo de comentario se puede usar en todo tipo de situaciones, pero casi siempre se experimenta como condescendiente. Es el tipo de cosa que un papá cansado podría decirle a su hijo, así que cuando un adulto se lo dice a otro, suena a que lo estuviera regañando. Digamos que estás teniendo una discusión sobre política y alguien te dice: “Vamos, tú sabes mejor que eso”; lo más probable es que te sientas que están menospreciando tu perspectiva, considerándola tonta o infantil. Incluso si estás haciendo algo objetivamente malo (digamos, como fumar un cigarro) y alguien dice “Vamos, tú sabes mejor que eso” es una reprimenda tan parental que probablemente recaerás en el modo adolescente de "no me digas qué hacer" y para molestar, terminarás fumando todavía más. Si no estás de acuerdo con la opinión de alguien, lo puedes decir directamente. Si no estás de acuerdo con sus elecciones de vida, lo mejor es no meterte y dejar que cada quien elija lo que hace con su vida.

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