El otro reto (después del coronavirus) del que nadie en el mundo se escapará

Las compañías, inversionistas y gobiernos deben preparase para una importante reasignación de capital a otro tema muy importante: el cambio climático.
El otro reto (después del coronavirus) del que nadie en el mundo se escapará
Crédito: Shutterstock

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Los grandes retos y las necesidades de nuestro tiempo son los temas que están en el centro de gravitación del emprendimiento y la inversión de impacto. En esta ocasión me concentro en el cambio climático, que -desde mi perspectiva- ejemplifica con mayor claridad toda la ecuación: si hay un reto del que no se escapa nadie, es éste. Tal y como lo dice el título del libro de la periodista canadiense Naomi Klein: “Esto lo cambia todo”.

2019 fue el año en que Greta Thunberg, la famosa activista ambiental sueca de 16 años, fue a la ONU para decirle a ‘los líderes del mundo’: “Por más de 30 años, la ciencia ha sido clarísima... Ecosistemas enteros están colapsando. Estamos en el comienzo de una extinción masiva. Y de lo único que pueden hablar es de dinero y cuentos de hadas de crecimiento económico eterno”.

¿Exagerada? Para poner en contexto, pensemos en los incendios en Siberia y el Amazonas o el deshielo acelerado en el Ártico, que también marcaron al año pasado —el segundo año más caliente, después de 2016—, y la estimación de ecologistas sobre mil millones de animales muertos por el fuego en Australia.

Afortunadamente, en el reverso de la moneda, las señales de oportunidad también abundan.

La Comisión Global de Adaptación, cuya misión es promover soluciones para prepararnos ante el calentamiento, informa que sólo para eso se requieren inversiones por 1.8 billones de dólares en los próximos 10 años y que éstas podrían rendir bene cios netos por 7.1 billones (cuenta corta).

La necesidad es muy clara: conforme al Acuerdo de París, impedir que el aumento de la temperatura media mundial, producto del efecto invernadero, pase de 1.5 grados respecto a niveles preindustriales, apenas para evitar la catástrofe: inundaciones, epidemias y sequías.

Oportunidad: energías limpias y renovables, movilidad sostenible, agroindustria y alimentación sustentables, desde vivienda verde hasta moda con responsabilidad social, enfoque productivo y de consumo local, las tres R (reducir, reusar y reciclar), diseño industrial ecológico y el concepto de economía circular, turismo responsable, protección y gestión e ciente de bosques, del mar y el agua, educación ambiental...

Lo mismo caben grandes inversiones en parques eólicos que inventores e innovadores en nuevos productos o modelos de economía colaborativa.

Además, hay recursos disponibles para fondear: tasas de interés bajas y un sector financiero que empieza a tomar conciencia y disposición para invertir en serio en ESG (siglas en inglés de: ambiental,social y de gobierno, por sus ) e inversión de impacto.

Ahí está la carta que publicó Larry Fink, CEO de BlackRock, rma que administra más de 7 billones de dólares en activos, en la que anticipa que la sustentabilidad será parte medular de su estrategia y portafolios de inversión y riesgos. “El cambio climático es distinto. Incluso si sólo una fracción de los impactos proyectados se concretan, esta es una crisis mucho más estructural y de largo plazo. Las compañías, inversionistas y gobiernos deben preparase para una importante reasignación de capital.”

Entre Greta Thunberg y Larry Fink puede haber un mar de distancia, pero hay un puente de posibilidad, que es el de la conciencia: ahí debe florecer la inversión de impacto y el emprendimiento social. Es lo básico para hacer de la necesidad, virtud y solución. Pero más que discursos y cartas, lo que urgen son las acciones.

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