Cómo rebatir las fake news (sin necesidad de insultar)

En 2008 el visionario Paul Graham definió un ranking de estrategias argumentativas. En este artículo te explico cómo aplicarlas.

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  • Siempre han existido grupos de interés que se aprovechan de la ignorancia de los demás para inyectar pensamientos erróneos.
  • Marcos mentales, metáforas y narrativas se diseñan, fabrican y difunden para que muchas personas crean en (o duden de) ciertas cosas.
  • Quizás te indigne leer informaciones sesgadas y torticeras. Tal vez hayas querido enviar a la porra a algún evangelista del error.
Hoy día las redes sociales permiten expresarnos sobre cualquier tema en los términos que nos dé la gana. Da igual si sabemos mucho o poco, podemos opinar pensando que nuestro criterio vale igual que el de una persona experta.

La democratización de los contenidos nos ha regalado una explosión de conocimientos. Pero, también, la (falsa) percepción de que todos podemos ser expertos instantáneos en cocina, trading, Bitcoins, física atómica, política, futbol, vacunas y mil cosas más.

Depositphotos.com

Así es que proliferan en YouTube y redes sociales argumentos obtusos e inciertos como, por ejemplo, las fake news, el terraplanismo, las teorías de la conspiración o las diversas formas de negacionismo (evolutivo, contra el cambio climático, antivacuna, 5G…).

Errores e ignorancias han sido una constante a lo largo de la historia. La diferencia entre el presente y, pongamos por caso, la Época Clásica es que entonces no existían Twitter ni TikTok, y que lo que se criticaba en ágoras y foros no pasaba del acaloramiento temporal. Pero hoy la ciudadanía está conectada con otras ciudadanías y, al igual que la COVID, las estupideces pueden viralizarse.

El problema

No veo malicia en estar equivocados y defender el error. Incluso las personas más sabias admiten que cualquier teoría puede refutarse y cambiarse por otra. La cuestión de fondo es que siempre han existido grupos de interés que se aprovechan de la ignorancia de los demás para inyectar pensamientos erróneos a la sociedad, a sabiendas de que son erróneos.

Esos grupos diseñan, fabrican y difunden marcos mentales, metáforas y narrativas falsas para que muchas otras personas crean en (o duden de) ciertas cosas, según sea su interés del momento.

Hoy día, los manipuladores lo tienen muy fácil gracias a las redes sociales y a la infodemia, que es esa especie de avalancha de datos que recibimos a todas horas. Además, aunque pasan la mayor parte del tiempo escondidos, tienden a manifestarse con más ímpetu cuando, como ahora, crece el descontento en las calles.

En tu día a día como surfista de Internet, seguro que te has cruzado con alguno de estos evangelistas del error, con sus comentarios sesgados y torticeros. Tal vez hayas querido enviarlo a la porra. Pero, antes de llegar a ese extremo, atiende bien.

La solución

Cuando me encuentro con alguien que critica sin tener ni la menor idea de lo que dice, pero que alardea de una autoridad que no posee, trato de no perder la compostura ni de faltarle al respeto. El insulto es de mala educación y, además, solo lo practica quien carece de auténticos argumentos para defender su posición.

Más bien recurro a un sistema para decidir si vale la pena entrar en el debate y, en caso de hacerlo, asegurar la calidad de mis argumentos. Lo inventó en 2008 el emprendedor y visionario Paul Graham.

En su artículo “Cómo discrepar”, Graham definió siete maneras de argumentar que van de lo más bruto a lo más sofisticado. Y, como la estupidez parece más habitual que la inteligencia, el autor lo imaginó con la forma de una pirámide.

Jerarquía del desacuerdo de Graham (2008)

Fuente: Wikimedia Commons  

Lo bueno del esquema es que te ayuda a ver sobre qué nivel te sitúas y a pasar al nivel superior. A partir de ahora podrás combatir los relatos obtusos sin comportarte como un energúmeno.

Siete niveles de discusión

La jerarquía del desacuerdo de Graham va desde lo más primitivo a lo más elaborado. Y se define en los pasos siguientes:

1. El insulto. Es la forma de discutirse más bruta de todas. Aparece cuando uno discrepa de la opinión de otro diciéndole que es un cretino o un bobo (o algo más grave). Pero la falta de respeto no cambia el curso de ninguna discusión y retrata para siempre a quien ofende. Y aunque algunos dicen que la maledicencia es terapéutica, lo cierto es que cuando tienes un emprendimiento, podría llegar el día en que te arrepintieras de haber insultado a alguien.

2. La crítica ad hominem. Es el argumento de quienes quieren atacar una opinión atacando la autoridad de quien la defiende. Por ejemplo, en una discusión sobre si la Tierra es plana o redonda, un terraplanista le dice a un astronauta que no tiene razón porque trabaja para la NASA y, claro, “la NASA es una agencia del gobierno gringo pensada para engañar a la gente”. El problema de este argumento es que no entra en el fondo de la cuestión y, por tanto, es insubstancial.

3. El ataque al tono. Esta forma es sutil. Imagínate que una persona muy sabia dice algo que es cierto, pero como habla desde una aparente arrogancia, se le critica la opinión y se le menosprecia. Es como cuando vemos a un político que nos cae mal diciendo algo en un discurso, o como cuando la estrella del equipo rival de futbol se pronuncia sobre un resultado. Simplemente, no aceptamos su opinión, no por lo que diga, sino por lo mal que nos cae. Es una mala argumentación: se basa en prejuicios, más que en análisis. No te lo recomiendo para refutar opiniones.

4. La contradicción. Consiste en negar la opinión del otro de manera sistemática, idea tras idea. A cada cosa que el otro diga, se le plantea la opción contraria porque sí, sin mayor argumento. Si uno dice que la Tierra es redonda, el otro dirá que es plana. Si uno dice que puede demostrarlo, el otro dirá que también. Si uno dice que tiene mapas y matemáticas, el otro dirá que las tiene sobre lo contrario. Se trata de una forma de discusión sin fin en la que ambas partes quieren tener legitimidad por sí solas, pero no muestran pruebas. Es una forma agotadora que tampoco te recomiendo.

5. El contraargumento. Es una posición más civilizada que las anteriores. Consiste en tomar una contradicción (eslabón 4) y elaborarla con pruebas (o pseudo pruebas) que intenten sostenerla. La cuestión, según Graham, es que el contraargumento aporta pruebas poco precisas o adecuadas al caso. Por ejemplo: uno le discute una idea al otro en base a pruebas de que, en el pasado, intentó mentirle en otra cuestión distinta. Se trata de invalidar al oponente con pruebas que no tienen que ver con la discusión en curso.

6.  La refutación. Este es un sistema más sofisticado y eficaz. Pero, como requiere trabajo, también es menos frecuente. Se trata de identificar aquellos argumentos en los que estamos en desacuerdo, analizarlos y exponer el porqué del error. Muchas veces, si te encuentras en este nivel de la pirámide y pones en evidencia al otro, su contraataque pasará a ser el insulto o la crítica ad hominem. Intentará así descalificarte. Pero su escarnio te dará la razón y tú sabrás que estás en lo cierto.

7. La refutación del punto central. Es la forma más evolucionada de todas. Supone ampliar el eslabón anterior con mayor riqueza y sistemática en las formas. Otra vez, requiere tanto trabajo que solo las personas expertas en una materia suelen tener el conocimiento y la capacidad de desarrollar esta refutación. Para gente como tú y yo, que no lo somos, esa profundidad de argumentos puede ayudarnos a detectar quién lleva la razón en una discusión de la que no formamos parte. Así que es buena idea prestar atención a los argumentos elaborados.

Conclusión

Se sabe que hay personas que viven convencidas de cosas erróneas, aun sabiendo que el resto del mundo les advierte de su error. Los psicólogos dicen que ese es un mecanismo de autodefensa ante el mundo, y eso les libra de la culpa.

Pero también se sabe que hay corrientes políticas que buscan aprovecharse de esas debilidades. Por eso abundan las idioteces en Internet y los debates televisivos. Un poeta de mi tierra cantó –más o menos– que si los pendejos tuvieran alas, no veríamos más el sol.

De ti depende informarte. De ti depende construirte un criterio. Ya no para evitar el error, que siempre estará presente en nuestras vidas. Sino para saber cuándo y cómo comprar un relato y cuándo y cómo rebatirlo de una manera civilizada.

Y para evitar los insultos, aunque a veces creamos que son merecidos.

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