Cómo mantener seguros a los niños mientras toman clases en línea

Con el aprendizaje remoto pensado para permanecer incluso después de que pase la pandemia, la seguridad de los niños debe ser una prioridad absoluta.
Cómo mantener seguros a los niños mientras toman clases en línea
Crédito: Ahmed Hindawi vía Unsplash.com

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President & CEO of Absolute
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Este artículo fue traducido de nuestra edición en inglés.
Las opiniones expresadas por los colaboradores de Entrepreneur son personales.

El sector de la educación ha experimentado una transformación radical en el último año. Si bien muchas escuelas habían implementado dispositivos en el aula y programas de software destinados a aumentar el aprendizaje en el salón de clases, gran parte de lo que pasaba dentro de la escuela sucedía como siempre. En una industria que a menudo se enfrenta a presupuestos y plazos ajustados, vimos niveles muy diversos de preparación digital para operar una escuela como una experiencia totalmente online, desde administradores y educadores, hasta padres y estudiantes en todo el país.

El brote de Covid-19 cambió esto por completo casi de la noche a la mañana. Cuando los estudiantes y el personal fueron enviados a casa en la primavera, las escuelas de repente se vieron enfrentadas a la abrumadora tarea de poner en marcha los programas de aprendizaje a distancia y, al mismo tiempo, acelerar la adopción de un modelo operativo prioritariamente digital. Lo que le toma meses lograr a muchas organizaciones... ellos solo tenían días.

Desde una perspectiva de seguridad, una adopción tan rápida puso en riesgo aún más a las instituciones educativas ya vulnerables. A mediados de octubre, el Centro de Recursos de Ciberseguridad K-12 informó que había más de 1,000 ciberataques revelados públicamente en escuelas desde 2016. Esta sería una estadística preocupante para cualquier industria, pero en educación, se vuelve aún más grave pues agregaba el elemento de garantizar la seguridad de los estudiantes y gastar sabiamente el dinero de los contribuyentes.

Si bien asegurar un enorme entorno digital es una tarea compleja, es algo que casi todas las organizaciones educativas y equipos de TI (tecnologías de la información), deberán afrontar frente a la continua incertidumbre con el año escolar que ya está en marcha.

Estos son tres componentes críticos que deben considerarse no negociables cuando se trata de habilitar programas de aprendizaje a distancia seguros y exitosos.

1. Conexión permanente con los dispositivos

El primer componente crítico de un entorno de aprendizaje remoto seguro, por más obvio que parezca, es la capacidad de rastrear todos los dispositivos y saber cómo se utilizan. Esto ha demostrado ser un reto importante para la mayoría de escuelas y distritos.

Al comienzo de la pandemia, había un enfoque muy claro en enviar dispositivos a casa y garantizar que los estudiantes y maestros permanecieran conectados, pero a menudo surgían desafíos para rastrear, administrar y asegurar esos dispositivos a gran escala mientras estaban remotos. Esto dejó a las escuelas incapacitadas para ver dónde estaban ubicados físicamente sus dispositivos, qué estudiante se llevó qué dispositivo a casa y para qué se estaban usando esos dispositivos. E igualmente intimidante es la necesidad de recuperar y reaprovisionar todos esos dispositivos al final del año escolar.

Al igual que en los entornos corporativos, los distritos escolares han gastado enormes cantidades de dinero en hardware durante la última década, con un gasto significativo solo en los últimos seis meses. Y con un suministro limitado de computadoras portátiles disponibles, es más crítico que nunca que los equipos de TI maximicen todos los dispositivos a su disposición.

Los equipos de TI para la educación necesitan una conexión permanente a todos los dispositivos, ya sea que estén dentro o fuera de la red de la escuela. Esta conexión, y la visibilidad completa que permite, hace posible decir cuántos dispositivos se fueron a casa con los estudiantes y el personal, y si hay algún equipo perdido o no contabilizado. Esto permite responder preguntas clave como: ¿los estudiantes que recibieron un dispositivo pueden conectarse en casa? ¿Están realmente usando estos dispositivos para aprender? ¿Cómo recuperaremos los dispositivos al final del ciclo escolar?

Para que un entorno de aprendizaje digital se considere verdaderamente seguro, debe haber respuestas claras y en tiempo real a estas preguntas, así como herramientas para actuar en consecuencia.

2. Datos, datos, datos

Los equipos de TI ciertamente tienen una tarea abrumadora por delante: garantizar que los estudiantes estén habilitados digitalmente y equipados adecuadamente para aprender de forma remota, al mismo tiempo que garantizan que las tecnologías y aplicaciones digitales que están implementando no comprometen la seguridad o privacidad de los estudiantes. Esto significa que deben saber si el dispositivo de un estudiante o del personal tiene instalados controles de seguridad críticos, como antivirus, filtros web y VPN (red privada virtual) u otras herramientas de acceso remoto, y si esos controles están funcionando de manera efectiva. ¿Pueden ver si los parches y las actualizaciones críticas se han implementado e instalado correctamente en los equipos remotos? ¿Pueden identificar a los estudiantes que utilizan VPN maliciosas para acceder a contenido inapropiado, lo que podría poner en peligro su seguridad y privacidad?

Las escuelas tienen múltiples accionistas a los cuales deben rendir cuentas, así que es imperativo tener acceso a los insights necesarios para demostrar estas cuentas a todos y cada uno de ellos. Están los estudiantes a los que enseñan, la comunidad a la que sirven y los contribuyentes que los financian; todas estas partes deben comprender la eficacia de sus programas de aprendizaje y si las inversiones realizadas en estos programas dieron resultado.

Algo que es tan importante como la capacidad de rastrear cada dispositivo, es tener un circuito de retroalimentación continuo para el mismo, uno que sea capaz de brindar información directamente alineada con métricas clave, como la cantidad de dispositivos en manos de los estudiantes, los niveles de participación de los alumnos con aplicaciones de aprendizaje digital y si los datos de los estudiantes están debidamente protegidos. Solo con esta retroalimentación las escuelas pueden evaluar y tomar medidas para mejorar sus procesos, tecnologías y postura de seguridad en los próximos meses.

3. Agilidad y flexibilidad

El tercer componente crítico aquí es la agilidad operativa; simplemente no pueden crear ni optimizar para un modelo en particular. Para tener un entorno seguro de aprendizaje a distancia, debe haber un nivel constante de seguridad, independientemente del modelo operativo actual. Las escuelas deben poder realizar transiciones fluidas entre modelos, ya sean remotos, híbridos o presenciales, cuando sea necesario, así como mantener el mismo nivel de visibilidad del dispositivo y protección de datos, ya sea que un dispositivo esté conectado a la red de la escuela o del hogar.

Si hay algo en lo que todos pueden estar de acuerdo, es que los estudiantes deben poder aprender sin importar dónde se encuentren, y su seguridad y protección deben estar a la vanguardia, independientemente de si están en el aula o en casa. . Estos tres componentes demostrarán ser absolutamente cruciales para permitir que las escuelas cumplan con la enorme responsabilidad que tienen ante sí, para cumplir la promesa de un entorno de aprendizaje seguro y productivo sin importar el modelo que elijan.

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