'Don Chumarón', el emprendedor que resurgió de la crisis y participó en Shark Tank México

Este emprendedor volvió a lanzar su marca desde cero. Descubre cómo lo hizo.

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A veces la pasión por una cosa, sea tangible o intangible, nos lleva a lugares que solo veíamos en nuestros sueños. Raúl Zambrano, un ingeniero en sistemas computacionales de Tepic, Nayarit, descubrió que quería crear un producto que se convirtiera en un símbolo de su lugar de origen. 

Cortesía de Shark Tank México

Luego de trabajar siete años en su área profesional este joven emprendedor incursionó en el marketing digital, fotografía y creación de páginas web, en esta época Zambrano conoció a una chica, quien lo contrató para crear un catálogo de productos nayaritas. Posteriormente, ese trabajo lo llevaría a una expo internacional en Guadalajara, donde encontraría su pasión. 

“Todo nació en 2012 cuando yo estaba trabajando con esta muchacha y me dijo ‘vamos a ir a una expo en Guadalajara’. Yo iba con los pósteres y con las lonas que habíamos hecho para decorar el estand. Cuando llegamos allá me di cuenta de que ese pabellón era de productos nayaritas y me dio mucha emoción ver a los empresarios que estaban ahí representando a Nayarit”, comentó Raúl Zambrano en entrevista con Entrepreneur en español

Para Zambrano, era un orgullo que su estado tuviera un puesto en aquel evento, sin embargo, se percató de que él quería sentir esa satisfacción de representar a “su Nayarit”.

“Cuando los vi, dije, ‘yo quiero ser y hacer como ellos’, es decir, el hecho de pararme ahí en nombre de mi estado y darle algo. Y eso fue lo que me motivó. Yo dije, tengo que hacer un producto, tengo que pararme también en una expo y darle algo a mi lugar de origen”, dice el emprendedor. 

De esta manera, nació Chumarones, churritos de maíz con camarón, originarios de Tepic, Nayarit. Esta marca ha logrado posicionarse en el paladar de los nayaritas y ha tenido ventas alrededor de los 350 mil pesos anuales.

¿Alguna vez has probado un churrito de camarón?  

A los mexicanos nos gustan las botanas saladas, ya que de acuerdo con un estudio realizado por Kantar Worldpanel, 7 de cada 10 ciudadanos consumen este tipo de aperitivos en el país. 

Familia de creadores 

La primera inversión de Zambrano, ahora conocido como Don Chumarón, “fue muy poca”. Según cuenta el emprendedor, sólo gastó en los ingredientes como el maíz, un kilo de camarón y “una churrerita [máquina para hacer churros] pequeña”. 

Por otro lado, el joven emprendedor junto a su familia creó los implementos que le faltaban. Cabe destacar que su padre poseía una carpintería y lo que el joven le pidiera él estaba dispuesto a crearlo. 

“Armamos nuestras propias máquinas, la primera fue con una lavadora que tenía una tina de acero inoxidable y eso nos sirvió de escurridor. Luego con poquitos elementos como ‘fierro’ hicimos una base y creamos una churrera con un bote de esos que utilizan para hacer nieve, [al que] le hicimos hoyos. Asimismo, logramos construir un molino pequeño. Todo esto no se llevó más  de dos mil pesos”, relata Zambrano. 

Ahora es que comienza la odisea 

Aunque en sus primeros años la marca familiar de Zambrano, logró ventas por 600 mil pesos anuales y se perfilaba para seguir creciendo “ha sido una historia llena de espinas”. 

Tras su éxito en Nayarit llamaron la atención de unos inversionistas. Un amigo de Raúl, que no poseía capital, pero quien tenía un suegro con una empresa bien consolidada en la Ciudad de México, le comentó sobre una sociedad para llevar a los Chumarones al siguiente nivel. 

El declive de los ‘churritos de camarón’ 

“Y ahí fue donde vino nuestro declive porque ya se metió gente, empezaron con ideas y yo ya no tuve la flexibilidad de decisiones”, explica Zambrano.

De acuerdo con el emprendedor, el mayor falló fue no tener un plan de negocios claro y empezar a gastar dinero en cosas que no necesitaban en ese momento. Las ventas de la botana cayeron a tal punto que no llegaban ni a los 100 mil pesos anuales. 

“No hicimos un correcto plan de negocios, solamente se empezó a invertir el dinero. Es decir, ‘se ocupa esto, se ocupa lo otro’, eran gastos innecesarios y al momento de querer fijar una estrategia y decir, ‘bueno vamos a los autoservicios, vamos a hacer una ruta de distribución’, el gasto había sido tan grande que ya no había dinero ni para arreglar la camioneta vieja que tenía para ir a distribuir yo mismo. No había suficientes recursos para pagar la renta porque ya se había gastado en maquinaria industrial. Se hizo una planta de producción muy grande, se construyeron oficinas que no eran necesarias, se hicieron puntos de ventas de ‘restaurantería’ del nuevo producto que tampoco eran necesarios”, cuenta. 

Raúl Zambrano, perdió un poco el interés y la esperanza, durante 2015 y 2016, el emprendedor se dedicó a otras cosas más de lleno, ya que prácticamente se quedó sin ingresos provenientes de Chumarones. 

Los pocos resultados hicieron que su inversionista principal perdiera la credibilidad en él, y cuando quiso organizar todo, eran las voces de otras cuatro personas con las que se tuvo que enfrentar, así que no pudieron llegar a un acuerdo, por lo que esa sociedad culminó. 

“Lo resumo en que estuvo muy mal planeado. Al inicio se pintó todo muy bonito, pero ya después no funcionó y cuando yo ya lo intente por mi cuenta si salió más en forma”, dice Zambrano. 

Aquí nadie se rinde 

Los clientes de Raúl Zambrano siempre le preguntaban “Oye, ¿tienes Chumarones?” y el joven emprendedor respondía “No, pero ahorita te los hago”. De esta manera, el nayarita explica que sus consumidores lo motivaron a seguir con la idea y volver a “sacar los fierros”. 

“Lo primero que hice fue volver a sacar los fierros viejos que tenía y para ese tiempo ya no tenía la lavadora. Aquí es importante mencionar que mi papá tenía una carpintería y yo le decía, oye ocupo esto con estas características y me hizo una revolvedora de acero inoxidable que él mismo construyó”, explica. 

Pero, en aquel tiempo no podía usar la marca ‘Chumarones’ ya que tenían un contrato de licencia de uso con sus socios anteriores por lo que decidió vender a granel su producto, hasta que con abogados logró recuperar el nombre. 

“Partimos de cero en una fábrica chiquita de 4x8 metros y empezamos a vender otra vez. Poco a poquito ya me fui capitalizando, pero fue eso, el sentimiento de no derrotarme”, comenta Zambrano. 

No te olvides de que emprender puede ser un sube y baja 

Zambrano logró rápidamente un promedio de ventas entre los 200 y 300 mil pesos anuales, los cuales utilizó para reinversión en maquinaría industrial. “Compré revolvedoras, selladoras, churreras, entonces poco a poco con las reinversiones que iba generando fue como empecé a levantarme”. 

Sin embargo, luego quiso entrar a una tienda de autoservicio y “se aventó” con un negocio que lo consumió rápidamente porque no lograba las ventas requeridas, esto significó otro “bajón”.  “En este momento fue cuando conocí la importancia de tener un capital”, dice. 

Por el momento, Chumarones se encuentra en Tepic, Nayarit, con una estrategia de ventas a través de redes sociales y algunos puntos de ventas físicos en el estado mexicano. 

El joven comenta que empezó una estrategia de distribución con personas interesadas en el producto y en emprender en otros estados de la república, sin embargo, la pandemia golpeó un poco esa idea, pero sigue en pie. 

Un sueño hecho realidad

Un amigo de Zambrano sabía que el joven tenía deseos de participar en Shark Tank México que se transmite todos los viernes a las 21:30 horas por Canal Sony, y le insistió hasta que lo logró. 

Imagen: Cortesía de Shark Tank México. 

Por su parte, Raúl Zambrano seguía el formato del programa desde su versión estadounidense, y se declara fan de Kevin O'Leary, mejor conocido como Mister Wonderful. Asimismo, comenta que cuando se estrenó el show en México, también lo atrapó y en la tercera temporada intentó participar, pero no lo logró ya que su marca estaba “en pañales aún”. 

Posteriormente, para la temporada actual su amigo le mandó la liga para inscribirse y pasó lo que él nunca se imaginó, lo llamaron para revisar su aplicación. 

“Yo entré al tanque y fue como ver a tus ídolos de toda la vida, me di cuenta de que los sueños sí se hacen realidad”, dice. 

Camarones y tiburones 

Zambrano llegó a Shark Tank México pidiendo 400 mil pesos por el 45% de participación en su marca. Sin embargo, ninguno de los tiburones quiso entrar en el proyecto. 

“En realidad lo que buscaba era el socio estratégico, que me ayudará a penetrar en el mercado, a encontrar la manera de entrar a cadenas de autoservicio más grandes y financiamiento también de su parte, esa era mi intención”, explica Zambrano. 

Por el momento, Chumarones desea establecer una red de distribuidores en diferentes estados especialmente en la región del Pacífico en México, “porque son personas que me han buscado mucho”, dice Zambrano. 

En un futuro, Raúl, buscará diversificar el sabor de Chumarones en productos como totopos, trozo de tortilla de maíz tostado o frito. 

¿Cómo surfear la ola al mejor estilo del Don Chumarón? 

Como hemos visto, el camino de Raúl Zambrano no ha sido el más sencillo, por esta razón el emprendedor nos comparte algunos consejos para enfrentar una crisis: 

  • Aprende a mover piezas: “debemos cambiar variables en cada paso que demos porque probablemente aquellas que tú consideras no son las adecuadas, sé flexible deja que tu mente esté dispuesta a aprender”.
  • Busca tu pasión: “si realmente es tu pasión y es lo que te mueve, vas a encontrar puertas o ventanas abiertas para conseguir lo que quieres”. 
  • Surfea la ola: “si esto fuera un tsunami, tienes dos opciones, surfear o dejarte arrastrar por la ola o en este caso los problemas”.
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